14/6/19

Remordimiento

Cállate remordimiento y dime qué tengo que hacer para que me dejes. Es cierto que me equivoqué y perdí la gran oportunidad ajedrecística de mi vida, porque con solo empatar ganaba el torneo. ¿No te parece que ya he tenido suficiente sufrimiento con haber perdido tan tontamente esa partida?

Por favor, márchate de mi conciencia, vuelve de donde viniste y déjame dormir tranquilo. Ya no soporto más que me reproches el hecho de no haber aceptado las tablas. Es que yo no quería especular dado que tenía una posición superior, y nunca pensé que luego iba a perder por no ver una sencilla jugada ganadora de mi rival.

 


12/6/19

Rey acosado

La reina blanca pensaba en destruir a la reina contraria que estaba acosando a su rey con una serie de jaques amenazadores. Pero en realidad, al rey blanco disfrutaba cada vez que era jaqueado por aquella bella reina negra enemiga. 

 

8/6/19

El nieto ajedrecista

El acelerado desarrollo tecnológico en el mundo, lo había superado por completo al abuelo. Los cambios habían sido tan veloces en los últimos tiempos que manipular la computadora o el celular era una especie de proeza inalcanzable para él. Pero igual seguía adelante, cumpliendo un rol importante acompañando a su pequeño nieto, que vivía entusiasmado con el juego de ajedrez.
— ¡Abuelo! ¡Vení que ya encendí la compu!
Una imperativa voz infantil lo llamaba desde el living.
— ¡Vamos abuelo!, ¿qué es lo que esperás?
Sus huesos cansados crujieron cuando se levantó del cómodo sillón donde estaba reposando y fue a ver a su nieto, que ansioso le estaba esperando sentado jugando una partida amistosa frente a la computadora.
— ¡Vení! ¡Mirá que bueno está esto!
Cuando el abuelo se sentó en la silla junto a la computadora para seguir las vicisitudes del juego, las piezas en el tablero de ajedrez aparecían en la pantalla bastante pequeñas y difusas ante sus ojos. En su juventud había sido un buen jugador de ajedrez y ganado varios torneos, pero ahora en la vejez las neuronas de su cerebro ya estaban oxidadas.
— ¿Ves? tengo mejor posición y ahora lo estoy atacando con todo.
— Sí, ya veo —, le dijo, tratando dificultosamente de analizar la posición a que había llegado su pequeño nieto en la partida.
El abuelo era el compañero ideal para ese niño ajedrecista, porque satisfacía incondicionalmente todos sus requerimientos y siempre festejaba efusivamente sus logros. Si bien sus padres lo mimaban, él era para su nieto un derroche de complacencia.
— Vamos abuelo, ¿te parece buena esta jugada?
— Me parece buena , pero tené cuidado por si dejaste colgada alguna pieza —, le contestó, como siempre lo hacía como forma de salir del paso rápidamente.
— Bueno, yo juego pero vos quedate a ver esta partida conmigo.
Ambos como en un acuerdo tácito se hacían mutua compañía. Después que falleció su esposa, la familia de su hijo habían venido a vivir con él y la presencia de su nieto eran ahora una inagotable fuente de alegrías y satisfacciones.
De pronto, su hijo apareció en la escena.
— Hola ¿A que están jugando? —, les preguntó.
— ¡Estamos jugando al ajedrez una partida amistosa en la computadora, papá. Quedate con nosotros para ver la partida.
Después de unos momentos los tres estaban con los ojos fijos en la pantalla, unidos por un indestructible lazo de afecto. Eran tres generaciones con sus corazones palpitando juntos.
— Sigan ustedes, que yo me voy a tirar un rato en la cama –, les dijo el abuelo, como forma de descansar, aprovechando que la llegada de su hijo lo relevaba momentáneamente de la demandante presencia de su nieto para acompañarlo frente al tablero.
— ¡Chau abuelo! —, le contestó su nieto agitando su mano como despedida , con esa inagotable energía que lo caracterizaba. Mientras él iba caminando lentamente hacia su cuarto, sentía como resonaban en su oído las risas del niño, apabullando al rival de la computadora con sus jugadas. 
Al llegar allí, el viejo se acostó rápidamente en la cama para dormitar un poco, dado que necesitaba un urgente descanso para reponerse. Con el paso de los años, lamentablemente su mente ya no estaba preparada para seguir el vertiginoso ritmo de ese ajedrez de la vida moderna, pero el cariño que tenía por su nieto nunca lo haría abandonar la partida.



