14/12/23

Desencuentro ajedrecístico

El padre tomaba café en una mesa del bar cuando vio, a través del espejo del mostrador, entrar a su hijo. El joven llegó con el pelo empapado por la lluvia torrencial, tiritando y chapoteando. El hombre estaba seguro de que el muchacho ignoraba su parentesco.

El hijo se acercó y, con dedos crispados por el frío, le tocó suavemente el hombro. —Hola —dijo con voz entrecortada. Tras pedir al barman un café y el reloj de ajedrez, lo invitó a sentarse para jugar una partida, comentando apenas la inclemencia del tiempo. Él también estaba convencido de que su padre no sabía que era su hijo.

Como cada vez que se encontraban en aquel bar, el silencio se imponía entre las piezas. Ninguno encontraba las palabras; el secreto les anudaba la garganta y preferían disputar la partida con una pasión muda. Al terminar, el hijo se limitó a un escueto «adiós».

Antes de salir, el joven buscó en el reflejo del espejo el rostro abatido y barbudo de su padre, cuya frente surcada de arrugas permanecía fija en las piezas dispersas sobre el tablero. Al mismo tiempo, el padre divisaba la figura apesadumbrada de su hijo perdiéndose bajo la intensidad de la lluvia.










Finalista X Concurso de Cuentos breves. Embrujados.

Incluido en el libro: Secretos.

Creatividad Literaria. España. Diciembre 2025.

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