6/8/19

Incredulidad

Todo ha sido una cuestión de suerte – , me dijo el maestro mientras cerraba la notebook, en la que le había demostrado sobre el monitor como le podía ganar al mejor programa de ajedrez que el hombre había inventado, luego de haberlo vencido en una partida que jugamos cuando lo encontré en el parque de la ciudad. Pero después de esa demostración el maestro seguía mostrándose incrédulo, e insistía en afirmar que todo aquello era el resultado del azaroso destino.
Entonces, cuando le mostré la escafandra y algunas fotos del vehículo espacial en el que había llegado, el maestro de ajedrez comenzó a reírse a carcajadas y buscó con la vista alguna cámara oculta mediática, diciendo que todo aquello era una graciosa puesta en escena.
Por tal motivo, no tuve más remedio que quitarme la ropa, deslizar suavemente la delgada capa plástica que envolvía mi cuerpo y cuando ya desprovisto de toda semejanza humana logré convencerlo, le sonreí con mis blancos dientes de porcelana. 


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