I Certamen de Narrativas. Mi abuelo y yo.

Centro de Jubilados y Pensionados Centenario.

Pergamino. Buenos Aires. Argentina. Septiembre 2023.


6/6/19

Extraño rival

Les puedo describir con absoluta certeza como han ocurrido los hechos, pero ahora no puedo evitar la impresión de ser perseguido por una infinidad de fantasmas invisibles que acechan y perturban mi mente sin darme tregua.
Que quieren que les diga, mis amigos dicen que soy un loco por el ajedrez y algo de razón tienen, pero en realidad soy solo un viejo jugador apasionado por ese juego. Les cuento que todos los días que tengo que viajar en el tren para ir a la oficina en el centro de Buenos Aires, llevo alguna revista de ajedrez para resolver algún problema o leer mentalmente alguna partida, como forma de disfrutar de ese tiempo, sumergiéndome en el mundo de los trebejos.
Un día, me puse a leer con sumo placer una de las partidas que habían jugado Bobby Fischer con Tigran Petrosian en el teatro Municipal San Martín en Buenos Aires durante 1971 en un mach por la candidatura, que justamente yo había presenciado en mi juventud.
Estaba concentrado con mi mente en la partida cuando percibí que un hombre sentado frente a mi, me miraba con detenimiento. Fue al levantar la vista cuando lo ví. Era la inconfundible imagen flaca y alta del gran Bobby Fischer de aquella época, quien vestido con traje y corbata me miraba con curiosidad, interesado en lo que yo estaba leyendo.
Quedé totalmente sorprendido y luego de constatar que estaba bien despierto y no soñaba, le dije que se parecía mucho a Bobby cuando era joven y le pregunté tímidamente si tenía algún parentesco con él.
ꟷ Es que yo soy Bobby Fischerꟷ, me dijo con convicción.
No puede menos que sonreír. Evidentemente era un impostor, ya que Bobby había muerto hacía ya algunos años y por otro lado hablaba en un perfecto castellano.
ꟷ Me estás engañando, si bien te pareces mucho, vos no sos Bobby ꟷ, le dije.
ꟷ Soy el mismo que jugó el mach con Petrosían en Buenos Aires ꟷ me contestó.
Entonces, pensando que era una broma, porque seguramente él había visto la revista que yo estaba leyendo, se me ocurrió una idea brillante para desenmascararlo.
ꟷ Si sos realmente Bobby Fischer te invito a jugar una partida ꟷ, le propuse con una amplia sonrisa.
Yo estaba seguro que no habría de aceptar, porque no cualquiera que sepa bastante de ajedrez juega una partida a ciegas sin tablero de por medio.
Sin embargo, de inmediato él aceptó de muy buena gana el convite, comentándome que hacía hacía mucho tiempo que no jugaba al ajedrez y que cuando perdía se ponía muy triste.
ꟷ ¿Quieres que te dé alguna pieza de ventaja ꟷ, le pregunté con ironía.
ꟷ No necesito ninguna ventaja para ganar, y te dejo salir con blancas si quieres ꟷ, me contestó con una seguridad aplastante, ante mi completa sorpresa.
Comencé la partida diciéndole e4 y me contestó al toque con e5, transformándose rápidamente la partida en una variante de la Ruy Lopez. Ya al salir de la apertura, ante las jugadas seguras y precisas de mi contrincante, yo estaba en graves problemas y finalmente luego de perder material y encontrándome en una situación desesperada, tuve que inclinar mi rey virtual, sin poder creer aún lo que había ocurrido.
Evidentemente se trataba de un jugador de mucho nivel y todo indicaba que efectivamente había jugado con el mismísimo Bobby Fischer. Era como si su alma se hubiese corporizado con su joven figura.
Estaba muy anonadado y sorprendido, porque seguía pensando que todo aquello no podía ser y era imposible, pero cuando le iba a preguntar más detalles para aclarar bien las cosas, mi extraño rival se levantó presuroso y aprovechando que el tren ya partía de una estación, desapareció para siempre de mi vista con una sonrisa en los labios.
Que quieren que les diga, mis amigos algo de razón tienen cuando dicen que soy un loco por el ajedrez y ahora pienso que también tienen algo de razón cuando dicen que todo fue un desvarío producto de mi imaginación. Pero lo cierto es que en aquel momento fue para mí un hecho absolutamente tangible y perceptible, que me llenó de emoción.

