15/3/19

Amor frustrado

Si en algún momento estuviese a su lado, trataría como si fuera una dama traviesa de susurrarle palabras de amor en su oído, aunque la guerra continuara y el campo de batalla siguiera sembrándose de muerte. Pero aunque no sucediera ese encuentro por los avatares de la lucha, estoy segura que viviría para siempre en mi espíritu el recuerdo de su negra y majestuosa imagen.
Pero tuve suerte, y el destino quizo que llegue hacia él con mi corazón anhelante y entonces nos miramos uno al otro, como llamándonos a hacer el amor. Sin embargo, cuando estuve al alcance de su cuerpo, la mano asió con fuerza mi blanca cabeza, mientras el grito de ¡Jaque mate! tronaba sobre el tablero.


La partida inconclusa

Después del holocausto nuclear ya nadie con vida existía en la tierra, solo había quedado operando con su batería una notebook, que esperaba que el ajedrecista que estaba jugando con uno de sus programas, ejecutara la jugada que le correspondía en la partida que estaban disputando. De pronto, frente a ella apareció mágicamente el espíritu corporizado de Capablanca, deseoso de ganarle a la máquina esa última partida de ajedrez inconclusa de la humanidad.


14/3/19

La última partida

Estábamos cursando el último año en la carrera de ingeniería y como ambos éramos fanáticos del ajedrez, el destino quiso que nos conociéramos en un torneo organizado por la Facultad de Buenos Aires. Después de perder con ella la primera partida que disputé, la invité a un café y sonriendo, aceptó encantada. Ése fue el comienzo de nuestro noviazgo que duró algo más de un año.
Cuando nos recibimos, ella estuvo más interesada en alcanzar sus objetivos profesionales que en mantener una estrecha relación amorosa conmigo, y por ello, aceptó el trabajo en una empresa radicada en Madrid, mientras yo ingresaba en un humilde cargo de Docente Auxiliar en la Facultad. Sin embargo, nuestro vínculo sentimental continuó durante un tiempo más, manteniéndonos en una constante y permanente conexión por Internet, en la que aprovechábamos para jugar al ajedrez en la red.
Pero al poco tiempo nuestra relación empezó a tener muchas desavenencias, envueltas entre una desatada lucha ajedrecística que se producía en los tableros de nuestros monitores, en la que en la mayoría de las veces me ganaba, porque el nivel de mi juego iba decayendo paulatinamente, junto con mis esperanzas de amor.
Finalmente ella decidió cortar para siempre con nuestro contacto epistolar y entonces, decidimos jugar nuestra última partida por Internet como despedida, que me ganó como había ocurrido cuando nos conocimos. Al apagar la computadora después perder esa última partida y al irse oscureciéndose la pantalla, me vi reflejado con mi rostro compungido, pensando que también mi vida había perdido su amor.
Luego de aquella triste despedida, extrañé muchísimo aquellas partidas que jugábamos con ella  y entonces me anoté en varios torneos de ajedrez on-line que se organizan en la Web. Y aunque parezca mentira, hasta ahora he participado con bastante éxito, porque me he dado cuenta que envuelto en la tristeza y la soledad, he empezado a jugar mucho mejor.


