15/9/18

Marionetas de Dios

La partida de ajedrez está por comenzar. Todo esta  preparado para la batalla armada en ese tablero blanco y negro en la que se odian dos colores. Solo faltan las manos señaladas de los jugadores que moverán las piezas como si fueran marionetas gobernando sus destinos. Pero también ellos son marionetas de Dios en otro tablero de negras noches y blancos días, en una trama de polvo, tiempo, sueños y agonías.


Inspirado en los sonetos Ajedrez
de Jorge Luis Borges.

8/9/18

Ansiedad ajedrecística

Ser maestro de ajedrez era un sueño que lo persiguió persistentemente durante su juventud, pero que ya lo ha abandonado. En esa época se la pasaba anhelante sobre un tablero reproduciendo con rapidez partidas de torneos importantes, mientras exultante imaginaba que se transformaba en algunos de esos jugadores famosos.
En esos instantes de su vida había querido dedicarse incondicionalmente al ajedrez para llegar a ser un jugador profesional y la ambición para lograrlo no le faltaba, pero en verdad lo que no tenía era la paciencia y perseverancia necesaria para ello.
Por su carácter ansioso, siempre fue un jugador mediocre por sus constantes apresuramientos en las partidas, y hoy ya en la madurez, comprendiendo que sus deseos juveniles eran una utopía, ha adoptado un camino ajedrecístico más lógico del que ambicionaba en aquel entonces, y que actualmente le brinda grandes satisfacciones.
Ahora juega en el bar de su barrio con un grupo de amigos partidas rápidas al blistz a 5 minutos, buscando con su mente agitada plantear un gambito complicado, confiando luego que en base a la agilidad de su pareja de caballos y con algún sacrificio atropellado, pueda lograr ganar la partida sin que se le caiga la aguja, y de esa manera seguir sentado ansioso en su silla para jugar con su próximo rival.

23/8/18

El profesor engreído

Un profesor de ajedrez que enseñaba a los chicos en la escuela siempre había sido en su vida un jugador bastante mediocre, pero era muy engreído. Un día donde el tema a tratar eran los finales de ajedrez, quiso reivindicar su ego luciéndose ante sus pequeños alumnos y sin mencionar su origen, comenzó a explicarles un brillante final que ganó Capablanca, diciéndoles que él había sido el protagonista de aquella partida.
Pero durante el desarrollo de la exposición un alumno atrevido e inteligente lo sorprendió al  preguntarle por qué él había hecho esa jugada tan compleja, en vez de comer directamente un peón, que le parecía mucho más natural y sencilla para ganar el final. Y en ese largo silencio que se produjo, donde el angustiado profesor buscaba infructuosamente los argumentos para contestarle, fue cuando se sintieron unos misteriosos ruidos apagados al final de la clase, sin que nadie se encontrara allí.
Era el espíritu divertido y travieso de Capablanca quien sentado en el último banco, al recordar el dificultoso análisis que tuvo que realizar cuando descubrió que había una refutación a esa simple jugada durante el desarrollo de aquella partida, no pudo contener las carcajadas al ver la imagen de desconcierto e incertidumbre reflejada en la cara del engreído profesor.