 


3/5/19

Partida Celestial

¿Quién eres? , le preguntó Caissa, la diosa del ajedrez, cuando lo vio a entrar en sus aposentos celestiales.
Soy el alma de Capablanca y he venido desde la tierra, para invitarte a jugar una partida.
Nunca nadie me ha invitado a jugar al ajedrez, porque tengo poderes que me hacen invencible , le dijo la diosa bastante sorprendida, pero valorando dicha proposición.
Acepta, que será muy placentero para los dos y te doy la ventaja de salida con las blancas , le contestó Capablanca con una sonrisa.
Vaya que son gratas las cosas que a veces me suceden en el universo , dijo la diosa, y con mucho gusto dispuso las piezas sobre el tablero, aceptando la invitación para jugar la partida. Dicen que la partida fue ardorosamente disputada y finalmente terminó en tablas.
 

 

26/4/19

Autodidacta

En las actividades prácticas de la escuela tuvimos la primera clase de aprendizaje del ajedrez, donde nos enseñaron en el tablero los conocimientos elementales del juego y los movimientos básicos de cada una de las piezas.
El juego me gustó sobremanera y al llegar a casa quise tratar de investigar por mi cuenta algo más sobre el mismo, jugando contra un programa de la computadora. Y ese día, sin que nadie me lo enseñara, aprendí como era sufrir en carne propia ese doloroso asunto de sentir que te den jaque mate. 

 

25/4/19

La creación del ajedrez

He creado un juego maravilloso para que cualquiera pueda disfrutar de sus combinaciones y quiero que lo difundan.
¿Donde?―, indagaron aquellos que conocían la sabiduría de ese Dios todopoderoso.
En el planeta tierra―, dictaminó.
Todos estuvieron de acuerdo y así concluyó la reunión de los ángeles.


La agonía del rey

El rey estaba siendo atacado por las piezas enemigas y pensó que su derrota en esa partida de ajedrez era inminente, mientras trataba de protegerse escondiéndose detrás de algunos de los pocos peones que le quedaban.
No podía entender como había llegado a esa posición, porque si bien en la partida su ejército había cometido numerosos errores, su rival no se había quedado atrás. En un momento dado sus huestes habían obtenido ventaja material, pero luego del cambio de damas, sus piezas fueron cayendo inexorablemente una por una, hasta quedar expuesto en la grave situación actual.
Finalmente sucumbieron sus peones y el rey quedó solo frente a las numerosas amenazas de jaques en el tablero y debía moverse constantemente ante cada jugada. Las amenazas del caballo y de la torre enemiga eran muy peligrosas y en esa terrible agonía en que estaba inmerso, no cabía duda de que se acercaba el momento de su muerte con el jaque mate definitivo.
Para tratar de salvarse, el rey intentó una fuga desesperada al encontrar una diagonal libre en el tablero y en medio de los jaques de las piezas atacantes se lanzó por esa senda a paso decidido, hasta que por último lo frenó una torre, quien cerró una de las escasas vías de escape que le habían quedado.
Pero cuando llegó el momento en que era inevitable el jaque mate final, las piezas rivales le dieron un pequeño respiro y entonces, aunque parezca mentira, ocurrió el milagro de su salvación. Todas las casillas donde podía ir el Rey estaban amenazadas y al quedar ahogado en su posición, el resultado de la partida fue tablas. 
¡Que posibilidades mágicas y a la vez maravillosas tiene el ajedrez! , pensaba el rey, mientras era encerrado junto con las demás piezas en la caja de madera, donde envuelto en la oscuridad y el silencio, por unos días descansaría en paz de la agonía sufrida en esa dura batalla.