8/3/19

Campeón eterno

Estaba una noche escribiendo con mi notebook sobre el escritorio en mi cuarto de trabajo, cuando de pronto ví que alguien se paró a mi lado y de inmediato lo reconocí. Tenía sus ojos encendidos, con una barba recortada en su rostro demacrado y vestía con el mismo pantalón, camisa y corbata que yo había imaginado para el personaje del campeón mundial de ajedrez. Justo en ese momento estaba definiendo el resultado de la partida final en el mach por el título, para concluir la nueva novela que estaba por publicar.
ꟷ ¿Qué haces aquí parado?ꟷ, le pregunté.
ꟷ Estoy intrigado por saber el resultado de esa última partida del mach que estoy disputando ꟷ, me contestó.
ꟷ Ya tengo decidido que perderás el título ꟷ, le respondí.
ꟷ Pero eso es una injusticia total que empañará para siempre mi trayectoria ꟷ, me dijo enojado.
ꟷ Si bien te he definido como el jugador mas prestigioso del mundo, yo soy el escritor que determina el destino de los personajes en la historia que estoy elaborando.
¿Entonces, ya has tomado la decisión? ꟷ, me preguntó mirándome con fijeza.
Sí, ya he decidido que finalmente el título mundial quede en manos del retador, que es un jugador mucho más joven y que tiene un destino más promisorio que el tuyo , le contesté.
Fue allí que me increpó con un tono amenazante:
Vaya, vaya, quién lo iba a decir ... ¡Después de toda esta terrible lucha ajedrecística que me hiciste realizar, al fin me entero de lo que me va a pasar y por eso voy a hacer algo que seguramente tú no has pensado! 
Sus palabras me intrigaron: 
ꟷ ¿Vas a hacer algo que yo no he pensado?ꟷ, le pregunté.
¿No lo adivinas? Voy a matarte ꟷ, me contestó.
¿Como dices?
Como lo oyes, voy a matarte y de esa manera me convertiré en el eterno campeón mundial de ajedrez de tu novela inconclusa.
¿Pero no te das cuenta que solo eres un personaje novelesco que depende absolutamente de mi? Yo te creé y soy el que decido sobre ti, así que te pido por favor que te vayas y me dejes terminar mi obra literaria tranquilo.
De pronto un cuchillo relumbró en su mano derecha y con su rostro encendido de cólera, el campeón se abalanzó sobre mí con un ímpetu diabólico. Apenas tuve tiempo de eludir la embestida, cuando me desperté sobresaltado con mi cabeza apoyada sobre el escritorio.
Al abrir los ojos, al ver la familiar imagen de mi notebook aún encendida, respiré honda y profundamente durante unos minutos y luego que lentamente mi conciencia retornó a la realidad, concluí la historia haciéndole perder el título mundial en la última partida del mach como tenía previsto. Por suerte, pasados ya varios años de publicada la novela, nunca más en algún sueño he vuelto a toparme con él. 


26/2/19

Tímido ajedrecista

Ahí estaba ese libro de Kamasutra ilustrado, que tanto llamaba la atención al juvenil maestro de ajedrez en la estantería de la librería. Sería cuestión de estirar la mano, tomarlo, caminar con él hasta el mostrador y sencillamente comprarlo. Pero tenía mucha vergüenza por lo que llegaría a pensar la chica vendedora, que siempre lo trataba muy dulcemente y con una mirada angelical.
Entonces cambió de planes y adquirió un libro teórico de ajedrez posicional, pensando que volvería el sábado siguiente, que era el día en que atendía normalmente el negocio un joven vendedor.
Es un libro muy bueno y practicando alguna de sus posiciones, a nosotros nos resultó una experiencia interesante para salir un poco de la rutina ꟷ, le dijo el muchacho mientras envolvía el libro para entregárselo.
ꟷ ¿Es Ud. casado? ꟷ , le preguntó tímidamente el maestro.
ꟷ No, pero vivo en pareja desde hace algún tiempo con la chica que atiende esta librería los otros días de semana, le contestó el joven con una sonrisa.


