15/11/18

Ajedrez otoñal

Me gusta jugar al ajedrez en las tardes cálidas de otoño, viendo las hojas que se desprenden de los árboles y vuelan indefensas a merced de la voluntad del viento. Tal vez se deba al recuerdo de los gratos días de mi niñez que pasé en la casa de mi abuelo. Él me buscaba a la salida de la escuela y luego de almorzar, por las tardes jugábamos al ajedrez en el jardín, entre la leche chocolatada con vainillas y las hojas amarillentas de los árboles que caían sobre el tablero.
 
 





Finalista III Concurso de micronarrativas: Otoño.
Incluido en el libro: En la distancia.
Concursos Literarios en Español. España. Noviembre 2018.

18/10/18

Triste confesión

Un suave empujón le bastó para abrir la puerta de mi dormitorio y despertarme. El niño entró sin pedir permiso y se paró frente a mi cama demostrando una pena inmensa. Traía sus cabellos rubios revueltos sobre su cabeza. Tenía las pupilas dilatadas y los ojos inundados por las lágrimas que se deslizaban sobre sus mejillas. La mirada imploraba consuelo sin poder emitir palabras, ya que el llanto se lo impedía. 
Su imagen erguida y quieta se aferró al borde de mi cama, ofreciéndome toda la belleza de su ser enmarcada por sus sollozos. No sabía que hacer, ni que actitud asumir, desorientado ante tamaña manifestación de desconsuelo.
¿Quién pudo dañar su inocencia de tal manera y a tal extremo? ¿Qué cosa pudo afectar tan hondo a su corazón para ocasionar semejante tristeza?
Sin medir palabras me extendió sus manos y pude notar en el gesto de su rostro que me exigía cariño. No pude resistir y al incorporarme en la cama, sentí que en un impulso desesperado sus brazos se enroscaban en mi cuello, mientras sus lágrimas empapaban mi camisa al apretarse junto a mi pecho.
Entonces hundí mis manos en su pelo y besé su carita humedecida por las lágrimas. Fue allí cuando con voz entrecortada mi nieto me confesó su dolor.
– Abu, … mi papá me ganó al ajedrez.


13/10/18

Críticas literarias en la Web

Un escritor bastante controvertido y que era muy cuestionado en las redes, quiso incorporar en su página Web alguna obra literaria suya para homenajear al milenario juego de ajedrez, que a él como aficionado tanto le apasionaba.
A tal efecto, escribió un cuento sobre un jugador que ganaba las partidas realizando combinaciones mágicas que sorprendían por completo a sus adversarios. Pero al subirlo a su página, recibió entre los comentarios una queja de una Federación de Ajedrez, porque el texto no respetaba fielmente las reglas del juego.
Entonces, lo reemplazó por otro relato donde el tema era el de una hermosa mujer, que con poca experiencia en el juego, sorprendió a todos ganando un torneo masculino donde participaban destacados maestros de ajedrez. Pero en este caso, una Asociación feminista lo objetó, porque ella jugaba en bikini y en la narración se la trataba como un objeto sexual.
Por tal motivo, subió en su lugar otra historia sobre un humilde peón que desvinculado de sus compañeros, combatía para sobrevivir con valentía y decisión. Pero entre los comentarios recibió esta vez la enojosa protesta de un Sindicato, porque consideraban que el contenido de esa obra era una manera sutil y encubierta de desvirtuar la forma de lucha colectiva de los trabajadores.
Finalmente, cansado de tanta crítica, bajó ese último cuento y tomó la determinación de reemplazarlo directamente en la Web, por la imagen del gran Capablanca jugando al ajedrez. Y de esa manera sencilla, sin palabras ni cuestionamientos, logró rendir un sentido homenaje a ese juego maravilloso e inmortal.


 






José Raúl Capablanca, Gran maestro cubano Campeón Mundial de 1921 a 1927. Como homenaje, el 19 de noviembre, día de su nacimiento, se celebra el Día Mundial del Ajedrez.    

