22/7/15

Lágrimas y piezas de ajedrez

Cuando yo era pequeño mi padre era taxista y como no tenía horario fijo se permitía alguna que otra travesura con amigos. Recuerdo en mi infancia las escenas de llanto de mi madre encerrada en su domitorio, cuando él  llegaba a casa a  altas horas de la noche. Yo dormía en el sofá del living y entonces mi padre protestando extendía un colchón sobre el piso, y para conciliar el sueño nos poníamos a jugar al ajedrez. Y así, rodeado de quejas y lágrimas de cocodrilo, fui aprendiendo el arte de ese juego maravilloso.

1 comentario:

  1. Llego tarde a comentar. Es que ando poquito por estos parajes virtuales. Ni a mi bitácora entro. Pero quería decirte que este pequeño texto tuyo es extraordinario.
    Recibe un cordial saludo.

    PD: A lo mejor, según cómo esté de ánimo, me prendo en el famoso ajedrez jubilado; tanto para llegar a la edad requerida por el ANSeS, al fin y al cabo, no me falta ;-)

    ResponderEliminar