17/2/19

Lucha imaginaria

El maestro estaba algo incómodo y nervioso porque en la apertura de la partida la posición de sus piezas en el tablero no eran del todo satisfactoria, pero con su mente emprendedora se dispuso a luchar contra aquellas amenazas que se cernían sobre su estructura de peones y tenía la ilusión de salvarse.
Entonces eligió dentro de las variantes posibles, una que lo conducía a un medio juego que podría derivar en un final con posibilidades de tablas. Pero durante el desarrollo de la partida su situación fue mejorando paulatinamente, dado que sus piezas fueron ganando terreno, creando debilidades notorias en la posición de su rival, mientras el reloj de éste corría inexorablemente, consumiendo mucho tiempo en el análisis. 
Finalmente, y luego de una intensa lucha, mientras un progresivo y extraño resplandor iba iluminando el tablero, el maestro logró ganar calidad y su situación se tornó muy ventajosa. Sin embargo, envuelto por completo en esa luz misteriosa, no pudo paladear el sabor del triunfo, porque la claridad de la mañana lo despertó a la realidad. 
Al abrir los ojos, la familiar imagen de su dormitorio le mostró el escenario de su existencia actual sobre esa cama de sábanas revueltas, y entonces, respiró honda y profundamente durante unos minutos, sin poder creer como su mente había podido reproducir en un sueño, esa vibrante lucha ajedrecística.
Y mientras lentamente su conciencia comenzó a retornar al tiempo presente, el maestro no sintió ninguna desazón por no haber podido disfrutar del triunfo en ese sueño imaginario, por el contrario, con su corazón latiendo de alegría pensaba en la satisfacción real que había tenido en la noche anterior, al ganar esa partida en el torneo de ajedrez.



12/2/19

La vida juega al ajedrez

Con un ajedrez, en lucha aguerrida
juega el mundo en un tablero gigante,
donde la estrategia es ir adelante
buscando tácticas de acometida.

Debemos motivarnos en la vida
aunque la meta se encuentre distante,
la perseverancia es muy importante
siguiendo firmes la senda elegida.

Un trabajo digno el hombre reclama,
y hay que participar en esa guerra
dispuestos para dar un buen combate.

No quedemos ociosos en la cama,
pues el objetivo humano en la tierra
es darle a la indigencia jaque mate.










Finalista III Certamen de Sonetos
William Shakespeare.
Incluido en el libro Haikus y Sonetos XXXI.
Letras como Espada. España. 
Febrero 2019.


8/2/19

El extraño hombre barbudo

En un día frío de invierno, me llamó la atención la extraña figura de un hombre barbudo, quien provisto de una gorra con visera, estaba sentado junto a mí en la barra de un bar, cada uno frente a su pocillo de café. Como forma de entablar conversación le hablé sobre el tiempo y luego de tocar varios temas, el hombre me reveló que había venido de visita al pueblo invitado por un viejo amigo para jugar unas partidas de ajedrez.
Cuando supe que era jugador de ajedrez, si bien yo soy un simple aficionado y conozco muy poco de esa actividad en el ámbito profesional, como el ajedrez me gusta mucho, no pude menos que elogiar las múltiples bondades de dicho juego.
No crea que es algo tan estupendo, también es un juego muy competitivo donde en el mundo hay muchos intereses de por medio, que hacen que un jugador exitoso tenga que soportar en algún momento de su vida, tanta soledad, persecución y desamparo, que finalmente lo lleven a rebelarse contra el sistema , me replicó con convicción. 
Tal aseveración me dejó impresionado y a la vez intrigado por saber la identidad de ese personaje que presuntamente debería ser bastante conocido en los medios ajedrecísticos, por lo que tras un rato de silencio y luego de tomar un sorbo de café, me atreví a preguntarle quien era. 
Soy Bobby Fischer, para servirle, aunque ahora después de tantos años de haber abandonado el título mundial de ajedrez, mi imagen está un poco deteriorada , me contestó sonriendo el hombre barbudo.