5/10/18

La partida universal

El niño estaba esa noche recostado en su cama frente a un tablero de ajedrez. Jugaba su última partida contra un rival imaginario al que siempre le ganaba, y con su ingenuidad infantil pensaba que él era imbatible. De pronto, cuando el cansancio y el sueño empezaban a invadirlo, escuchó un pequeño murmullo, como si alguien en el dormitorio tratara de llamar su atención.
— ¿Quién es? —, preguntó.
Al no obtener respuesta, el niño detuvo su juego para ver de donde provenía aquel extraño sonido que había llegado a escuchar. Fue allí cuando imprevistamente apareció la verde figura de un pequeño extraterrestre, quien parado frente a su cama  le dijo:
—Niño, veo que siempre juegas solo porque no tienes con quien jugar. Si tú lo deseas podemos enfrentarnos en una partida.
— ¿Pero, es que tú juegas al ajedrez? —, le preguntó el niño sorprendido.
— ¿No sabes que el ajedrez se juega en todo el universo?, le contestó sonriendo el extraterrestre.
— ¿Quieres jugar una partida, o es que te sientes agotado? Si es así, me voy y podemos dejarlo para otra noche —, le recalcó.
— ¡No te vayas!, que aunque estoy algo cansado me parece bien que disputemos la primera partida de ajedrez en la tierra y te demostraré que los humanos somos superiores —, le contestó el niño con soberbia.
Entonces el chico colocó las piezas en el tablero en la posición inicial, en tanto el extraterrestre se sentaba en la cama frente al tablero, para comenzar el juego.
Pero ya desde la apertura el niño comenzó a cometer errores groseros y veía como el extraterrestre le iba comiendo las piezas una por una. Eso le causaba un enojo enorme, justamente a él, que se consideraba un jugador invencible.
— ¡Jaque Mate! –,  exclamó finalmente el extraterrestre.
Entonces, el niño exacerbado por el desenlace del juego, derribó las piezas del tablero de un manotón, mientras el extraterrestre desaparecía sorpresivamente de su vista.
Fue allí que se despertó en la cama y se incorporó mirando las piezas del juego de ajedrez dispersas por la cama y el suelo, con los pensamientos llenos de una humana resignación.


8/9/18

Ansiedad ajedrecística

Ser maestro de ajedrez era un sueño que lo persiguió persistentemente durante su juventud, pero que ya lo ha abandonado. En esa época se la pasaba anhelante sobre el tablero reproduciendo con rapidez partidas de torneos importantes, mientras imaginaba exultante que se transformaba en algunos de esos jugadores famosos.
En esos instantes de su vida había querido dedicarse incondicionalmente al ajedrez para llegar a ser un jugador profesional. La ambición para lograrlo no le faltaba, pero en verdad, lo que no tenía era la paciencia y perseverancia necesaria para ello.
Por su carácter ansioso, siempre fue un jugador mediocre por sus constantes apresuramientos en las partidas. Pero hoy ya en la madurez, comprendiendo que sus deseos juveniles eran una utopía, ha adoptado un camino ajedrecístico más lógico del que ambicionaba en aquel entonces, y que actualmente le brinda grandes satisfacciones.
Ahora juega on-line partidas rápidas blitz a tres minutos por jugador, con dos segundos de recupero por jugada. De esa manera, busca con su mente agitada plantear algún gambito complicado, confiando que en base a la agilidad de la pareja de caballos o con algún sacrificio atropellado, pueda hacer equivocar sus rivales, aprovechando su capacidad para resolver las partidas con gran velocidad en los finales, con el poco tiempo disponible. Ello le permite permanecer durante bastante tiempo jugado al ajedrez frente al monitor ansioso y feliz.






