20/11/18

Ambición heróica

Se abrió la tapa y la oscuridad que me rodeaba se llenó nuevamente de luz. Me puse contento porque llevaba mucho tiempo encerrado en esa caja de madera alta y estrecha. El entrar nuevamente en combate me llenaba de ansiedad, porque ambicionaba ser el héroe de la vibrante lucha ajedrecística que estaba por comenzar.
Si bien era sólo un simple caballo blanco de plástico, con la cabeza ligeramente alzada, sentía al iniciarse la batalla que mi apariencia era señorial. La disputa se hizo intensa y muchas piezas fueron cayendo en la refriega, y en un momento dado el rey negro enemigo fue amenazado y tuvo que escapar hacia el centro del tablero. De pronto sentí que alguien me atacaba desde una columna lateral. Pero no era más que un insignificante peón negro que avanzaba con su cabeza mellada y entonces lo esquivé con arrogancia, saltando prestamente sobre él.
Luego me interné por unos peligrosos senderos que me llevaban hacia la dama negra y mientras me acercaba, intuí que se produciría el acontecimiento de grandeza que tanto anhelaba. No era para menos, al presentase la oportunidad salté con precisión y jaqueando al rey negro, amenacé a la vez a la dama ubicada en nuestra primer fila.
Estaba pletórico de alegría, porque sólo de vez en cuando podía tener una sensación de triunfo como aquella y cuando el rey negro amenazado tuvo que moverse, aproveché para tomar su dama En ese momento, pensé que había alcanzado la gloria y paladeando ya el sabor del triunfo, me sentía como el gran hacedor de la victoria de mi ejército.
Pero ocurrió algo que ni por casualidad había previsto. Ese mellado peón negro que no valía gran cosa y al que no le había dado ninguna importancia, estaba oculto defendiendo la posición de su dama e inmediatamente me tomó desprevenido donde yo me encontraba, que para él era la fila de su coronación. Fue allí, que ofrendando su vida, resucitó a la dama negra y luego, ya fuera de combate, vi como esa circunstancia trascendente de la lucha le dio finalmente el triunfo al enemigo.
La realidad fue que el héroe de la batalla no había sido otro que aquel humilde peón que yo tanto había subestimado y despreciado, pensaba con tristeza, mientras me encerraban nuevamente en esa caja de madera alta y estrecha, donde me esperaban largos días de reminiscencia llenos de oscuridad y silencio. 










Seleccionado Concurso de Relatos. 
Incluido en el libro. Héroe.
Asociación Letras con Arte. España.Noviembre 2018.

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