7/2/19

Soy un fracasado

Durante toda mi vida he sufrido numerosos fracasos y cuando eso sucede suelo derrumbarme espiritualmente y volver a levantar cabeza se convierte realmente en una odisea para mí. Me ha dicho el psicólogo que posiblemente esa sensación se produzca por el espíritu sobreprotector de mi madre, quien con la jubilación mínima y la pequeña pensión de mi padre, logra actualmente con grandes sacrificios mantener mi subsistencia .
Ya desde niño, me afligía cuando la maestra me entregaba las notas de reprobación de un examen, y ni que hablar lo que padecí cuando la chica que más me gustaba me dijo que no, en la única declaración de amor que hice en mi vida.
Ahora, a los treinta y cinco años, sufro bastante cuando continuamente me desaprueban en las materias de la facultad, lo que dificulta y posterga eternamente mi graduación, o cuando no cumplo con las expectativas al pedir un trabajo, al darse cuenta el entrevistador que no soy el candidato adecuado que esperaba contratar.
Pero esta mañana, después de un sueño depresivo espantoso, me levanté con una sensación de angustia terrible que me martiriza el espíritu mucho más que todo aquello. Sucede que anoche he vuelto a perder nuevamente otra partida y estoy último en el torneo de ajedrez del club de mi barrio.

 

31/1/19

¿ Me dejas ganar ?

Si me dejas ganar te muestro el color de mi bombacha, me dijo ella antes de empezar la partida de ajedrez del torneo infantil de la escuela, mientras que yo sorprendido, divisaba su rostro sonriente, sus trenzas rubias y sus piernecitas blancas que sobresalían de su pollerita corta. Era la niña más linda y simpática de la clase, a quien todos mis compañeros buscaban en los recreos para jugar y sentarse junto a ella en las excursiones de la escuela.
La partida fue rápida y a las pocas jugadas le anuncié el jaque mate con una alegre expresión de victoria. Es que en aquel tiempo de mis nueve años, no me importaba para nada saber cual era el color de su bombacha.
Hoy después de tantos años ella es mi esposa, y recordando aquella anécdota de nuestra niñez, pensamos que los gustos en el mundo han cambiado mucho. Fue cuando vimos perder a nuestro pequeño hijo en el torneo infantil de la escuela con la compañerita más linda y simpática de su clase, al dejar colgada inexplicablemente su dama en una posición superior.


25/1/19

El jugador misterioso

Era ya pasada la medianoche de un verano bastante caluroso y el maestro no podía conciliar el sueño en su dormitorio, preocupado por el nuevo torneo interzonal en la que debía participar y que comenzaría la semana venidera.
Entonces, salió al balcón de su ventana y al ver la luna llena iluminando al parque ubicado frente a su departamento, como forma de combatir su somnolencia decidió caminar un rato por él para aprovechar el fresco de la noche. Además se llevó las piezas de ajedrez y una revista especializada, para analizar algunas partidas de sus rivales en la mesa de ajedrez que había en el parque, que a esa hora seguramente estaría desocupada.
Luego de dar unas vueltas por los senderos del parque bajo la luz de la luna, se había puesto a copiar una partida en la mesa de ajedrez, cuando de pronto surgió desde las sombras de la noche un joven, quien lo saludó con simpatía y le dijo que deseaba jugar al ajedrez con un importante maestro como él.
Repuesto de la sorpresa ante esa inesperada aparición, que le hizo en principio pensar que se trataba de un asaltante, el maestro le pidió que se retirara, porque él no se dedicaba a la enseñanza del ajedrez y menos a esa hora de la madrugada.
─ Pero yo no quiero que me enseñe, solo pretendo jugar una partida con Ud. ─, le contestó el muchacho angustiado y con la decepción reflejada en su rostro.
Entonces, al ver la tristeza del joven y su imagen bondadosa, recapacitó, y pensando que mal no le vendría para conciliar el sueño practicar con alguien un poco de ajedrez, accedió a su pedido y le ofreció sentarse para jugar una partida.
─ Elige el color que te guste y si quieres te doy alguna pieza de ventaja ─ , le dijo sonriendo a su joven rival.
─ No me importa jugar con blancas o negras, ni que me dé ventaja alguna, lo que realmente ansío es poder disfrutar del ajedrez, porque hace bastante tiempo que no juego ─, le contestó el muchacho.
Comenzaron la partida y a las pocas jugadas el maestro con negras estaba en graves problemas y finalmente tuvo que abandonar la partida ante la superioridad posicional aplastante del joven desconocido.
Sin todavía poder salir de su asombro, el maestro volvió a acomodar las piezas pensando que todo aquello era una mala pasada, pero en la siguiente partida con blancas volvió a hallarse en dificultades. El joven que se mantenía completamente silencioso, jugaba con una seguridad impresionante. De todas maneras, a duras penas el maestro logró sobrellevar la partida hasta el medio juego, entrando en un final que aunque estaba algo inferior, le parecía que podría aspirar a las tablas. Pero su rival en esa fase del juego hizo sus jugadas con tanta firmeza y precisión que fueron desmoronando una a una sus esperanzas, hasta que finalmente tuvo que inclinar nuevamente su rey.
Ya desesperado por tales desenlaces, el maestro miró a los ojos de su rival para proponerle jugar otra partida, pero ante su sorpresa, el joven le dijo que tenía que irse porque ya estaba amaneciendo y agradeciéndole que le haya dado la posibilidad de poder jugar con él, desapareció rápidamente en la oscuridad del parque, sin que el maestro tuviera tiempo de reaccionar.
Cuando retornó a su departamento, el maestro estaba muy intrigado, reprochándose no haber obtenido ningún dato del muchacho, ni siquiera como se llamaba, pero algo en el subconsciente le decía que a ese joven lo había visto en alguna parte. Luego, recorriendo un álbum de fotos de famosos ajedrecistas, quedó completamente desconcertado cuando lo reconoció, porque él no creía en los fantasmas que algunos decían que deambulaban por el parque en las noches de luna llena. Sin embargo, no le cabía duda que la imagen de ese jugador misterioso, era similar nada menos que a la del mismísimo Capablanca cuando era joven.
 

