31/7/21

Campeón dichoso

Cuando le conté a mi nieto mis exitosas aventuras ajedrecisticas, metí la pata al decirle que el día que gané el torneo del club, fui al bar para brindar con cerveza con mis amigos y me había emborrachado.

¿Fuiste campeón de ajedrez y te emborrachaste, abuelo? ―, me preguntó mi nieto sorprendido.

Es que hacía mucho calor y la sirvieron con una picadita de quesos, aceitunas, fiambres y otras cosas ricas ―, le respondí tratando de justificame. Mientras tanto, en ese día tan caluroso de verano, pensaba en lo dichoso que habría sido en ese momento, volver a saborear unas cervecitas frescas con mis amigos.

 


30/7/21

La torre abandonada

Al final de un largo puente de madera, apareció frente al niño la torre abandonada que figuraba en la tapa de su libro de cuentos de ajedrez, que había estado leyendo en esa noche. Entonces, se dirigió caminando en estado de absoluta sorpresa hacia aquellas altas puertas de acceso de madera tallada. De pronto, una de las puertas se abrió y surgió de ella un hombre extraño que llevaba una antigua y deteriorada vestimenta de mayordomo. Al principio el niño se asustó, pero el hombre lo tranquilizó, diciéndole que la visita a esa torre era parte de su sueño, y lo invitó a pasar para jugar una partida de ajedrez.

 


Sentimientos cambiantes

Hoy estoy muy feliz jugando al ajedrez con mi nieto, pensando que las certidumbres de mis sentimientos de tristezas en este juego, fueron cambiando durante el transcurso de mi vida. Al principio cuando era niño, estaba triste porque casi siempre perdía las partidas. Luego desde mi adolescencia se fue apaciguando mi tristeza, porque casi siempre ganaba. Finalmente ahora, ya abuelo, simulo que me pongo triste al dejarme ganar por mi nieto, para que se sienta contento y aprenda a jugar.

 


 

 


Ajedrez y amor en soledad

Luego de haber participado en un torneo de ajedrez, estoy a solas, aislado por la pandemia, analizando una variante de apertura en el tablero apoyado sobre la cama de la habitación de este hotel. De pronto, me distrae la imagen de la hermosa dama blanca, que como si fueras tú, resplandece en la noche con la luna que se asoma por la ventana. Entonces, aunque trate de olvidarte en esta soledad que me rodea, renacen en mí aquellos recuerdos lejanos de amor encerrados en mi alma.

 


10/7/21

Mi hermano gemelo

Aquellas vacaciones de mi infancia con mi hermano gemelo fueron sin duda las que más recuerdo. Teníamos las mismas características físicas y nuestra madre nos llevaba a la misma peluquería y compraba nuestra indumentaria por duplicado. Sin embargo, había mucha diferencia entre los dos. Su cerebro se lesionó en el parto y comenzó a ir un poco más despacio que el de los demás niños de su edad. Y, aunque yo solo tenía trece años, a menudo debía cuidar de él.

—¿Dónde está tu hermano? —, me preguntaba mi madre en muchas ocasiones.

— Jugando al ajedrez —, solía contestar yo automáticamente. Pero nunca fallaba, porque mi hermano, al que siempre le gustaba mostrarme algunas jugadas que eran para mí inentendibles, se divertía pasándose horas solitario jugando con las piezas de ajedrez que tanto le fascinaban.

Aquel año nos hospedamos para veranear en la casa de mi tía que vivía con un hijo un poco mayor que yo, y estaba emplazada en un hermoso pueblito serrano. Para mi primo, los niños de la ciudad éramos su enemigo natural y se hacía casi inevitable que acabásemos enfrentados en cualquier competencia.

Él defendía sus costumbres provincianas y yo trataba de imponer mi orgullo de habitante de la ciudad. Ambos lo hacíamos con todo el entusiasmo del que éramos capaces en las actividades físicas como partidos de fútbol, carreras, etc. que realizábamos con los otros chicos del pueblo,

Sin embargo, en esos días que habíamos pasado yo no había conseguido ganarle a nada. Recuerdo que solo quedaban un par de días para que se terminaran las vacaciones. Estábamos jugando a la escondida con mi primo y algunos niños del pueblo, cuando de pronto, agazapado bajo el tronco de un árbol, tuve la certeza de algo con lo que podía vencerlo .

— Te desafío a una partida de ajedrez —le dije, cuando se aproximó y me descubrió en mi escondite.

— Dale —me respondió pensando que me vencería fácilmente en el reto.

— En el tablero que hay en la plaza del pueblo —añadí.

Mi primo clavó su mirada en mí, al escuchar esa proposición. Entonces, echó un vistazo alrededor y, finalmente, ante los rostros expectantes del resto de nuestros compañeros de juegos, hizo un leve asentimiento con la cabeza.

— Está bien, está bien. ¿Jugamos ahora?

— Mejor mañana por la mañana —, le dije.

— ¿Y no van a apostar nada? —, preguntó uno de los niños del grupo.

— Mi pelota de fútbol contra tu juego de ajedrez —, propuse.

A mí su juego, si bien era hermoso, me daba igual, pero sabía que a él le encantaba mi balón y quería ofrecerle un motivo para que no se echara atrás. Mientras nos dimos la mano, sentía los latidos de mi corazón dado que me exponía a una derrota humillante o a la más absoluta de las victorias.

Al otro día, después de desayunar en la casa, mi primo salió un rato antes a la plaza para encontrarse con sus amigos Luego de un rato respiré hondo y al llegar la hora me encaminé hacia la calle. Ya estaba por salir, cuando escuché la voz de mi madre.