26/7/18

El extraño jugador

Un día un extraño y desconocido jugador de ajedrez de aspecto desgarbado y mirada penetrante, apareció en forma sorpresiva en un bar del pueblo en la que se desarrollaba activamente esa actividad. Tenía el poder psíquico como para extraer parte del espíritu de lucha de su adversario en cada partida que disputaba y de esa manera, al poco tiempo arrasó con todos los jugadores del lugar.
Prácticamente ya se había quedado sin rivales que se atrevieran a jugar con él, cuando un experimentado maestro de ajedrez que estaba de vacaciones en el pueblo, al enterarse de esas hazañas se presentó en el bar y como al pasar lo desafió a jugar una partida, lo que creó muchas expectativas en los aficionados que concurrían a jugar allí asiduamente. Al aceptar la propuesta del forastero el extraño jugador le dijo con cierta displicencia que le daba la ventaja de salida con blancas.
Desde el momento en que el maestro inició la partida comenzó a molestarle la mirada penetrante y maléfica que le dirigían los ojos de su rival luego de hacer cada uno de sus movimientos. Como el maestro era muy experimentado, trató por todos los medios de no observarlo, concentrándose solamente en el desarrollo de la partida y de esa forma, comenzó a disponer estratégicamente todas sus piezas con un agresivo entramado logístico, y así logró poco a poco paralizar cada una de las piezas que defendían al rey negro enemigo.
Pero a medida que avanzaba la partida, el maestro notaba un persistente decaimiento de su energía mental provocado por aquel ser empedernido que luchaba para subsistir en el tablero, fulminándolo permanentemente con su mirada. Sin embargo, aunque el maestro sufría una gran extenuación y cansancio, con las pocas fuerzas que le quedaban y manteniendo a duras penas su concentración, logró que la posición de su rival se hiciera desesperante, hasta que finalmente el extraño jugador debió inclinar su rey sobre el tablero ante las amenazas provocadas por una red de mates inevitables.
Desde ese momento el maestro comenzó repentinamente a experimentar una sensación  de liberación, notando que la sangre volvía a circular por sus venas, y renacía nuevamente en él la fortaleza de su ánimo. Por el contrario, su rival iba palideciendo rápidamente y se fue escogiendo como si fuera perdiendo su energía vital, hasta que finalmente sin decir absolutamente nada se levantó torpemente de su asiento, y se retiró del bar dirigiéndose silenciosamente a la puerta de salida, con paso lento y vacilante.
El extraño jugador no concurrió al día siguiente al bar y nunca más lo volvieron a ver en el pueblo, desapareciendo misteriosamente sin dejar ningún rastro de su existencia. En las reuniones del bar se comentó mucho ese hecho, que constituyó desde entonces un gran enigma y aunque se argumentaron y discutieron una infinidad de teorías, el caso nunca llegó a dilucidarse.
Algunos decían que era el alma en pena de James Braid el inventor del hipnotismo, que se había reencarnado para constatar sus ideas en el juego de ajedrez, pero para la mayoría de los ajedrecistas del bar era el espíritu de un parasicólogo contratado por la KGB para mirar fijamente a Víctor Korchnoi en el mach por el campeonato mundial contra Anatoly Karpov.

9/7/18

Aprendizaje del ajedrez

Entre los primeros pasos en el aprendizaje del juego de ajedrez, tengo grabado en mi memoria una noche tormentosa en el living de la casa en la que vivíamos con mis padres cuando yo era niño. Mientras el fuego ardía vivamente en la chimenea, jugábamos una partida con mi padre quien hacía poco me había enseñado los rudimentos del juego, y mi madre que tejía plácidamente, estaba sentada junto a nosotros mirando la partida.
Mi padre que era un jugador experimentado realizaba jugadas disparatadas para tratar de incentivar mi interés en el aprendizaje del juego y ponía al rey en desesperados e inútiles peligros, lo que provocaba comentarios graciosos de mi madre. 
 ― Nene, andá a ver por la ventana como está cayendo el granizo ―, me dijo de pronto mi madre. Es ese momento de la partida mi padre había provocado a propósito un error fatal y ella que se divertía enormemente, quiso constatar si yo estaba tan ensimismado en esa jugada definitoria, como para no haber advertido el ruido ensordecedor de la caída de granizo en medio de la tormenta.
― Claro que voy a ver, pero antes quiero darle ¡Jaque mate! a papá ―, le dije a mi madre sonriendo y moviendo implacablemente la dama, mientras observaba como la expresión actoral del rostro de mi padre iba pasando lentamente de la sorpresa a la tristeza.
― No te aflijas, querido ―, le dijo suavemente mi madre, le ganarás al chico en la próxima partida.
Entonces yo alcé vista con mi corazón latiendo de alegría y entusiasmo, y mientras soñaba con ser campeón de ajedrez, fui a ver por la ventana como caía el granizo del cielo en medio de la oscuridad de la noche, sin llegar a sospechar nada y sin comprender en aquel entonces, con mi inocencia infantil, la mirada de complicidad entre mis padres.
Hoy, después de tanto tiempo, esos recuerdos de mis primeras experiencias ajedrecísticas me llenan el alma de nostalgias, porque mis padres y aquella ingenuidad de mi niñez, ya se han ido, como se van las noches con sus sueños.

