26/8/19

Recuerdos ajedrecísticos

Los recuerdos de mi niñez han dejado una huella indeleble en mi vida, donde una vez que terminaba el ciclo lectivo no tenía obligaciones, preocupaciones o responsabilidades que ensombrecieran el horizonte de mis días, los que transcurrían en una agradable monotonía, solo posible en el dorado tiempo de la infancia.
Recuerdo que durante un buen tiempo de mi niñez, el ajedrez era el único pensamiento que llenaba mi mente por completo. Mis pulmones respiraban ajedrez y la verdadera expresión de mi ser se manifestaba cuando mis manos entraban en contacto con las piezas. En ese tiempo pensaba que estaba naturalmente dotado para el ajedrez y que había nacido para triunfar en los trebejos.
En día que se había organizado una práctica amistosa de ajedrez infantil en las vacaciones de la escuela, estuve durante toda la tarde tan entusiasmado jugando y con tal grado de concentración, que el resto del mundo había dejado de existir para mí, hasta que apareció de pronto mi madre llamándome imperativamente. Allí comprendí que la tarde había avanzado y ya era noche y hacía rato que debía haber regresado a mi casa como habiamos convenido.
Como me dió mucha rabia tener que abandonar en la mejor parte la partida que estaba jugando, hice como que no la había visto y me mantuve sentado en la silla. Entonces, mi madre comenzó a caminar dirigiéndose hasta donde yo estaba jugando y pensé que seguramente me reprendería ante todos mis amigos.
— ¿No me viste ? Hace un rato largo que te estoy llamando —, me dijo con un son de reproche cuando llegó, pero ante mi sorpresa noté que su rostro no mostraba signos de enojo.
— No mamá , estaba muy concentrado en la partida—, le mentí.
— Bueno, nada. Estaba muy preocupada porque no volviste a casa y te vine a buscar, pero te quería avisar que me quedo un rato más charlando con una amiga de la escuela. ¿Entendiste?
— Sí, está bien mamá, ¿entonces puedo terminar de jugar la partida? — le pregunté palpitando de antemano la respuesta.
— Sí, cuando termines nos vamos —, me dijo mientras con su mano corría un mechón de pelo que colgaba sobre mi frente y me sonreía con cariño.
Cuando se dio vuelta volviendo sobre sus pasos, yo estaba tan feliz, que mi adversario me miró y me guiñó un ojo con franca complicidad, contento al ver que me quedaba a terminar con el juego.
Para ser honesto, no recuerdo cuál fue el resultado final de esa partida, pero seguramente en esos días de mi niñez, mis pensamientos me estarían llevando hacia un mundo poblado con ansias de triunfos. Un mundo donde podía ser yo mismo, donde la verdadera expresión de mi ser se derramaba sobre un tablero de ajedrez. Un hermoso mundo infantil de un tiempo muy feliz, que junto a mi madre ya hace rato se ha ido de mi vida, como se van las noches con sus sueños.
 
 

24/8/19

Una obra de arte

El contacto sutil con las piezas de ajedrez le aplacaron los nervios iniciales y ya en la apertura dominó el centro del tablero, entretejiendo delicadas maniobras para neutralizar las amenazas y con su corazón palpitando de ansiedad, comenzó a gozar del placer estético de la creación de armoniosas combinaciones. Y al igual que la literatura o la música en una agradable vivencia artística, el jugador trató de desplegar sobre el tablero todo ese fuego que tenía en el alma. 
Hasta que finalmente llegó el tiempo del desenlace que planificaba en su mente, el que rodeado de jaques envueltos en sacrificio de dama y torres, lo condujo al remate de la partida, propinando el jaque mate mortal sobre la esquina superior del tablero, con su valeroso caballo y su espigado alfil.
Sin duda, esa partida fue una obra de arte. Después de ese inmenso despliegue de fuegos artificiales, ahí estaba perenne y definitiva, la belleza desplegada sobre el tablero, que solo aquel que ama el ajedrez con pasión, puede llegar a comprender en todo su esplendor.
 

19/8/19

Todo comenzó con una partida de ajedrez

Los cuadros blancos los días, los cuadros negros las noches,
y ante el tablero de la vida, el caprichoso destino mueve las piezas.

