27/9/22

Piezas mágicas

En el universo hay unas mágicas piezas de ajedrez con las que los ángeles se divierten jugando. Cuenta la leyenda que cruzaron las fronteras del tablero y subieron hasta las nubes, siguieron aún más arriba y llegaron al espacio exterior. Se maravillaron del cosmos ya que era un espectáculo tranquilo y colosal que se parecía al blanco y negro del tablero. Entonces, al verlas sobre ese tablero, los ángeles comenzaron alegremente a jugar. Dicen que en la tierra, por las noches esas piezas mágicas brillan como estrellas.



26/9/22

Partida inconclusa

No sé cómo empezó su primer ataque, ni cuál fue su razón. Solo recuerdo el caos y el vértigo que me provocó con sus jaques en la mismísima apertura. Pero con sangre fría me reorganicé y planifiqué el contraataque. Tenía que ser expeditivo y sorprenderle, justo ahora que mi rival saboreaba la victoria. Entonces, cuando sacrifiqué un caballo, su sonrisa se transformó en asombro. Fue un éxito, y aproveché para atacar con violencia con todas mis piezas. Así pude salir airoso del medio juego y quedé bien posicionado para el final. Estaba mejor, y esta vez mi rival no tendría escapatoria posible. Fue allí que la campana del fin de recreo sonó y la partida quedó inconclusa.




16/9/22

Esperanza vana

En el desván, encontré junto con otras cosas viejas desparramadas, el cajón de un antiguo bargueño, dentro del cual había un deteriorado juego de ajedrez. Entonces pensé que seguramente soñaría que volviesen a jugar con él, para poder hacer sentir a los humanos ese placer sublime que brinda el ajedrez. Ello lo reconfortaría de esa larga espera. Mientras veía sus piezas rotas y desperdigadas en el cajón, me daba lástima el pensar que tuviese tan vana e inocente esperanza.












Finalista VIII Concurso de Minicuentos. 

Un bargueño para mis cuentos.

Incluido en el libro: Camino.

Mundo Escritura. España. Septiembre 2022.

9/9/22

Partida en el olvido

Luego de que perdiera en esa noche la final del torneo de ajedrez en el club, la única opción que tenía para continuar con su vida era eliminar de su memoria cada vestigio de esa partida. Debía desenterrarla al olvido. Un arduo trabajo psíquico y de control mental, le permitieron que no quedara ningún rastro de esa derrota en su mente. Por fin: había logrado suprimirla, ya no existía. Pero su esfuerzo mental por eliminarla había sido tan grande, que después no podía entender porque lo condenaron por el asesinato de su rival en esa noche.




8/9/22

Jugar conmigo mismo

Esa tarde quedé en jugar al ajedrez conmigo mismo en el parque, después de ver como lo hacía el gracioso anciano en un famoso video. Cuando llegué, mientras iba poniendo las piezas sentado a solas frente al tablero, me pregunté si realmente valía la pena. ¿De verdad quería jugar al ajedrez conmigo? Al final me dije que no y que ello no me divertía. Entonces guardé las piezas y abandoné la partida sin jugar.












6/9/22

Contundentes motivos

¡No lo puedo creer! Estuve escribiendo toda la noche mi nota de despedida, midiendo con mucho cuidado cada palabra. En ella busqué detallar con precisión los motivos por lo que hago esto. Ayer me dejó mi novia y para colmo, luego colgué estúpidamente una pieza en esa partida de ajedrez que tenía ganada y que definía el torneo. Y justamente ahora, que acabo de saltar del balcón, caigo en la cuenta de que no la he puesto en la mesa para que la lean. ¿Dónde la habré dejado? ¿Dónde estará? Ahora nadie sabrá cuales fueron los contundentes motivos por los que finalmente he tomado esta decisión.