25/6/18

Enseñando a jugar al ajedrez

Cuando desapareció la humanidad, un robot inteligente construido por los hombres para enseñar a jugar al ajedrez, tenía algunas dificultades para hacer comprender las normas del juego a un ser extraterrestre que lo había encontrado entre las ruinas, porque su carácter era tan apacible y sosegado que lo ponía nervioso.
La humanidad se había autodestruido inmersa en una ambición desmedida que la llevó al caos ecológico y a la guerra nuclear y después de muchos años, una nueva civilización proveniente del universo había ocupado su lugar en la tierra. Por suerte para el robot, el extraterrestre fue comprendiendo poco a poco  la manera de jugar y ésta se fue haciéndo cada vez más positiva y consistente.
Por lo general en los anocheceres practicaban jugando al ajedrez y si bien al robot le parecía que el extraterrestre le ponía poca pasión a su juego, su progreso era lento, pero manifiesto. El robot nunca había imaginado como se podía desarrollar con esa apocada sensibilidad, la coordinación y planificación de las jugadas de manera tan razonable y transparente.
Por fin, una noche el robot se animó a preguntarle al extraterrestre.
― Dime con toda franqueza: ¿Te gusta el ajedrez y la forma en que enseño a jugar? Porque tengo fervientes deseos de poder difundir rápidamente el juego en tu civilización.
La respuesta del extraterrestre fue escueta y sincera.
―  Por supuesto que me gusta el ajedrez y que lo difundas, dado que es un juego agradable y maravilloso. En cuanto a tu forma de enseñar yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que apaciguarte, porque aún tienes impregnado en tu programa esa ansiedad característica de los humanos.


22/5/18

Aprendiendo a cabalgar

Pensaba que el ambiente estaba bastante fresco y que el día era ideal para cabalgar, mientras sostenía con cuidado a un hermoso caballo blanco para estudiar la forma de poder realizar unos saltos con él. Al principio le había resultado difícil determinar con precisión la forma de encararlos, pero poco a poco, con su mano paciente fue adquiriendo confianza en los movimientos. 
De pronto escuchó a su madre que lo llamaba:
― Nene, terminá de practicar con ese caballo y vení a almorzar ―
Entonces, resignado, dejó el juego de ajedrez en el living  y con una sonrisa pícara, se dirigió trotando al comedor.

