12/8/21

Ajedrecista famoso

Solo una vez visitó un famoso jugador de ajedrez a nuestro pequeño pueblo. Yo lo recuerdo bien, porque era uno de los niños que estábamos estudiando catecismo en la Iglesia. Aquella mañana tuve que colaborar ayudando al cura que lo había invitado, a ubicar las sillas y unas tablas con sus caballetes, que hacían de mesa en el patio. Luego dispusimos sobre ella los tableros y las piezas ajedrez, a fin de que el maestro jugara cuarenta partidas simultáneas. 

En la misa de la tarde, luego de las partidas, el cura que estaba enfadado consigo mismo porque todos los jugadores habían perdido, dijo  que jamás iba a volver a invitar a algún ajedrecista renombrado. Afirmó que estaba seguro que el fracaso fue por su culpa, dado que no había sido claro en su rogativa a la virgen y a los santos, para que ayudaran a sus fieles a tener un buen desempeño.

Ahora, después de tanto tiempo, al recordar aquellas simultáneas en el patio de la Iglesia, pienso con una sonrisa, que cuando al día siguiente el ajedrecista se marchó del pueblo, a la virgen y a los santos no les habría importado demasiado que sus fieles hubiesen perdido. Es que todavía inmersos en la maravilla de esas partidas de ajedrez, estarían muy tristes porque nunca más recibirían la visita de algún otro ajedrecista famoso.

 


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