23/8/18

El profesor engreído

Un profesor de ajedrez que enseñaba a los chicos en la escuela siempre había sido en su vida un jugador bastante mediocre, pero era muy engreído. Un día donde el tema a tratar eran los finales de ajedrez, quiso reivindicar su ego luciéndose ante sus pequeños alumnos. Sin mencionar su origen, comenzó a explicarles un brillante final que ganó Capablanca, diciéndoles que él había sido el protagonista de aquella partida.
Pero durante el desarrollo de la exposición un alumno atrevido e inteligente lo sorprendió. Le preguntó por qué había hecho él esa jugada tan compleja, en vez de comer directamente un peón, que le parecía mucho más natural y sencilla para ganar el final. Y en ese largo silencio que se produjo, donde el angustiado profesor buscaba infructuosamente los argumentos para contestarle, fue cuando se sintieron unos misteriosos ruidos apagados al final de la clase, sin que nadie se encontrara allí.
Era el espíritu divertido y travieso de Capablanca quien sentado en el último banco, al recordar el dificultoso análisis que tuvo que realizar para descubrir que había una refutación a esa simple jugada durante el desarrollo de aquella partida, no pudo contener las carcajadas al ver la imagen de desconcierto e incertidumbre reflejada en la cara del engreído profesor.



26/7/18

El extraño jugador

Un día un extraño y desconocido jugador de ajedrez de aspecto desgarbado y mirada penetrante, apareció en forma sorpresiva en un bar del pueblo en la que se desarrollaba esa actividad. Tenía el poder psíquico como para extraer parte del espíritu de lucha de su adversario en cada partida que disputaba y de esa manera, al poco tiempo arrasó con todos los jugadores del lugar.
Prácticamente ya se había quedado sin rivales que se atrevieran a jugar con él, cuando un experimentado maestro de ajedrez que estaba de vacaciones en el pueblo, al enterarse de esas hazañas se presentó en el bar. Entonces, como al pasar, lo desafió a jugar una partida, lo que creó muchas expectativas en los aficionados que concurrían a jugar allí asiduamente. Al aceptar la propuesta del forastero el extraño jugador le dijo con cierta displicencia que le daba la ventaja de salida con blancas.
Desde el momento en que el maestro inició la partida comenzó a molestarle la mirada penetrante y maléfica que le dirigían los ojos de su rival luego de hacer cada uno de sus movimientos. Como el maestro era muy experimentado, trató por todos los medios de no observarlo, concentrándose solamente en el desarrollo de la partida. De esa forma, comenzó a disponer estratégicamente todas sus piezas con un agresivo entramado logístico, y así logró poco a poco paralizar cada una de las piezas que defendían al rey negro enemigo.
Pero a medida que avanzaba la partida, el maestro notaba un persistente decaimiento de su energía mental provocado por aquel ser empedernido que luchaba para subsistir en el tablero, fulminándolo permanentemente con su mirada. Sin embargo, aunque el maestro sufría una gran extenuación y cansancio, con las pocas fuerzas que le quedaban y manteniendo a duras penas su concentración, logró que la posición de su rival se hiciera desesperante. Finalmente el extraño jugador debió inclinar su rey sobre el tablero ante las amenazas provocadas por una red de mates inevitables.
Desde ese momento el maestro comenzó repentinamente a experimentar una sensación  de liberación, notando que la sangre volvía a circular por sus venas, y renacía nuevamente en él la fortaleza de su ánimo. Por el contrario, su rival iba palideciendo rápidamente y se fue escogiendo como si fuera perdiendo su energía vital. Entonces, sin decir absolutamente nada se levantó torpemente de su asiento, y se retiró del bar dirigiéndose silenciosamente a la puerta de salida, con paso lento y vacilante.
El extraño jugador no concurrió al día siguiente al bar y nunca más lo volvieron a ver en el pueblo, desapareciendo misteriosamente sin dejar ningún rastro de su existencia. En las reuniones del bar se comentó mucho ese hecho, que constituyó desde entonces un gran enigma y aunque se argumentaron y discutieron una infinidad de teorías, el caso nunca llegó a dilucidarse.
Algunos decían que era el alma en pena de James Braid el inventor del hipnotismo, que se había reencarnado para constatar sus ideas en el juego de ajedrez. Sin embargo, para la mayoría de los ajedrecistas del bar era el espíritu de un parasicólogo contratado por la KGB para mirar fijamente a Víctor Korchnoi en el mach por el campeonato mundial contra Anatoly Karpov.