21/5/18

El héroe de la batalla

Una mano abrió la tapa y la oscuridad que me rodeaba se llenó nuevamente de luz. Me puse muy contento dado que llevaba mucho tiempo encerrado en esa caja de madera alta y estrecha como un ataúd, donde no podía moverse, ni ver nada. Estaba en una especie de letargo, luego de tantos días llenos de soledad y tristeza.
Los dedos entraron y me depositaron con mucho cuidado con mis acompañantes sobre la mesa vacía donde estaba el tablero y respiré el aire fresco que venía del exterior, mientras me balanceaba levemente encandilado sintiendo el parloteo de los contendientes. La mano me colocó en G1 y allí estaba encantado al lado del alfil blanco del rey, mientras del otro lado, en B1, estaba mi hermano gemelo junto al alfil de la dama.
El hecho de entrar en combate me daba mucha alegría, porque desde el primer momento me iba a jugar el todo por el todo, ya que ambicionaba ser el héroe en esa vibrante lucha que se avecinaba. Y así fue: la mano me movió en primer lugar, incluso antes que los peones y saltando por sobre ellos me colocó en mi nuevo sitio. Estaba muy orgulloso, pero al mismo tiempo sentía algún temor al ver en las filas de enfrente, allá a lo lejos, a todos aquellos peones negros amenazantes. Estaba ubicado casi en el centro del tablero.
Si bien era solo un simple caballo blanco de plástico, con la cabeza ligeramente alzada y un pelambre denso echado hacia atrás como acariciado por el viento, sentía que mi apariencia era señorial. Sabía que estaba en peligro mi vida en el tablero y por varios frentes, pero no me importaba demasiado, porque quería sobresalir dando todo de mí para hacer triunfar al ejército blanco y levantaba la cabeza como uno de esos corceles de las esculturas de los próceres, que exponen el cuello al enemigo, librando enfurecidos la batalla.
Las manos movían todas las piezas, de modo que rápidamente me encontré rodeado de figuras negras. Un peón se me puso delante desde el principio y pasé mucha zozobra en determinado momento de la lucha, al ser amenazado por uno de los alfiles negros. Luego de un tiempo, el peligro se hizo aún mayor.
La mano arriesgaba mucho y en un salto prodigioso me acercó al rey negro, exponiéndome a situaciones críticas en más de una ocasión y fue por pura suerte que el enemigo no me eliminara, prefiriendo cambiar uno de los alfiles negros por mi hermano gemelo. Entonces, observé como tristemente mi hermano que era tanto o más valiente que yo, luego de debatirse con todo coraje en el entrevero, murió en su ley, llevándose consigo al alfil negro fuera del tablero.
En un momento de la batalla la mano me desplazó hacia una línea lateral, casi cayéndose del tablero y esa inactividad me hizo sufrir un repentino estado de abatimiento y depresión. Pensaba que allí debería pasar el tiempo sin actuar y rumiaba en silencio mi angustia, mientras que mi espíritu se iba llenando de serenidades grises, como las de un paisaje de otoño. En esa paz que me encontraba sin que nada turbara mi calma, el sueño comenzó a invadirme y algo somnoliento me detuve a reflexionar.
¿No me atacaban porque me temían realmente los contrarios? O tal vez, pensaban que era un ser irrelevante que había estado danzando cómicamente sobre los cuadrados del tablero y me dejaban tranquilo porque consideraban que no tenía ningún valor en esa lucha.
De pronto, sin saber si había tenido un dormir o un despertar verdadero, me sentí amenazado y eso me puso eufórico, porque significaba que valía y que debía seguir luchando. Pero cuando advertí que me atacaba desde el borde del tablero sólo ese estúpido e insignificante peón negro, displicentemente lo esquivé con orgullo y arrogancia, saltando prestamente sobre él.
A veces, cuando luchaba contra piezas más importantes como la torre o la dama, me había sentido algo pequeño. Pero ahora, en el caso que me atacaran no me intimidaría, porque ambicionaba fervientemente eliminar a alguna de ellas, aunque tenía conciencia que eso solo ocurría en muy contadas ocasiones. Analicé mi figura y me dí cuenta que por lo menos estaba intacto y la verdad era que prefería ser un caballo entero y reluciente, no como ese minúsculo peón negro que me había amenazado y avanzado bastante por la columna lateral, que encima tenía el cuello algo mellado.
Observé toda la posición y noté numerosos e intrincados senderos y sentía la necesidad de saltar como un torrente sobre las huestes enemigas. Habían quedado ya pocas piezas y el rey contrario fue obligado a salir a pasear por el centro del tablero, ante una batería de jaques de la dama y torre blanca. Entonces, mi mirada advirtió en la primera línea, en B1, algo lejos del lugar que me encontraba y donde al principio había estado mi querido hermano, a la dama negra que había intentado temerariamente atacar a mi rey.
Esa dama ejercía sobre mí casi una fascinación y fue en el momento que noté que podría acercarse rápidamente, cuando sentí que se produciría en mi vida ese acontecimiento de grandeza que tanto ambicionaba. No era para menos, allí donde me encontraba, saltando con precisión y jaqueando al rey negro andariego, amenazaría a la vez a la dama.
Estaba pletórico de alegría, porque sólo de vez en cuando podría tener una sensación de triunfo como esa y todavía no podía creer que pudiera llegar a lograrlo. La mano me alzó con dos de sus dedos a su alrededor y en el aire apoyó sobre mi cabeza otro dedo con el que me daba pequeños golpecitos rítmicos.
Mientras mi sombra se movía sobre el tablero, me sentía envuelto en algo mágico y misterioso viendo las piezas desde arriba, sobre aquellos cuadros de madera alternados en claros y oscuros. Con la gracia que tenía aquella mano y lo reluciente y libre que se veía toda la primera línea.
―¿Por qué no me deslizaba de un lado a otro un par de veces para que todos me vieran mejor? ― ¿Por qué no me hacia bailar en el aire para celebrar la victoria? ― ¿Qué esperaba? ―. Cuando aquellos tres dedos me abrazaron por completo, percibí en todo mi cuerpo unas vibraciones acompañadas con una risa extraña y luego escuché esas conmovedoras palabras que me alegraron el alma ― ¡Jaque doble al rey y la dama! ―.
El contrario ni siquiera contestó y permaneció callado mientras movía el rey negro. Luego me sentí feliz cuando con movimientos a la par saltarines y furtivos, la mano me deslizó hacia el lugar que ocupaba la dama negra y luego de alzarla y depositarla entre las piezas comidas, me hizo descender y me deslizó al casillero B1, que ella antes ocupaba. Había alcanzado toda la gloria y paladeaba el sabor del triunfo.
―¡Me sentía como el gran hacedor de la victoria! ― ¡El héroe de la batalla! ―.
Pero ocurrió algo que ni por casualidad había previsto, porque allí en A2 estaba ese mellado peón negro bajo e insignificante que no valía gran cosa y que yo no le había dado ninguna importancia. Al descubrirlo en ese punto de avanzada, traté de perseguir en mi memoria la luz del discernimiento, pero cuando la hacía subir a la superficie, se apagaba justo en el momento que se iba a convertir en comprensión. No lograba dominar mis ideas, todo se disolvía en medio de mi máxima angustia. ―¿Acaso habría de morir tan tontamente en las manos de ese peón? ―.

