26/7/18

El extraño jugador

Un día un extraño y desconocido jugador de ajedrez de aspecto desgarbado y mirada penetrante, apareció en forma sorpresiva en un bar del pueblo en la que se desarrollaba activamente esa actividad. Tenía el poder psíquico como para extraer parte del espíritu de lucha de su adversario en cada partida que disputaba y de esa manera, al poco tiempo arrasó con todos los jugadores del lugar.
Prácticamente ya se había quedado sin rivales que se atrevieran a jugar con él, cuando un experimentado maestro de ajedrez que estaba de vacaciones en el pueblo, al enterarse de esas hazañas se presentó en el bar y como al pasar lo desafió a jugar una partida, lo que creó muchas expectativas en los aficionados que concurrían a jugar allí asiduamente. Al aceptar la propuesta del forastero el extraño jugador le dijo con cierta displicencia que le daba la ventaja de salida con blancas.
Desde el momento en que el maestro inició la partida comenzó a molestarle la mirada penetrante y maléfica que le dirigían los ojos de su rival luego de hacer cada uno de sus movimientos. Como el maestro era muy experimentado, trató por todos los medios de no observarlo, concentrándose solamente en el desarrollo de la partida y de esa forma, comenzó a disponer estratégicamente todas sus piezas con un agresivo entramado logístico, y así logró poco a poco paralizar cada una de las piezas que defendían al rey negro enemigo.
Pero a medida que avanzaba la partida, el maestro notaba un persistente decaimiento de su energía mental provocado por aquel ser empedernido que luchaba para subsistir en el tablero, fulminándolo permanentemente con su mirada. Sin embargo, aunque el maestro sufría una gran extenuación y cansancio, con las pocas fuerzas que le quedaban y manteniendo a duras penas su concentración, logró que la posición de su rival se hiciera desesperante, hasta que finalmente el extraño jugador debió inclinar su rey sobre el tablero ante las amenazas provocadas por una red de mates inevitables.
Desde ese momento el maestro comenzó repentinamente a experimentar una sensación  de liberación, notando que la sangre volvía a circular por sus venas, y renacía nuevamente en él la fortaleza de su ánimo. Por el contrario, su rival iba palideciendo rápidamente y se fue escogiendo como si fuera perdiendo su energía vital, hasta que finalmente sin decir absolutamente nada se levantó torpemente de su asiento, y se retiró del bar dirigiéndose silenciosamente a la puerta de salida, con paso lento y vacilante.
El extraño jugador no concurrió al día siguiente al bar y nunca más lo volvieron a ver en el pueblo, desapareciendo misteriosamente sin dejar ningún rastro de su existencia. En las reuniones del bar se comentó mucho ese hecho, que constituyó desde entonces un gran enigma y aunque se argumentaron y discutieron una infinidad de teorías, el caso nunca llegó a dilucidarse.
Algunos decían que era el alma en pena de James Braid el inventor del hipnotismo, que se había reencarnado para constatar sus ideas en el juego de ajedrez, pero para la mayoría de los ajedrecistas del bar era el espíritu de un parasicólogo contratado por la KGB para mirar fijamente a Víctor Korchnoi en el mach por el campeonato mundial contra Anatoly Karpov.

9/7/18

Aprendizaje del ajedrez

Entre los primeros pasos en el aprendizaje del juego de ajedrez, tengo grabado en mi memoria una noche tormentosa en el living de la casa en la que vivíamos con mis padres cuando yo era niño. Mientras el fuego ardía vivamente en la chimenea, jugábamos una partida con mi padre quien hacía poco me había enseñado los rudimentos del juego, y mi madre que tejía plácidamente, estaba sentada junto a nosotros mirando la partida.
Mi padre que era un jugador experimentado realizaba jugadas disparatadas para tratar de incentivar mi interés en el aprendizaje del juego y ponía al rey en desesperados e inútiles peligros, lo que provocaba comentarios graciosos de mi madre. 
 ― Nene, andá a ver por la ventana como está cayendo el granizo ―, me dijo de pronto mi madre. Es ese momento de la partida mi padre había provocado a propósito un error fatal y ella que se divertía enormemente, quiso constatar si yo estaba tan ensimismado en esa jugada definitoria, como para no haber advertido el ruido ensordecedor de la caída de granizo en medio de la tormenta.
― Claro que voy a ver, pero antes quiero darle ¡Jaque mate! a papá ―, le dije a mi madre sonriendo y moviendo implacablemente la dama, mientras observaba como la expresión actoral del rostro de mi padre iba pasando lentamente de la sorpresa a la tristeza.
― No te aflijas, querido ―, le dijo suavemente mi madre, le ganarás al chico en la próxima partida.
Entonces yo alcé vista con mi corazón latiendo de alegría y entusiasmo, y mientras soñaba con ser campeón de ajedrez, fui a ver por la ventana como caía el granizo del cielo en medio de la oscuridad de la noche, sin llegar a sospechar nada y sin comprender en aquel entonces, con mi inocencia infantil, la mirada de complicidad entre mis padres.
Hoy, después de tanto tiempo, esos recuerdos de mis primeras experiencias ajedrecísticas me llenan el alma de nostalgias, porque mis padres y aquella ingenuidad de mi niñez, ya se han ido, como se van las noches con sus sueños.