Luego de que perdiera en esa noche la final del torneo de ajedrez en el club, la única opción que tenía para continuar con su vida era eliminar de su memoria todo vestigio de esa partida. Debía eliminarla por completo de su conciencia. Un arduo trabajo psíquico y de control mental, le permitieron que no quedara ningún rastro de esa derrota en su mente. Por fin: había logrado suprimirla. Ya no existía. Pero su esfuerzo mental por eliminarla había sido tan grande, que después no podía entender por qué después de esa noche lo condenaron por haber querido estrangular a su rival.

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