25/6/18

Enseñando a jugar al ajedrez

Cuando desapareció la humanidad, un robot inteligente construido por los hombres para enseñar a jugar al ajedrez, tenía algunas dificultades para capacitar a un ser extraterrestre que lo había encontrado entre las ruinas, porque lo impacientaba su carácter apacible y sosegado.
La humanidad se había autodestruido inmersa en una ambición desmedida que la llevó al caos ecológico y a la guerra nuclear y después de muchos años, una nueva civilización proveniente del universo había ocupado su lugar en la tierra. Por suerte para el robot, el extraterrestre fue comprendiendo poco a poco  la manera de jugar y ésta se fue haciendo cada vez más positiva y consistente.
Por lo general en los anocheceres practicaban jugando al ajedrez y si bien al robot le parecía que el extraterrestre le ponía poca pasión a su juego, su progreso era lento, pero manifiesto. El robot nunca había imaginado como se podía desarrollar con esa apocada sensibilidad, la coordinación y planificación de las jugadas de manera tan razonable y transparente.
Por fin, una noche el robot se animó a preguntarle al extraterrestre.
― Dime con toda franqueza: ¿Te gusta el ajedrez y la forma en que enseño a jugar? Porque me gustaría difundir rápidamente el juego en tu civilización.
La respuesta del extraterrestre fue escueta y sincera.
―  Por supuesto que me gusta el ajedrez y que lo difundas, dado que es un juego agradable y maravilloso. En cuanto a tu forma de enseñar yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que apaciguarte, porque aún tienes impregnado en tu programa esa típica ansiedad que en su tiempo caracterizaba a los humanos.




22/5/18

Aprendiendo a cabalgar

El ambiente estaba fresco y el día era ideal para cabalgar, mientras sostenía con cuidado a su hermoso caballo blanco a fin de practicar la forma de realizar unos saltos con él. Al principio le había resultado difícil determinar con precisión la manera de encararlos, pero poco a poco, fue adquiriendo confianza en los movimientos. 
De pronto escuchó a su madre que lo llamaba:
― Nene, terminá de practicar con ese caballo y vení a almorzar.
Entonces, resignado, el niño dejó el juego de ajedrez en el living y con una pícara sonrisa, se dirigió trotando al comedor.


7/4/18

Ajedrez (poesías haikus)

Es nuestra vida
un ajedrez que juega
con el destino.

Un Dios provisto
de mágica sublime
quiso crearlo.

En el tablero
suena una melodía
y es la partida.

Las estrategias
y tácticas del juego
son su belleza.

El ajedrez vive
las grandes aventuras
de nuestra mente.

 

23/9/17

Recuperarse del otoño

Mirando abstraído las hojas caídas en el parque, el abuelo piensa que también para él llegó el otoño de su vida Recuerda que le han salido más canas y arrugas en la cara y que tiene un color mustio en la piel. Tratando de escapar con su mente de esa tristeza que lo envuelve, imagina que sería muy lindo rejuvenecer como los árboles con sus hojas y flores cuando vuelve la primavera. ¡Que bajón tiene el abuelo! Su pequeño nieto le acaba de dar mate jugando al ajedrez en un banco del parque.
 


 
















Finalista IV Concurso de Micronarrativa. Otoño.
Publicado en el libro: Paisaje otoñal.
Concursos Literarios en Español. España. 
Noviembre 2019.