 

19/4/19

Diosa protectora

Era un jugador de ajedrez con un fanatismo enfermizo, pero esa noche después de una sucesión de derrotas, creía que las llamas de su pasión se le habían apagado para siempre. Se había destacado en el ámbito ajedrecístico ganando algunos torneos, pero lo cierto es que los últimos meses habían sido terribles para él.
Casi sin darse cuenta, se encontró en esa noche ante la puerta del subterráneo y sumido en un ataque de desesperación decidió entrar. Luego, parado en el borde del andén junto a numerosas personas, un fugaz escalofrío le recorrió el cuerpo, mientras pensaba que le restaban escasos minutos de vida, porque cuando el tren entrara en la estación se arrojaría a las vías. 
Echó una rápida mirada a las personas que estaban junto a él en el andén, esperando indiferentes y ansiosos la llegada del tren. Entonces, mientras ya sentía el rumor del primer vagón del subte, que ya se aproximaba para entrar al andén, dirigió la vista hacia las vías, dispuesto a tirarse. Repentinamente, una completa oscuridad invadió la estación al cortarse la energía eléctrica, ante la sorpresa generalizada de la gente. 
Fue en ese preciso instante cuando escuchó una dulce voz que le decía:
ꟷ Tranquilízate insensato que tu última hora no ha llegado aún ꟷ, y al levantar la vista quedó obnubilado, porque tenía frente a él nada menos que a Caissa la diosa del ajedrez que estaba suspendida en el aire, flotando sobre las vías, irradiando su armoniosa majestuosidad.
Pocos instantes después se encendieron las luces de emergencia, mientras una voz metálica que provenía de un empleado provisto con un megáfono, anunciaba que el tren se había detenido y el servicio estaba interrumpido. Entonces él se dirigió hacia la salida junto al grupo de gente que pugnaba por abandonar la estación.
ꟷ Creo que tu intención de suicidarte por perder al ajedrez es alocada, y por ello te he salvado la vida. Te aconsejo que busques estudiar con calma cuales fueron los errores cometidos en las partidas que ocasionaron tus derrotas, y verás como adquieres la experiencia necesaria para no volver a repetirlos ꟷ, le dijo la diosa que lo acompañaba flotando, mientras él subía las escaleras que lo conducían a la calle.
Fue al salir de la estación en esa noche, cuando volvió a resurgir en su mente su fanatismo ajedrecístico y pensando en no desaprovechar esa oportunidad que se le presentaba en la vida, decidió solicitarle algo a la diosa. Y una vez que estuvo en la vereda, le pidió que a cambio de estudiar los errores cometidos en las partidas, lo dotara de la capacidad intelectual necesaria como para llegar a ser campeón mundial de ajedrez.
Ante este insólito pedido, la diosa quedó completamente sorprendida, mientras él seguía caminando mirándola como sobrevolaba nerviosa a su lado. En ese momento cruzó la calle sin ver que estaba a punto de cambiar la luz del semáforo. Cuando intentó apurar el paso al percatarse de ello, tropezó doblándose un pie y cayó pesadamente sobre el asfalto, justo cuando los automóviles arrancaron presurosamente con la luz verde, en medio de la oscuridad de la noche.
Conmocionado por la caída y al ver como los autos se acercaban velozmente hacia él, pensó por un instante que sus anteriores deseos finalmente se cumplirían, pero ahora ya no quería morir. Fue allí cuando vio nuevamente a la diosa y escuchó las estrepitosas frenadas de los coches, que se detuvieron solo a unos pocos centímetros de su cuerpo. Al tratar de reincorporarse sintiendo un dolor intenso en el tobillo, vio a Caissa que lo saludaba sonriendo y luego como se perdía a lo lejos su radiante silueta en la noche.
Poco después, él reposaba en una sala del hospital con uno de sus pies recientemente enyesado, mientras analizaba los errores que había cometido en una de sus últimas partidas de ajedrez en un pequeño tablero portátil de cuero, que siempre llevaba consigo.
— A tenido mucha suerte en salvar la vida cuando trató de cruzar la calle sin mirar, y encima tropezar y caerse en medio de los coches— le dijo el médico cuando se le acercó a revisarlo.
— Es que tengo una diosa que me protege y ahora estoy esperando que me conceda un pedido —, le contestó con una sonrisa, mientras apoyaba el tablero de ajedrez sobre la almohada.

