28/5/20

Ser un gran maestro de ajedrez

Un aficionado al ajedrez, después de haberle ganado una hermosa partida a un sacerdote amigo, le hizo un comentario cuando estaban analizando las jugadas realizadas.
— La recompensa que yo deseo por haber ganado esta partida es que Dios me haga llegar a ser un gran maestro de ajedrez.
— Eso sería muy gratificante, sin duda—, le contestó el sacerdote, pero es una lástima, porque Dios no te va a regalar nada si no te pones a estudiar con dedicación para lograr esa distinción.
— Entonces, ya que no puedo esperar una recompensa del Todopoderoso, me doy por satisfecho con la partida que le he ganado a su representante—, le dijo sonriendo el aficionado, mientras seguía mirando pensativo las piezas del tablero.
 

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