15/7/17

Devolución y cambio

Estaba tratando de comprarle un regalo a mi pequeño hijo y entré en una juguetería en una galería comercial del centro.
― Hola, estoy buscando algo para un chico de seis años ―,  le dije a la vendedora.
― Ah, muy bien. Aquí tiene un pequeño dinosaurio que está promocionado en la televisión y que se vende mucho. Se desplaza en forma remota profiriendo unos alaridos y es para un chico de hasta siete años de edad.
―  Está bien lo llevo ―, le dije.
― Mire que necesita pilas para el comando y ellas no vienen incluidas ―, me aclaró la vendedora.
― De acuerdo, colóquelas que las llevo.
― Escuche como suena ―,  me dijo la vendedora luego de instalar las pilas.
― Está bien, pero apáguelo por favor que me aturde ―, le contesté.
―Si tiene algún problema dentro de la semana se lo cambiamos trayendo la factura de compra, me dijo finalmente.
Al salir, pensé que el nene haría tanto ruido jugando con el dinosaurio en el departamento que no sólo me molestaría a mí, sino también a los vecinos y entonces decidí retornar a la juguetería.
Hoy mi hijito y yo nos estamos divirtiendo con un hermoso juego de ajedrez que si bien no está promocionado por la televisión, no consume pilas y no produce ese ruido espantoso.




13/6/17

El ajedrez de la vida

Son pocas las piezas de dos colores
que están en el tablero despoblado,
quedan un rey postrero en cada lado
torres y unos peones agresores.

Sufriendo los jaques acosadores
al final un rey triunfa alborozado,
mas por la larga lucha que ha efectuado
son muy breves momentos seductores.

También en el devenir de los días,
los hombres son felices al vencer
en sus claras y oscuras biografías.

Pero igual que el rey deben padecer,
y al fin de sus vidas las alegrías
son solo instantes del acontecer

 

 
 
 
 



Finalista VIII Concurso de Sonetos. La lupa.

Incluido en el libro Duda.

Mundo Escritura. España. Noviembre 2022. 

11/6/17

Ajedrez y magia negra

Cuanto más jugaba al ajedrez, menos lo comprendía. El jugador había perdido ya dos veces en el torneo del club y con seguridad en la partida de mañana quedaría eliminado. Entonces pensó que sólo un conjuro mágico podría salvarlo. Siempre se había interesado por la magia negra y en un viejo libro había encontrado instrucciones para llamar a Lucifer y someterlo a su voluntad. Nunca había probado y decidió que aquel era el momento oportuno.
Era muy sencillo, pero primero debía ponerse a cubierto dibujando un tablero de ajedrez en el piso, para que cuando llegara Lucifer no pudiera hacerle ningún daño y entonces le podría pedir lo que deseaba, sin que éste pudiera oponerse.­
Para ello, despejó la habitación retirando las mesas y sillas contra las paredes y luego con una tiza blanca dibujó sobre el suelo oscuro, el tablero protector. Después de pararse sobre él y pronunciar las palabras mágicas de encantamiento, vio ante su completa sorpresa, como se fue corporizando lentamente la figura del ángel malo iluminado por las llamas. 
 ― Siempre he sido un inútil jugando al ajedrez y quiero que me hagas ganar la partida de mañana ―, le dijo a Lucifer apenas se paró en el tablero frente a él.
― ¡Y justo a mi me lo vienes a pedir. Quedaste atrapado en tu propio conjuro! ―, le replicó Lucifer riendo sarcásticamente, mientras se lo llevaba volando hacia el infierno.
Sucedió que no había funcionado la protección del tablero que el jugador había dibujado en el piso, porque erróneamente lo había confeccionado en base a una casilla negra en lugar de una blanca en el borde inferior derecho.