 
 

13/4/19

La muerte del rey

El tiempo perceptible de la vida del rey se está quebrando en pedazos dentro del tablero, como si fueran astillas invisibles que lastiman y desgarran su investidura. Su situación es desesperante y la espera de la muerte se torna insoportable para él, sufriendo una agonía que lo va conduciendo por los senderos intrincados de los jaques, hasta que finalmente recibe la estocada mortal del jaque mate.
Pero en el ajedrez, al igual que en las sociedades majestuosas, la muerte del rey nunca es para siempre. ¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey! Ya comienza otra partida.



15/3/19

Amor frustrado

Si en algún momento estuviese a su lado, trataría como si fuera una dama traviesa de susurrarle palabras de amor en su oído, aunque la guerra continuara y el campo de batalla siguiera sembrándose de muerte. Pero aunque no sucediera ese encuentro por los avatares de la lucha, estoy segura que viviría para siempre en mi espíritu el recuerdo de su negra y majestuosa imagen.
Pero tuve suerte, y el destino quiso que llegue hacia él con mi corazón anhelante y entonces nos miramos uno al otro, como llamándonos a hacer el amor. Sin embargo, cuando estuve al alcance de su cuerpo, una mano asió con fuerza mi blanca cabeza, mientras el grito de ¡Jaque mate! tronaba sobre el tablero.



14/3/19

Partida de despedida

Estábamos cursando el último año en la carrera de ingeniería y como ambos éramos fanáticos del ajedrez, el destino quiso que nos conociéramos en un torneo organizado por el Centro de Estudiantes de la Facultad de Buenos Aires. Después de perder con ella la primera partida que disputé, la invité a un café y sonriendo, aceptó encantada. Ése fue el comienzo de nuestro noviazgo que duró algo más de un año.
Cuando nos recibimos, ella estuvo más interesada en alcanzar sus objetivos profesionales que en mantener una estrecha relación amorosa conmigo. Por ello, aceptó el trabajo en una empresa radicada en Madrid, mientras que yo ingresaba en un humilde cargo de Docente Auxiliar en la Facultad. Sin embargo, nuestro vínculo sentimental continuó durante un tiempo más, manteniéndonos en una constante y permanente conexión por Internet, en la que aprovechábamos para jugar al ajedrez en la red.
Pero al poco tiempo nuestra relación empezó a tener muchas desavenencias, envueltas entre una desatada lucha ajedrecística que se producía en los tableros de nuestros monitores, en la que en la mayoría de las veces me ganaba, porque el nivel de mi juego iba decayendo paulatinamente, junto con mis esperanzas de amor.
Finalmente ella decidió cortar para siempre con nuestro contacto epistolar y entonces, decidimos jugar nuestra última partida por Internet como despedida, que me ganó como había ocurrido cuando nos conocimos. Al apagar la computadora después perder esa última partida, me vi reflejado al oscurecerse la pantalla con mi rostro compungido, pensando que también mi vida había perdido su amor.
Luego de aquella triste despedida, extrañé muchísimo aquellas partidas que jugábamos con ella  y entonces me anoté en varios torneos de ajedrez on-line que se organizan en la Web. Y aunque parezca mentira, hasta ahora he participado con bastante éxito, porque me he dado cuenta que envuelto en la tristeza y la soledad, he empezado a jugar mucho mejor.

