29/5/20

Un peón perverso

Cuando un peón negro bastante malvado avanzaba agresivamente por el tablero, fue amenazado por un caballo blanco y al encontrarse encerrado, le suplicó que no lo comiera. El caballo que en ese momento estaba empeñado en amenazar a la dama, lo perdonó y realizó otra jugada sin hacerle daño.
Algún tiempo después, el caballo por una falsa maniobra quedó amenazado por dos peones negros y cuando uno de ellos ya estaba por comerlo, sintió la voz de su compañero que le decía:
— Ese caballo me salvó la vida.
Al oír esto, el peón negro frenó en su intento apiadándose del caballo, y entonces el perverso peón aprovechó para comerlo sin remordimiento alguno.
 

28/5/20

Ser un gran maestro de ajedrez

Un aficionado al ajedrez, después de haberle ganado una hermosa partida a un sacerdote amigo, le hizo un comentario cuando estaban analizando las jugadas realizadas.
— La recompensa que yo deseo por haber ganado esta partida es que Dios me haga llegar a ser un gran maestro de ajedrez.
— Eso sería muy gratificante, sin duda—, le contestó el sacerdote, pero es una lástima, porque Dios no te va a regalar nada si no te pones a estudiar con dedicación para lograr esa distinción.
— Entonces, ya que no puedo esperar una recompensa del Todopoderoso, me doy por satisfecho con la partida que le he ganado a su representante—, le dijo sonriendo el aficionado, mientras seguía mirando pensativo las piezas del tablero.
 

El peón amenazado

Un peón amenazado por un caballo buscó escaparse, pero al avanzar se ubicó en el tablero junto a una torre enemiga.
— Avanzaste allí inútilmente porque la torre te comerá antes que yo — , le dijo el caballo.
— Me da lo mismo ser comido por una torre o devorado por ti —, le respondió el peón.
— Me apena ver cómo consideras esta cuestión sin ninguna ecuanimidad, dado que deberías gratificarme a mí, quien fue el que se tomó el trabajo de saltar para amenazarte —, le dijo el caballo.


25/5/20

Alcanzar la cima

Busca en el ajedrez
luchar por ascender
hasta alcanzar la cima.

Y si acaso tropiezas,
trata de levantarte
reiniciando tu intento.

Así irás escalando
peldaño por peldaño
partida por partida.


21/5/20

El niño prodigio

Esa tarde un niño desconocido entró en la sala de juego del club de ajedrez con gesto sonriente, observó al grupo de ajedrecistas y se dirigió hacia una mesa rodeada de aficionados que seguían el desarrollo de una importante partida. Se paró frente al tablero, observó la posición y al ver que el desenlace era inminente, ante la sorpresa de todo preguntó con un gesto tímido e inocente si podía jugar con el ganador.
El ganador fue nada menos que el campeón del club quien aceptó gentilmente el reto con una sonrisa piadosa, y entonces el niño desafiante se sentó en el tablero conduciendo las piezas negras y comenzó la partida. El silencio era profundo, porque todos estaban expectantes por lo que habría de ocurrir.
Al promediar la partida el campeón comenzó a transpirar dado que el caballo negro se había situado en una casilla estratégica. Los presentes no podían creer lo que pasaba y empezaron a contemplar con respeto al chico desafiante en ese silencio profundo.
Hasta que el campeón sintió que sus piezas blancas estaban acorraladas, porque las jugadas del chico eran como la de un verdugo. Su acometida avanzaba, inexorable y sus piezas lo iban cercando en un círculo fatal. El suspenso era total, nadie se movía y los ojos de los presentes estaban clavados sobre el tablero o sobre la figura del extraño niño desafiante.
Hasta que sucedió lo inevitable y el campeón inclinó su rey extendiendo la mano al desafiante. Poco a poco, mientras el hielo se deshacía, uno de los espectadores de la partida atinó a preguntarle al niño.
—¿Como te llamas?
— Bobby... Bobby Fisher —, le respondió el chico.
Cuando Boby se puso de pie, comenzaron los aplausos y el perdedor se acercó al héroe de esa tarde y felicitándolo, le dijo que si seguía en esa senda seguramente tendría un futuro de éxitos en su vida ajedrecística.
 

16/5/20

El viejo maestro de ajedrez

Cierta vez un viejo maestro de ajedrez estaba bastante cansado después de ganar en una intensa y dura partida en un torneo importante de ajedrez, y ya en la madrugada se sentó en la barra de un bar que estaba abierto para tomar un café con el fin de reconfortarse.
Vestido con traje y corbata, el maestro tenía sus ojos vivaces a pesar de sus años, y con su cabeza calva rodeada de pelo canoso, su figura no pasaba desapercibida para el barman, quien lo miraba con cierta incredulidad y el ceño fruncido, tratando de reconocerlo en la tenue penumbra que había en el bar.
Pero cuando le hizo el pedido, el barman cambió el semblante de su rostro por completo y sonriéndose con simpatía, le dijo que tenía un gran placer de que haya concurrido a su bar y así poderlo conocer personalmente, manifestándole que como aficionado al ajedrez, siempre le había causado mucha admiración y alegría su larga y exitosa actuación ajedrecística.
El viejo maestro se llenó de orgullo y a la vez de sorpresa ante tamaña distinción, teniendo en cuenta que si bien había ganado algunos torneos importantes, su actividad no era muy difundida y conocida por el público en general, salvo en los medios ajedrecísticos.
Usted no sabe cuanto he disfrutado y aprendido de su juego viendo sus partidas , le repetía el barman sin cansarse de declararle su idolatría. El maestro no sabía como hacer para agradecer semejantes elogios, mientras consumía su café, aferrando el mango del pocillo con manos nerviosas.
¿Cuanto le debo? ꟷ, le preguntó finalmente, luego de sorber el último trago.
No, por favor! Después de todas las satisfacciones que me ha dado, no me parece justo cobrarle a un famoso jugador como Miguel Najdorf , le respondió el barman, brindándole una amplia y afectuosa sonrisa al viejo y atribulado maestro de ajedrez.
 

13/5/20

Pasión ajedrecística

Fue de pronto por sorpresa,
que el ajedrez dió a mi vida
una pasión desmedida
y el éxito de promesa.
El tablero me embelesa
con su ritmo palpitante,
y con asedio constante
conduzco todas mis piezas,
realizando destrezas
en una lucha vibrante.