13/10/18

Crítica literarias en la Web

Un escritor bastante controvertido y que era muy cuestionado en las redes, quiso incorporar en su página Web alguna obra literaria suya para homenajear al milenario juego de ajedrez, que a él como aficionado tanto le apasionaba.
A tal efecto, escribió un cuento sobre un jugador que ganaba las partidas realizando combinaciones mágicas que sorprendían por completo a sus adversarios. Pero al subirlo a su página recibió un comentario de una Federación de Ajedrez que se quejó, porque el texto no respetaba fielmente las reglas del juego.
Entonces, lo reemplazó por otro relato donde el tema era el de una hermosa mujer, que con poca experiencia en el juego, sorprendió a todos ganando un torneo masculino donde participaban destacados maestros de ajedrez. Pero en este caso una Asociación feminista lo objetó, porque ella jugaba en bikini y en la narración se la trataba como un objeto sexual.
Por tal motivo subió en su lugar otra historia sobre un humilde peón que desvinculado de sus compañeros, combatía con valentía y decisión en forma aislada y solitaria, por el glorioso triunfo de su rey. Pero entre los comentarios recibió esta vez la enojosa protesta de un Sindicato de trabajadores, porque consideraban que el contenido de esa obra era una manera sutil e incubierta de desvirtuar la forma de lucha y los objetivos a alcanzar por los mismos.
Finalmente, cansado de tanta crítica, bajó ese último cuento y tomo la determinación de reemplazarlo directamente por la imagen del gran Capablanca jugando al ajedrez. Y de esa manera sencilla, sin palabras ni cuestionamientos, logró rendir un sentido homenaje a ese juego maravilloso e inmortal.

José Raúl Capablanca, Gran maestro cubano Campeón Mundial de 1921 a 1927 es el Mozart del Ajedrez y aprendió a jugar antes de leer. Como homenaje, el 18 de noviembre, día de su nacimiento, se celebra el Día Mundial del Ajedrez.    

5/10/18

La partida universal

El niño estaba esa noche recostado en su cama frente a un tablero de ajedrez, jugando su última partida contra un rival imaginario al que siempre le ganaba, pensando con su ingenuidad infantil que él era imbatible. De pronto, cuando el cansancio y el sueño empezaban a invadirlo escuchó un pequeño murmullo, como si alguien en el dormitorio tratara de llamar su atención.
— ¿Quién es? —, preguntó.
Al no obtener respuesta, el niño detuvo su juego para ver de donde provenía aquel extraño sonido que había llegado a escuchar. Fue allí cuando imprevistamente apareció la figura de un pequeño extraterrestre, quien parado frente a su cama  le dijo:
—Niño, veo que no tienes con quien jugar. Si tú lo deseas podemos enfrentarnos en una partida.
— ¿Pero, es que tu juegas al ajedrez? —, preguntó el niño.
— ¿No sabes que el ajedrez se juega en todo el universo?, le contestó sonriendo el extraterrestre.
— ¿Por qué no lo averiguas jugando, o es que te sientes agotado? Si es así, podemos dejarlo para otra noche —, le recalcó.
— ¡No te vayas!, que aunque estoy algo cansado me parece bien que disputemos la primera partida de ajedrez en la tierra y te demostraré que los humanos somos superiores —,  le contestó el niño con soberbia.
Entonces el chico colocó las piezas en el tablero en la posición inicial, en tanto el extraterrestre se sentaba en la cama frente a ese tablero de cuadrados blancos y negros, para comenzar el juego.
Pero ya desde la apertura el niño comenzó a cometer errores groseros y veía como el extraterrestre le iba comiendo las piezas una por una, causándole un enojo enorme, justamente a él, que se consideraba un jugador invencible.
— ¡Jaque Mate! –,  exclamó finalmente el extraterrestre.
Entonces el niño exacerbado por el desenlace del juego, derribó las piezas del tablero de un manotón, mientras el extraterrestre desaparecía sorpresivamente de su vista.
Fue allí que se despertó en la cama y se incorporó mirando las piezas del juego de ajedrez dispersas por el piso, con los pensamientos llenos de una humana resignación.