 



8/3/19

Campeón eterno

Estaba una noche escribiendo con mi notebook sobre el escritorio en mi cuarto de trabajo, cuando de pronto ví que alguien se paró a mi lado y de inmediato lo reconocí. Tenía sus ojos encendidos, con una barba recortada en su rostro demacrado y vestía con el mismo pantalón, camisa y corbata que yo había imaginado para el personaje del campeón mundial de ajedrez. Justo en ese momento estaba definiendo el resultado de la partida final en el mach por el título, para concluir la nueva novela que estaba por publicar.
ꟷ ¿Qué haces aquí parado?ꟷ, le pregunté.
ꟷ Estoy intrigado por saber el resultado de esa última partida del mach que estoy disputando ꟷ, me contestó.
ꟷ Ya tengo decidido que perderás el título ꟷ, le respondí.
ꟷ Pero eso es una injusticia total que empañará para siempre mi trayectoria ꟷ, me dijo enojado.
ꟷ Si bien te he definido como el jugador más prestigioso del mundo, yo soy el escritor que determina el destino de los personajes en la historia que estoy elaborando.
¿Entonces, ya has tomado la decisión? ꟷ, me preguntó mirándome con fijeza.
Sí, ya he decidido que finalmente el título mundial quede en manos del retador, que es un jugador mucho más joven y que tiene un destino más promisorio que el tuyo , le contesté.
Fue allí que me increpó con un tono amenazante:
Vaya, vaya, quién lo iba a decir ... ¡Después de toda esta terrible lucha ajedrecística que me hiciste realizar, al fin me entero de lo que me va a pasar y por eso voy a hacer algo que seguramente tú no has pensado! 
Sus palabras me intrigaron: 
ꟷ ¿Vas a hacer algo que yo no he pensado?ꟷ, le pregunté.
¿No lo adivinas? Voy a matarte ꟷ, me contestó.
¿Como dices?
Como lo oyes, voy a matarte y de esa manera me convertiré en el eterno campeón mundial de ajedrez de tu novela inconclusa.
¿Pero no te das cuenta que solo eres un personaje novelesco y que dependes absolutamente de mi? Yo te creé y soy el que decido sobre ti, así que te pido por favor que te vayas y me dejes terminar mi obra literaria tranquilo.
De pronto un cuchillo relumbró en su mano derecha y con su rostro encendido de cólera, el campeón se abalanzó sobre mí con un ímpetu diabólico. Apenas tuve tiempo de eludir la embestida, cuando me desperté sobresaltado con mi cabeza apoyada sobre el escritorio.
Al abrir los ojos, al ver la familiar imagen de mi notebook aún encendida, respiré honda y profundamente durante unos minutos y luego que lentamente mi conciencia retornó a la realidad, concluí la historia haciéndole perder el título mundial en la última partida del mach como tenía previsto. Por suerte, pasados ya varios años de publicada la novela, nunca más en algún sueño he vuelto a toparme con él.
 