— Llévate a tu hermano.

Miré a mi hermano que estaba sentado en el suelo del salón con el tablero de ajedrez y la cara triste, porque mi primo se había llevado la caja con las piezas.

— Pero..., pero...

— No hay pero que valga. Todavía tengo que preparar las valijas y no lo quiero por aquí molestando. Te llevas a tu hermano contigo y punto.

Mi hermano se levantó con lentitud, estiró su brazo hacia mí y me dio su mano con una sonrisa. Cuando llegamos a la plaza, lo acompañé hasta un banco de madera cercano al lugar de juego y le di una revista de historietas que había comprado al llegar, pidiéndole que me espere sentado allí. No me atreví a que se quede tanto tiempo parado viendo a partida, porque sus débiles piernas no resistirían.

— Al fin llegaste y parece que tienes miedo —, me dijo mi primo con sorna cuando me vio aparecer.

Entonces, rodeado de los chicos del pueblo comenzó el desafío.

En la apertura estaba algo nervioso porque la posición de mis piezas en el tablero no eran del todo satisfactoria, pero con mi mente emprendedora me dispuse a luchar contra aquellas amenazas que se cernían sobre mi. Entonces elegí dentro de las variantes posibles, una que me conducía a un medio juego que podría derivar en un final ventajoso.

Pero durante el desarrollo de la partida mi situación fue desmejorando paulatinamente, dado que mis piezas fueron perdiendo terreno, creando debilidades notorias en mi posición. Finalmente perdí un peón y en el final mi situación se tornó desesperante.

Fue en ese momento que me indispuse y me agarró una necesidad urgente de ir al baño.

— Te pido por favor que suspendamos un poco la partida, porque tengo que ir al baño —, le dije a mi primo.

— Está bien, pero... ¿No quieres abandonar la partida antes? —, me preguntó burlonamente.

Salí corriendo sin contestarle, para dirigirme a los baños públicos que estaban a unos veinte metros de allí. En el trayecto vi a mi hermano que estaba aburrido en el banco, luego de haber leído la revista. Entonces pensé que alguna hoja de la revista me vendría bien para cubrir mis necesidades en el baño, y que como la partida terminaría rápidamente, sería mejor que se acercara hacia el lugar de la partida.

— Dame la revista y andá a ver, que la partida está por terminar y yo voy al baño y vengo —, le dije.

Luego, al regresar del baño, grande fue mi sorpresa cuando noté que mi hermano gemelo estaba sentado en el banco continuando la partida y de pronto, vi como comenzó a brincar celebrando la victoria.

Entonces me acerqué lentamente hacia él con la revista en la mano, simulando que yo era el hermano y en medio del revuelo que producían los chicos del pueblo, mi hermano tomó la revista y se hizo a un lado. De ese modo, sin que nadie se percatara, yo asumí el rol del ganador de la partida. El único que hasta hoy quedó con la duda fue mi primo, a quien antes de regresar a la ciudad le regalé la pelota de fútbol.

Nunca supe como mi hermano gemelo se las ingenió para ganar la partida, pero lo cierto es que desde hace unos años, practicando con el hermoso juego de ajedrez de mi primo, no ha dejado triunfar. Y hoy bajo mi aplauso lleno de orgullo, ha ganado nada menos que una medalla de oro en un torneo interzonal importante de la ciudad.

 


 

9/7/21

Inesperado final

La tibia tarde de primavera invitaba a disfrutar de los rayos del sol y una suave brisa jugaba con las hojas verdes de los árboles. Verificó la hora. Tenía el tiempo justo para llegar al lugar de encuentro pactado en el parque con su rival a pocas cuadras de allí y comenzó a caminar con determinación, llevando la caja con las piezas de ajedrez.

Consideró que la temperatura era ideal para sentarse allí, y disfrutar de una partida en una de las mesas especialmente preparadas para jugar. Al acercarse al lugar fijado del encuentro, divisó a su rival que se encontraba esperándolo junto a la mesa de juego. Al llegar, levantó la mirada al cielo para agradecer a la providencia por semejante fortuna, cuando se le borró la sonrisa de su rostro. Un enorme nubarrón que irrumpía el firmamento y ocultaba temporariamente la luz del sol, era portador de un nefasto mensaje.

A pesar de la inquietud que lo embargaba no le dijo nada al saludar con una sonrisa a su contrincante. Luego que comenzaron la partida, a ambos los absorbió el juego de tal forma, que no se percataron que la tarde se había oscurecido antes de lo esperado, con amenazantes nubarrones. Entonces sucedió lo inevitable, se levantó una brisa fresca y se produjo el impacto de una gota de agua sobre el tablero. Se trataba de una gota enorme, que dejó varias piezas tendidas.

Obviamente se trataba de una gota precursora detrás de la cual vendrían otras, por lo que interrumpieron rápidamente la partida. Fue allí cuando su rival salió disparado intempestivamente, sin despedirse siquiera, buscando desesperadamente un posible lugar de protección en el parque. Recuperado de la sorpresa, en el breve tiempo que dispuso para recoger las piezas en la caja, una segunda gota aterrizó sobre la mesa de juego y súbitamente esas gotas aisladas, trocaron en un tremendo chaparrón.

Cuando regresaba a su casa completamente empapado, se preguntaba indignado cómo era posible una actitud tan descortés de su rival, luego que ese clima soleado primaveral, confluyera tan abruptamente en ese inesperado final de la partida.