24/8/19

Una obra de arte

El contacto sutil con las piezas de ajedrez le aplacaron los nervios iniciales y ya en la apertura dominó el centro del tablero, entretejiendo delicadas maniobras para neutralizar las amenazas y con su corazón palpitando de ansiedad, comenzó a gozar del placer estético de la creación de armoniosas combinaciones. Y al igual que la literatura o la música en una agradable vivencia artística, el jugador trató de desplegar sobre el tablero todo ese fuego que tenía en el alma. 
Hasta que finalmente llegó el tiempo del desenlace que planificaba en su mente, el que rodeado de jaques envueltos en sacrificio de dama y torres, lo condujo al remate de la partida, propinando el jaque mate mortal sobre la esquina superior del tablero, con su valeroso caballo y su espigado alfil.
Sin duda, esa partida fue una obra de arte. Después de ese inmenso despliegue de fuegos artificiales, ahí estaba perenne y definitiva, la belleza desplegada sobre el tablero, que solo aquel que ama el ajedrez con pasión, puede llegar a comprender en todo su esplendor.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario