30/7/16

Una lucha encarnizada

Asomaban los claroscuros en el horizonte cuando en ese atardecer alguien me sacó a la fuerza de mi aposento y luego me reclutó como soldado raso para combatir en una guerra declarada contra el ejército adversario. Ya al iniciarse las acciones, uno de nuestros infantes fue ultimado al trenzarse valientemente en una lucha cuerpo a cuerpo, cuando fue descubierto al tratar de realizar una acción táctica para filtrarse entre las huestes enemigas.
Mientras avanzábamos con mis compañeros por uno de los flancos, escuchábamos el trote de la caballería y varios de los nuestros cayeron abatidos al ser sorprendidos después de muchas vicisitudes y estrategias del combate. A mi alrededor la refriega se hizo encarnizada y al llegar el anochecer, en un momento dado comprendí aterrorizado que había quedado solo en medio de las escaramuzas. En poco tiempo los soldados adversarios al descubrirme cargaron sobre mí y tras una breve lucha, alguien me sacó del lugar alzándome por el aire, después que asestaran la estocada final a mi existencia.
Y fue desde allí arriba cuando sentí mucha indignación después de tanto pelear como un bravío peón de nuestro ejército, al observar en ese instante a nuestro cobarde rey, que buscaba esconderse en el tablero detrás de una torre, suplicando a su dama que por favor lo defienda de los jaques amenazadores que se cernían sobre su vida.

28/7/16

La dama traviesa

La llegada del buen tiempo va derritiendo la nieve del jardín de la planta baja, y poco a poco van apareciendo las cosas que ha ido sepultando a lo largo de todo este tormentoso invierno. La semana pasada apareció en el buzón un libro de ajedrez que había comprado por Internet y me lo habían enviado por correo. Ayer encontraron la dama blanca que se me cayó de la mesa cuando luego de analizar una partida en el tablero de ajedrez, estuve tratando de guardar las piezas en su caja de madera. La dama se fue rodando muy traviesa hacia la puerta de entrada y cuando ya la estaba por alcanzar con mi mano derecha, una ráfaga de viento abrió la puerta y me caí, resbalando sobre el hielo de la escalera de acceso en plena tormenta de nieve. Si sigue este buen tiempo, la semana que viene seguramente descubrirán mi cuerpo, junto a la caja de madera firmemente aferrada a mi mano izquierda.

17/7/16

La esquiva dama negra

Cuando abrió la caja conteniendo las piezas para disputar la partida de esa noche y las fue ubicando en el tablero, no estaba a la dama negra, entonces sonrió, la tomó del bolsillo de su saco y la colocó en su lugar. Era el mismo juego con el que había disputado la partida la noche anterior, en el torneo que había organizado el club de ajedrez.
Justamente ayer se había celebrado el día de San Valentín y un amor esquivo de su vida había impregnado su espíritu durante toda la partida. Esa  noche con las piezas blancas, ansió desesperadamente capturar a esa hermosa dama negra de madera, que aparecía ante sus ojos como su pretendida, tan distante y temerosa de enamorarse de un hombre blanco.
Luego de una lucha tenaz, finalmente logró su objetivo, pero cuando estaba gozando de la apetecible toma de esa esquiva dama con su caballo, escuchó el grito repentino de “¡jaque mate!” de su rival, que le paralizó el corazón. Y entonces, luego de saludar a su rival, guardó subrepticiamente la pieza en el bolsillo de su saco, porque quería que su esquiva dama negra, lo acompañara en su solitaria noche de los enamorados.
Y fue allí, cuando al darse vuelta sucedió el milagro de San Valentín, al encontrase mágicamente con los verdes ojos de ella que lo estaban mirando con un resplandor divino.