Cuando el joven aficionado entró esa noche al club de ajedrez, no había prácticamente nadie y ella estaba sentada sola, esperando en una de las mesas de juego. Quizás no importe lo mucho que lo maravilló cuando la vio, sino las diversas asociaciones de ideas que lo atosigaron desde ese mismo momento. La mirada de ella era una señal positiva inivitándolo a jugar y cuando él le sonr, ella extendió su brazo ofreciéndole la silla, lo que le permitió luego de sentarse, disfrutar del placer visual de estar frente a ella.
Se quedó esperando que ella diga algo antes que él y mientras se miraban en silencio, se sintió juzgado favorablemente, y entonces ella, luego de sonreirle con simpatía, inició la partida con blancas. Allí tuvo el presentimiento de que íban a hacer el amor, y mientras efectuaba los movimientos, pensaba que antes debían conversar, seducirce, besarse y desease hasta el hartazgo.
Después de varias jugadas decid finalmente iniciar el diálogo y comenzaron a hablar mientras jugaban sobre sus aficciones por el ajedrez y la coincidencia de sus gustos. En un momento dado de la partida él notó que el corazón le latía más de la cuenta y por tal motivo, aunque tenía mejor posición, le propusó tablas, y ella luego de mirarlo sorprendida con sus hermosos ojos verdes, las aceptó con una sonrisa.
Entonces la invitó a caminar y cuando salieron del club a la calle, espontáneamente se tomaron del brazo. A partir de allí hubo lunas, abrazos, besos, veredas de baldosas flojas y perfume de hierbas en una esquina oscura. Luego el departamento y las empanadas de carne regadas con un vino especial que ella guardaba, y finalmente el café caliente acompañado con copitas de licor. Esa noche concluyó en el dormitorio, donde consumaron el amor sobre una cama de sábanas revueltas.
Ellos siempre recordarán con íntima satisfacción esa noche que comenzó su romance luego de aquella partida de ajedrez, pero lo más importante que pasó para ambos luego del descenlace amoroso, fue que al despertarse muy felices al otro día, decidieron que a partir de allí, seguirían jugando juntos contra el caprichoso destino, en el tablero de ajedrez de sus vidas.   


16/8/19

Errror fatal

Antes de comenzar sus tareas diarias en el sanatorio donde trabajaba, el joven cirujano fue a visitar la habitación de su abuela, que estaba internada reponiéndose de una convalecencia y luego de saludarla e interesarse por su estado de salud, se puso a jugar con ella al ajedrez. 
La abuela que era una experta jugadora, poco a poco lo fue acorralando en el juego, hasta que finalmente su nieto cometió un error fatal, que llevaron a su rey a recibir rápidamente el jaque mate mortal.
No te preocupes, te doy la revancha ꟷ, le dijo su abuela como forma de conformar a su compungido nieto.
Será en otra oportunidad abuela, porque ahora tengo que ir al quirófano a realizar una operación ꟷ, le contestó su nieto.
Y cuando la abuela comenzó a guardar las piezas en el cajón, antes de retirarse de la habitación, el nieto le dijo sonriendo que esperaba no cometer un error tan grave que llevara a su paciente a la muerte igual que a su rey, y que finalmente terminara también como él en el cajón.
 

Despedida del rival

Dentro del ataúd, con los ojos cerrados y un ramo de flores sobre su pecho, mi rival de toda la vida del club de ajedrez me pareció por primera vez inofensivo. Disimulando mis temores de que mi presencia causaría alguna reprobación, comprobé de un vistazo la tranquilizadora paz en que se desarrollaba el velatorio. Después me incliné sobre su cuerpo y con lágrimas en los ojos y le dí el pésame final, mientras miraba detenidamente sus labios, por si había algún indicio que pudiera delatarme del veneno que le agregué a su café, después que me ganara aquella partida definitoria en el torneo del club.