Sólo temblor y palpitación fue mi propia respuesta. Realmente no hubo ninguna lucha y de inmediato estuve liquidado. Aquel peón fue mi final y lo que me quedó era solo amargura, mientras la mano del contrario me alzó y fui a parar en el último lugar de la hilera de piezas comidas.
Así como a veces se sumerge la cabeza en el pecho para reflexionar, comprendí que con su espíritu lleno de ansias de triunfo y signado por ambiciones de grandeza, había despreciado el inmenso valor que puede emanar de la propia humildad. Todo aquello había sido un error y allí me percaté que yo no le había dado la importancia que realmente merecía ese peón aparentemente intrascendente.
La mano del contrario me dejó y se alejó raudamente en dirección al tablero para retirar con gran cariño y delicadeza el cuerpo moribundo de aquel peón negro, que había ofrendado su vida para hacer resucitar a la dama negra, que en última instancia le dio el triunfo al ejército enemigo.
La realidad fue que el héroe de la batalla no había sido otro que aquel triste y humilde peón que yo tanto había subestimado y despreciado. ―¡Que cosas extrañas pero a la vez maravillosas tiene la vida! ―, pensaba con tristeza, mientras la mano lentamente me encerraba nuevamente en esa caja de madera alta y estrecha como un ataúd, donde me esperaban largos días de reminiscencia llenos de oscuridad y silencio.










Publicado en libro: Inquietudes Literarias.
Editorial Alsina. Buenos Aires. 2011.

7/4/18

AJEDREZ (poesías haikus)

Ajedrez vive
las grandes aventuras
de nuestra mente.

Un Dios provisto
de mágica sublime
quiso crearlo.

En el tablero
suena una melodía
y es la partida.

Las estrategias
y tácticas del juego
son su belleza.

Es nuestra vida
un ajedrez que juega
con el destino.

Como sus piezas 
al final de la vida
vamos a caja.

23/9/17

Recuperarse del otoño

Mirando abstraído las hojas caídas en el parque, el abuelo piensa que también para él llegó el otoño de su vida, porque ya no soporta el frío y el viento y se cansa al caminar. Recuerda que le han salido más canas y arrugas en la cara y que tiene un color mustio en la piel. Imagina tratando por todos los medios de escapar con su mente de esa tristeza que lo envuelve, que sería muy lindo poder rejuvenecer cuando vuelva la primavera, como lo hacen los árboles en la naturaleza con sus nuevas ramas, hojas y flores. ¡Que bajón tiene el abuelo! Su pequeño nieto le acaba de dar mate jugando al ajedrez en un banco del parque.

15/7/17

Devolución y cambio

Estaba tratando de comprarle un regalo a mi pequeño hijo y entré en una juguetería en una galería comercial del centro.
― Hola, estoy buscando algo para un chico de seis años ―,  le dije a la vendedora.
― Ah, muy bien. Aquí tiene un pequeño dinosaurio que está promocionado en la televisión y que se vende mucho. Se desplaza en forma remota profiriendo unos alaridos y es para un chico de hasta siete años de edad.
―  Está bien lo llevo ―, le dije.
― Mire que necesita pilas para el comando y ellas no vienen incluidas ―, me aclaró la vendedora.
― De acuerdo, colóquelas que las llevo.
― Escuche como suena ―,  me dijo la vendedora luego de instalar las pilas.
― Está bien, pero apáguelo por favor que me aturde ―, le contesté.
―Si tiene algún problema dentro de la semana se lo cambiamos trayendo la factura de compra, me dijo finalmente.
Al salir, pensé que el nene haría tanto ruido jugando con el dinosaurio en el departamento que no sólo me molestaría a mí, sino también a los vecinos y entonces decidí retornar a la juguetería.
Hoy mi hijito y yo nos estamos divirtiendo con un hermoso juego de ajedrez que si bien no está promocionado por la televisión, no consume pilas y no produce ese ruido espantoso. Con mucha paciencia le he enseñado a jugar y es muy agradable observar como comienza a avanzar rápidamente en el conocimiento de ese apasionante e instructivo juego.