17/1/19

Marionetas del destino

La batalla está por comenzar sobre un tablero blanco y negro, donde los jugadores moverán las piezas de ajedrez como si fueran marionetas, determinando el destino de sus vidas. Pero los jugadores son a su vez marionetas en otro tablero de blancos días y negras noches, donde el destino también juega con sus vidas, en una enmarañada trama de tiempo, sueños y agonías.












Inspirado en los sonetos de Borges.
Finalista IV Concurso de minicuentos: Casa de Muñecas.
Incluido en el libro Amanecer.
Mundo Escritura. España. Enero 2019.

15/1/19

Regalo de Papá Noel

El prestigioso maestro de ajedrez nunca podrá olvidar ese juego de ajedrez que Papá Noel le dejó junto al arbolito de Navidad cuando él era pequeño. Desde ese momento se le despertó la pasión por el juego, y ahora lo acompaña como un preciado recuerdo de su vida. Al observarlo con cariño descansando en la vitrina junto con los muchos trofeos obtenidos, el maestro pensaba con una sonrisa, que en realidad fue ese viejo juego de ajedrez quien aquel día lo recibió a él como regalo de Navidad de Papá Noel. 












Finalista IV Concurso de Microrrelatos: Cuento de Navidad.
Incluido en el libro: Fantasía Navideña.
El Muro del Escritor. España. Enero 2019.

13/1/19

Buscando la buena suerte

El joven se colgó en el cuello una medallita de San Patricio que le fuera bendecida por el cura en la Iglesia, e introdujo un trébol de cuatro hojas plastificado en su billetera, como amuletos de la buena suerte antes de salir de su casa en el anochecer.
Cuando caminaba por la vereda para dirigirse a su destino, al ver a un operario trabajando sobre una escalera, la rodeó con cuidado para no pasar debajo de ella y luego tuvo que eludir a un gato negro que salía de la puerta de una casa, para evitar que se le cruzara por delante. 
Todo eso hizo con muchísima convicción, pero fue inútil, porque esa noche igual perdió la partida de ajedrez en el torneo del club.