8/9/18

Ansiedad ajedrecística

Ser maestro de ajedrez era un sueño que lo persiguió persistentemente durante su juventud, pero que ya lo ha abandonado. En esa época se la pasaba anhelante sobre un tablero reproduciendo con rapidez partidas de torneos importantes, mientras exultante imaginaba que se transformaba en algunos de esos jugadores famosos.
En esos instantes de su vida había querido dedicarse incondicionalmente al ajedrez para llegar a ser un jugador profesional y la ambición para lograrlo no le faltaba, pero en verdad lo que no tenía era la paciencia y perseverancia necesaria para ello.
Por su carácter ansioso, siempre fue un jugador mediocre por sus constantes apresuramientos en las partidas, y hoy ya en la madurez, comprendiendo que sus deseos juveniles eran una utopía, ha adoptado un camino ajedrecístico más lógico del que ambicionaba en aquel entonces, y que actualmente le brinda grandes satisfacciones.
Ahora juega en el bar de su barrio con un grupo de amigos partidas rápidas al blistz a 5 minutos, buscando con su mente agitada plantear un gambito complicado, confiando luego que en base a la agilidad de su pareja de caballos y con algún sacrificio atropellado, pueda lograr ganar la partida sin que se le caiga la aguja, y de esa manera seguir sentado ansioso en su silla para jugar con su próximo rival.

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