26/2/19

Tímido ajedrecista

Ahí estaba ese libro de Kamasutra ilustrado, que tanto llamaba la atención al juvenil maestro de ajedrez en la estantería de la librería. Sería cuestión de estirar la mano, tomarlo, caminar con él hasta el mostrador y sencillamente comprarlo. Pero tenía mucha vergüenza por lo que llegaría a pensar la chica vendedora, que siempre lo trataba muy dulcemente y con una mirada angelical.
Entonces cambió de planes y adquirió un libro teórico de ajedrez posicional, pensando que volvería el sábado siguiente, que era el día en que atendía normalmente el negocio un joven vendedor.
Es un libro muy bueno y practicando alguna de sus posiciones, a nosotros nos resultó una experiencia interesante para salir un poco de la rutina ꟷ, le dijo el sábado el muchacho, mientras envolvía el libro para entregárselo.
ꟷ ¿Es Ud. casado? ꟷ , le preguntó tímidamente el maestro.
ꟷ No, pero vivo en pareja desde hace algún tiempo con la chica que atiende esta librería los días de semana, le contestó el joven con una sonrisa.



17/2/19

Lucha imaginaria

El maestro estaba algo incómodo y nervioso porque en la apertura de la partida la posición de sus piezas en el tablero no eran del todo satisfactoria, pero con su mente emprendedora se dispuso a luchar contra aquellas amenazas que se cernían sobre su estructura de peones y tenía la ilusión de salvarse.
Por ello, eligió dentro de las variantes posibles, una que lo conducía a un medio juego que podría derivar en un final con posibilidades de tablas. Pero durante el desarrollo de la partida su situación fue mejorando paulatinamente, dado que sus piezas fueron ganando terreno, creando debilidades notorias en la posición de su rival, mientras el reloj de éste corría inexorablemente, consumiendo mucho tiempo en el análisis. 
Finalmente, y luego de una intensa lucha, mientras un progresivo y extraño resplandor iba iluminando el tablero, el maestro logró ganar calidad y su situación se tornó muy ventajosa. Sin embargo, envuelto por completo en esa luz misteriosa, no pudo paladear el sabor del triunfo, porque la claridad de la mañana lo despertó a la realidad. 
Al abrir los ojos, la familiar imagen de su dormitorio le mostró el escenario de su existencia actual sobre esa cama de sábanas revueltas. Entonces, respiró honda y profundamente durante unos minutos, sin poder creer como su mente había podido reproducir en un sueño, esa vibrante lucha ajedrecística.
Y mientras lentamente su conciencia comenzó a retornar al tiempo presente, el maestro no sentía ninguna desazón por no haber podido disfrutar del triunfo en ese sueño imaginario. Por el contrario, con su corazón latiendo de alegría pensaba en la satisfacción real que había tenido en esa noche, luego de haber ganado esa partida en el torneo de ajedrez.



8/2/19

El extraño hombre barbudo

En un día frío de invierno, me llamó la atención la extraña figura de un hombre barbudo, quien provisto de una gorra con visera, estaba sentado junto a mí en la barra de un bar, cada uno frente a su pocillo de café. Como forma de entablar conversación le hablé sobre el tiempo y luego de tocar varios temas, el hombre me reveló que había venido de visita al pueblo invitado por un viejo amigo para jugar unas partidas de ajedrez.
Cuando supe que era jugador de ajedrez, si bien yo soy un simple aficionado y conozco muy poco de esa actividad en el ámbito profesional, como el ajedrez me gusta mucho, no pude menos que elogiar las múltiples bondades de dicho juego.
No crea que es algo tan estupendo, también es un juego muy competitivo donde en el mundo hay muchos intereses de por medio, que hacen que un jugador exitoso tenga que soportar en algún momento de su vida, tanta soledad, persecución y desamparo, que finalmente lo lleven a rebelarse contra el sistema , me replicó con convicción. 
Tal aseveración me dejó impresionado y a la vez intrigado por saber la identidad de ese personaje que presuntamente debería ser bastante conocido en los medios ajedrecísticos, por lo que tras un rato de silencio y luego de tomar un sorbo de café, me atreví a preguntarle quien era. 
Soy Bobby Fischer, para servirle, aunque ahora después de tantos años de haber abandonado el título mundial de ajedrez, mi imagen está un poco deteriorada , me contestó sonriendo el hombre barbudo.