27/7/13

Ajedrez de sueños y agonías

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías? 

Jorge Luis Borges

En el tablero blanco y negro de ese torneo de ajedrez, sus piezas blancas resplandecen y su mente iluminada vuela con ellas, planteando un gambito encarnizado a su adversario. Mas su posición superior en la apertura va diluyéndose en ese vuelo, entre un errante laberinto de sutiles combinaciones.
De todos modos, ya en el medio juego, aunque sus sueños van pareciendo lejanos e inalcanzables, la ansiedad del triunfo los ilumina con alguna remota esperanza.
Sin embargo, esos sueños igual que el sol en el ocaso, van apagándose poco a poco, sumiéndolo en una angustiosa inferioridad posicional. Pero de pronto, entre esa misma angustia, aparece milagrosamente una variante táctica que podría conducirlo a las tablas redentoras. Parecía como que en ese ocaso, surgía un destello del sol en su agónico descenso.
Pero el hilo de la combinación le demuestra que era sólo un destello de ilusión. Las piezas negras enemigas con una mágica estrategia, comienzan a dispersar parsimoniosamente a sus blancas piezas, como si fueran hojas marchitas movidas por el azar del viento.
Y así muy lentamente, aún respirando, aún palpitando, va subsistiendo hasta llegar a la fase final de la partida. Allí, ya con inferioridad de material se van extinguiendo sus últimos recursos tácticos, en esa excitante partida de sueños primeros y de agonías después.
De pronto, como un rayo emerge el grito del jaque doble demoledor. Ante ello, sólo le queda inclinar su rey blanco con un respetuoso silencio y extender la mano a su adversario, reconociendo con hidalguía la derrota.
Pero si Dios mueve al jugador, esa angustia no le dolerá demasiado, porque siempre los sueños de triunfo volverán a iluminar su espíritu, como lo hace el alba después del ocaso. Mañana el jugador moverá las piezas en un nuevo y apasionante vuelo ajedrecístico, igual que en esa blanca y negra trama inmortal de polvo y tiempo de la vida, hecha de sueños y agonías.



Versiones ilustradas por Frank Mayer