2/2/17

La primera partida de ajedrez

Había una vez en un país muy lejano un gran valle rodeado por dos grandes montañas. En una de ellas se emplazaba un castillo de color blanco y en la otra uno de color negro. Cada uno de los castillos con sus torres, albergaba al rey con su reina y obispos, los que disponían de peones y caballos para realizar las tareas domésticas. La piel de los habitantes eran del mismo color de los castillos y vivían aislados y en paz.
Sin embargo, las tensiones habían crecido en los últimos años por el usufructo de los espacios del valle que vinculaban a ambos castillos. Fue así que comenzaron a delimitarse zonas de posesión exclusivas, pintándolas de color blanco o negro según los casos, hasta que llegó un momento en que la tensión llegó al máximo y la confrontación se hizo inevitable.
Por tal motivo, los reyes crearon sus propios ejércitos, convirtiendo a los peones en valientes soldados que no debían retroceder nunca y adiestraron a los caballos para saltar sobre los obstáculos que se le presentaran. Finalmente se inició la batalla en ese valle de color blanco y negro, sobre el que se jugaba el destino de los habitantes de ambos castillos. 
Esa confrontación disgustó a Dios y al ver desde el cielo aquel espectáculo de espacios blancos y negros, con su inspiración divina creó el juego de ajedrez para resolver el problema. Luego llamó a ambos reyes, les pidió que suspendieran la disputa. Entonces, enseñándoles las reglas del juego sobre un tablero blanco y negro, les propuso dirimir el diferendo en una partida para evitar el derramamiento de sangre. El que ganara se quedaría con las tierras, pero si empataban deberían comprometerse a llegar a un arreglo y firmar la paz. Ambos reyes aceptaron la propuesta, y le pidieron un plazo de treinta días para prepararse en el estudio del juego.
De esa manera, luego de una intensa práctica, al concluir el plazo establecido, en aquel país lejano se disputó la primera partida de ajedrez de la historia de la humanidad. Sobre un pequeño tablero blanco y negro resplandecieron las piezas que representaban a los contendientes y las jugadas realizadas por los reyes de los respectivos castillos crearon hermosas combinaciones.
Sin embargo, Dios intervino sutilmente en la mente de los reyes, ayudando con su infinita inteligencia a uno y otro en la contienda, de modo que se fueran diluyendo las posiciones ganadoras, hasta que finalmente quedaron en el tablero sólo las figuras de los reyes en completa igualdad.  De ese modo, la primera partida de ajedrez disputada en el mundo fue tablas. Entonces, los reyes cumplieron su palabra y decidieron firmar un pacto de paz y amistad para siempre, repartiendo el valle en partes iguales y desde entonces, los reinos blancos y negros viven felices en sus respectivos castillos.
Y desde aquel día en que Dios creó el juego de ajedrez, en una trama de tiempo sublime e inmortal, todos hombres del mundo pueden disfrutar de una confrontación en paz, envueltos en el goce estético de un errante laberinto de sutiles y hermosas combinaciones.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.




