9/7/18

Aprendizaje del ajedrez

Entre los primeros pasos en el aprendizaje del juego de ajedrez, tengo grabado en mi memoria una noche tormentosa en el living de la casa en la que vivíamos con mis padres cuando yo era niño. Mientras el fuego ardía vivamente en la chimenea, jugábamos una partida con mi padre quien hacía poco me había enseñado los rudimentos del juego, y mi madre que tejía plácidamente, estaba sentada junto a nosotros mirando la partida.
Mi padre que era un jugador experimentado realizaba jugadas disparatadas para tratar de incentivar mi interés en el aprendizaje del juego y ponía al rey en desesperados e inútiles peligros, lo que provocaba comentarios graciosos de mi madre. 
 ― Nene, andá a ver por la ventana como está cayendo el granizo ―, me dijo de pronto mi madre. Es ese momento de la partida mi padre había provocado a propósito un error fatal y ella que se divertía enormemente, quiso constatar si yo estaba tan ensimismado en esa jugada definitoria, como para no haber advertido el ruido ensordecedor de la caída de granizo en medio de la tormenta.
― Claro que voy a ver, pero antes quiero darle ¡Jaque mate! a papá ―, le dije a mi madre sonriendo y moviendo implacablemente la dama, mientras observaba como la expresión actoral del rostro de mi padre iba pasando lentamente de la sorpresa a la tristeza.
― No te aflijas, querido ―, le dijo suavemente mi madre, le ganarás al chico en la próxima partida.
Entonces yo alcé vista con mi corazón latiendo de alegría y entusiasmo, y mientras soñaba con ser campeón de ajedrez, fui a ver por la ventana como caía el granizo del cielo en medio de la oscuridad de la noche, sin llegar a sospechar nada y sin comprender en aquel entonces, con mi inocencia infantil, la mirada de complicidad entre mis padres.
Hoy, después de tanto tiempo, esos recuerdos de mis primeras experiencias ajedrecísticas me llenan el alma de nostalgias, porque mis padres y aquella ingenuidad de mi niñez, ya se han ido, como se van las noches con sus sueños.