14/8/19

El genio de Aladino

El maestro de ajedrez caminaba por una calle oscura de la ciudad, cuando de pronto tropezó con la vieja lámpara de Aladino. Entonces, al recogerla y frotarla, surgió la figura del genio quien luego de darle las gracias por liberarlo, le dijo que ese día estaba muy fatigado, y que en vez de tres deseos solo le concedería uno.
El maestro pensó un buen rato y como todavía estaba afectado por la muerte de su esposa, le pidió que la resucite, porque había fallecido en un accidente aereo acaecido unos meses atrás.
ꟷ Tu sabes que no se pueden modificar los hechos pasados que puedan afectar la realidad actual, por eso te pido que pienses en otro deseo ꟷ, le dijo Aladino sonriendo.
ꟷ Esta bien. Yo siempre ambicioné ser campeón mundial de ajedrez, de manera que te pido que me concedas la capacidad de predecir todas las variantes ventajosas que se me puedan presentar durante el juego, como forma de poder ganar las partidas ꟷ , le pidió el maestro de ajedrez.
Entonces Aladino luego de quedarse unos segundos pensativo le preguntó:
- ¿Cual fue el avión en el que viajó tu mujer?



13/8/19

La partida con la muerte

Esa noche estaba disputando en sus sueños una partida de ajedrez con la muerte, cuando le sobrevino el infarto mortal y lo encontraron al otro día muerto en la cama. La muerte le había ganado la partida.


12/8/19

Ajedrez, sexo y alcohol

Era un destacado maestro de ajedrez al que habían contratado para dictar un curso de especialización a un grupo de aficionados en un Club de la Ciudad.
Al comenzar la exposición, luego de una breve introducción, el maestro les recomendó a los asistentes que para llegar a ser un buen jugador de ajedrez, era necesario no tener sexo, ni beber alcohol antes de las partidas. Se hizo un pequeño silencio y fue allí cuando uno ellos aprovechó para increparlo .
– Pero la otra noche cuando Ud. jugó la partida definitoria del torneo regional, lo vi salir del hotel alojamiento de la esquina para dirigirse al Club acompañado de una hermosa dama y justo antes de comenzar a disputar el juego, estuvo bebiendo con ella unas copas en la barra del bar.
– Efectivamente fue así –afirmó el maestro.
– Entonces, ¿por qué nos hace a nosotros esa recomendación?
– Sencillamente porque esos hechos fueron la causa que me hicieron perder aquella partida.
 

9/8/19

Flechazo de amor

Era casi la hora fijada y estaba sentado en la mesa esperando que llegara. Cuando la vio entrar por la puerta, parecía una mujer común y corriente, pero al distinguirla mejor cuanto se acercó hacia él con una sonrisa, supo que no era así. No tenía la típica belleza clásica de una mujer, pero había algo en ella que lo atrapó por completo. Tal vez serían sus delicados movimientos, su mirada luminosa o la tenue fragancia que emanaba de su piel.
No lo sabía con certeza, pero evidentemente tenía que ser un amor a primera vista, porque notaba como su sangre circulaba a gran velocidad por su cuerpo, y sin poderlo evitar, se sonrojó por primera vez después de muchos años, cuando al arribar, ella acercó sus labios a su rostro para saludarlo con un beso.
¿Pero justo en este momento tenía que haberle pasado? ¡Se acababa de enamorar perdidamente como si fuera un adolescente, unos segundos antes de comenzar la partida que debía disputar con ella en el club de ajedrez, en la que tenía que ganar si o si para clasificarse!
Respiró profundamente y como forma de disimular ese flechazo de amor que lo había atravesado, le tendió protocolarmente la mano con una sonrisa nerviosa. Y cuando ella inició la partida con las piezas blancas, al responderle con las negras, sentía como el corazón le latía raudamente en el pecho, mientras trataba inútilmente de concentrarse en el juego.
 

6/8/19

Incredulidad

Todo ha sido una cuestión de suerte – , me dijo el maestro mientras cerraba la notebook, en la que le había demostrado sobre el monitor como le podía ganar al mejor programa de ajedrez que el hombre había inventado, luego de haberlo vencido en una partida que jugamos cuando lo encontré en el parque de la ciudad. Pero después de esa demostración el maestro seguía mostrándose incrédulo, e insistía en afirmar que todo aquello era el resultado del azaroso destino.
Entonces, cuando le mostré la escafandra y algunas fotos del vehículo espacial en el que había llegado, el maestro de ajedrez comenzó a reírse a carcajadas y buscó con la vista alguna cámara oculta mediática, diciendo que todo aquello era una graciosa puesta en escena.
Por tal motivo, no tuve más remedio que quitarme la ropa, deslizar suavemente la delgada capa plástica que envolvía mi cuerpo y cuando ya desprovisto de toda semejanza humana logré convencerlo, le sonreí con mis blancos dientes de porcelana.