5/10/16

El clásico de los domingos

Cuando yo era muy pequeño, mi padre me regaló un hermoso juego de ajedrez de madera, me enseño sus reglas y desde entonces juego intensamente con él. Yo que era el chico único de la familia, esperaba ansioso que llegara mi padre a nuestra humilde casa después del trabajo, con el tablero y las piezas emplazadas sobre la mesa del comedor.
― ¿Jugamos una partida, papá? ―, le preguntaba cuando llegaba. Mi padre siempre accedía con una sonrisa, aunque algunas veces estaba bastante cansado porque trabajaba como yesero en la construcción de edificios. Entonces nos poníamos a practicarlo antes de la cena preparada por mi madre. Casi siempre empatábamos, porque mi padre me permitía corregir los errores y volvíamos atrás las jugadas, que era una forma que tenía de enseñarme.
Ya en mi juventud las partidas eran más esporádicas, pero se hicieron muy intensas y peleadas y mi padre no me perdonaba. Yo me ponía muy triste porque siempre me ganaba, y entonces conseguí en una biblioteca unos libros de ajedrez con los que estudié algunas aperturas y un poco del  medio juego. Con esos nuevos conocimientos ajedrecísticos pude emparejar bastante los resultados, dado que muchas veces me permitía quedar con alguna ventaja en los finales, donde mi padre era un experto, aunque nunca se había preocupado de estudiar absolutamente nada de este juego.
Con el pasar del tiempo la lucha se fue haciendo sumamente pareja y cada vez más reñida. Luego de muchos sacrificios en la vida pude recibirme de ingeniero, me casé y me independicé de mis padres que tanto me ayudaron en mi juventud, pero siempre nos reuníamos los domingos al mediodía en la vieja casa para almorzar. La familia se mantuvo pequeña dado que lamentablemente no pude tener hijos y por las tardes mientras mi esposa y mi madre departían todo el tiempo conversando sobre sus cosas, la partida de ajedrez con mi padre comenzó a constituir el clásico de los domingos.
Fueron muchos los años en que se extendió ese ritual, hasta que todo terminó abruptamente cuando falleció mi madre. Al quedar solo, mi padre fue perdiendo lentamente la memoria afectado por la enfermedad de Alzheimer y ya cumplidos los setenta años tuvimos que internarlo en un geriátrico especializado, donde el domingo era el día de visita.
En ese establecimiento mi padre no hablaba ni se acordaba prácticamente de nada y cuando al primer domingo lo fuimos a visitar con mi esposa, casi no nos reconoció. Entonces se me ocurrió al domingo siguiente llevar aquel viejo juego de ajedrez de madera que me había regalado de niño y sobre el cual habíamos realizado tantas partidas. Al llegar, puse el tablero y las piezas sobre la mesa y cuando mi padre lo vio ocurrió un milagro, ante  el asombro general de todos los que allí estábamos. Su mente pareció resurgir de las tinieblas, me sonrió  y me dijo como en aquellos tiempos de mi niñez:
― ¿Así que me estabas esperando, nene? Bueno, juguemos una partida ante de cenar ―.
Entonces nos sentamos a jugar y ante mi sorpresa, durante la partida me habló coherentemente de las alternativas del juego. Yo traté de jugar lealmente, desplegando toda mi estrategia como siempre lo había hecho en mi vida. En un momento dado, estaba convencido que me encontraba en una posición superior y me surgió la duda de si sería conveniente ganarle, pensando si ello podría afectar su estado mental.
  —Te toca a vos papá y dale que tus finales hoy no te salvan—, le comenté sonriendo al realizar la última jugada, aunque en mi interior estaba bastante preocupado. Mientras tanto, el viejo analizaba muy serio y callado la posición en el tablero.
— No te ilusiones que esta partida está llegando a su fin, ¡Jaque! — me dijo repentinamente, con un destello en la mirada, mientras me comía un peón sacrificando la torre.
Ante esta inusitada jugada quedé completamente sorprendido y no le respondí, porque al analizar la posición comprendí que tenía razón y cuando le comí la torre, tras unos minutos de silencio, mi padre me anunció las próximas movidas con una sonrisa socarrona:
— Ahora alfil jaque y cuando vayas con el rey a tu única casilla, con el caballo te doy jaque doble y te como la dama—, me dijo con total seguridad.
— ¿Quieres volver atrás tu jugada de toma de torre? ―, me preguntó luego, como siempre lo hacía en los tiempos de mi niñez.
— Abandono, porque igual tendrías una ventaja decisiva —, le contesté con mi corazón palpitando de alegría, pero tratando de aparentar en mi rostro un estado de completa resignación y pena, como en aquellos viejos tiempos cuando perdía con él. Al concluir la partida, luego de despedirme con un beso, mi padre volvió a guarecerse en las sombras de su mente.
Desde ese día recomenzamos nuevamente el clásico de los domingos, y como un hecho inexplicable para la ciencia médica, sucedió que mi padre juega ahora mucho mejor que antes y su mente que se despierta en los instantes de las partidas, elabora jugadas maravillosas. Y aunque parezca mentira, me ha ganado hasta este momento todas las partidas que hemos jugado, por más empeño que yo he puesto en el desarrollo del juego. Pero ya no me pongo triste por el hecho de perder con mi padre como en mi juventud, por el contrario, me siento muy feliz y deseo que sean eternos esos clásicos de ajedrez de los domingos, que mágicamente hacen resucitar su mente de las penumbras en la que se halla sumergida.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Seleccionado III Concurso de Relatos cortos sobre Alzhéimer.
Incluido en el libro: En un rincón de la Memoria.
AFAGA Alzhéimer. Pontevedra, Galicia. España. Junio 2017