25/1/19

El jugador misterioso

Era ya pasada la medianoche de un verano bastante caluroso y el maestro no podía conciliar el sueño en su dormitorio, preocupado por el nuevo torneo interzonal en la que debía participar y que comenzaría la semana venidera.
Entonces, salió al balcón de su ventana y al ver la luna llena iluminando al parque ubicado frente a su departamento, como forma de combatir su somnolencia decidió caminar un rato por él para aprovechar el fresco de la noche. Además se llevó las piezas de ajedrez y una revista especializada, para analizar algunas partidas de sus rivales en la mesa de ajedrez que había en el parque, que a esa hora seguramente estaría desocupada.
Luego de dar unas vueltas por los senderos del parque bajo la luz de la luna, se había puesto a copiar una partida en la mesa de ajedrez, cuando de pronto surgió desde las sombras de la noche un joven, quien lo saludó con simpatía y le dijo que deseaba jugar al ajedrez con un importante maestro como él.
Repuesto de la sorpresa ante esa inesperada aparición, que le hizo en principio pensar que se trataba de un asaltante, el maestro le pidió que se retirara, porque él no se dedicaba a la enseñanza del ajedrez y menos a esa hora de la madrugada.
─ Pero yo no quiero que me enseñe, solo pretendo jugar una partida con Ud. ─, le contestó el muchacho angustiado y con la decepción reflejada en su rostro.
Entonces, al ver la tristeza del joven y su imagen bondadosa, recapacitó, y pensando que mal no le vendría para conciliar el sueño practicar con alguien un poco de ajedrez, accedió a su pedido y le ofreció sentarse para jugar una partida.
─ Elige el color que te guste y si quieres te doy alguna pieza de ventaja ─ , le dijo sonriendo a su joven rival.
─ No me importa jugar con blancas o negras, ni que me dé ventaja alguna, lo que realmente ansío es poder disfrutar del ajedrez, porque hace bastante tiempo que no juego ─, le contestó el muchacho.
Comenzaron la partida y a las pocas jugadas el maestro con negras estaba en graves problemas y finalmente tuvo que abandonar la partida ante la superioridad posicional aplastante del joven desconocido.
Sin todavía poder salir de su asombro, el maestro volvió a acomodar las piezas pensando que todo aquello era una mala pasada, pero en la siguiente partida con blancas volvió a hallarse en dificultades. El joven que se mantenía completamente silencioso, jugaba con una seguridad impresionante. De todas maneras, a duras penas el maestro logró sobrellevar la partida hasta el medio juego, entrando en un final que aunque estaba algo inferior, le parecía que podría aspirar a las tablas. Pero su rival en esa fase del juego hizo sus jugadas con tanta firmeza y precisión que fueron desmoronando una a una sus esperanzas, hasta que finalmente tuvo que inclinar nuevamente su rey.
Ya desesperado por tales desenlaces, el maestro miró a los ojos de su rival para proponerle jugar otra partida, pero ante su sorpresa, el joven le dijo que tenía que irse porque ya estaba amaneciendo y agradeciéndole que le haya dado la posibilidad de poder jugar con él, desapareció rápidamente en la oscuridad del parque, sin que el maestro tuviera tiempo de reaccionar.
Cuando retornó a su departamento, el maestro estaba muy intrigado, reprochándose no haber obtenido ningún dato del muchacho, ni siquiera como se llamaba, pero algo en el subconsciente le decía que a ese joven lo había visto en alguna parte. Luego, recorriendo un álbum de fotos de famosos ajedrecistas, quedó completamente desconcertado cuando lo reconoció, porque él no creía en los fantasmas que algunos decían que deambulaban por el parque en las noches de luna llena. Sin embargo, no le cabía duda que la imagen de ese jugador misterioso, era similar nada menos que a la del mismísimo Capablanca cuando era joven.
 

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