El niño ha sacado de la caja las piezas de ajedrez. Aún no sabe jugar, pero le encantan sus formas y texturas. Juguetea con ellas al azar, o se las lleva a la boca, hasta que finalmente las junta en sus manos y mientras se ríe a carcajadas, las va dejando caer sobre el tablero. Y es allí, cuando al dispersarse sobre el tablero las piezas se desconciertan. Entonces, los reyes acarician a los alfiles, las torres se parapetan temerosas tras los peones y las damas cosquillean caprichosas a los caballos.
Finalista VI Concurso de Microrrelatos. Reloj de sol.
Publicada en el libro: El color de las nostalgias.
Letras como Espada. España. Septiembre 2020.


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