21/7/19

Embrujo maligno

Deseo que un milagro rompa de una vez por todas este embrujo maligno y pueda volver de nuevo a ser una mujer de carne y hueso. Acá estoy convertida en una dama blanca e inmaculada sobre este tablero de ajedrez, acosada permanentemente por un montón de excitados peones y sufriendo en cada jugada que hace este nene travieso, que está dando los primeros pasos en el juego.




Seleccionado XI Concurso de microrrelatos.

Incluido en el libro Pluma, tinta y papel XI.

Diversidad Literaria. España. Abril 2022.



11/7/19

Bella dama de marfil

El día de los enamorados jugando una partida de ajedrez pensé que los labios húmedos y tiernos de mi novia, eran los de la bella dama blanca de marfil de mi adversario. Ante mis ojos estaba ella, tan accesible, hermosa y apetecible, que muy ansioso pensaba alzarla con mi caballo en la jugada siguiente. Fue allí que sorpresivamente escuché el grito de “¡jaque mate!” de mi rival que me paralizó el corazón. Y entonces, mi alma se llenó de impotencia en ese ilusorio tablero de ajedrez de mi vida.
 


10/7/19

La partida inconclusa

Después del holocausto nuclear ya nadie con vida existía en la tierra, y solo había quedado operando con su batería una notebook. Estaba esperando que el ajedrecista que jugaba una partida con uno de sus programas, ejecutara la movida correspondiente, antes que se produjera la hecatombe. De pronto, frente a ella apareció mágicamente el espíritu corporizado de Capablanca, deseoso de ganarle a la máquina esa última partida de ajedrez inconclusa de la humanidad.
 



Promesas incumplidas

Cuando comenzó la batalla, el rey le había prometido a la reina que siempre estarían juntos en la lucha que librarían contra el ejército enemigo. Pero después de las primeras escaramuzas que amenazaron su vida, el muy cobarde se apartó de ella y escapó abandonándola a su suerte, para ir a protegerse tras una torre, aprovechando la seguridad que le brindaba un enroque.



La dama infiel

— Sos un incapaz que no sabes defender tu reino. Deberías haber actuado con ese carácter valiente y decidido que tiene aquel peón, que siempre va hacia delante y nunca retrocede —, le dijo la dama, señalándoselo al rey.
— Sin embargo, todavía estás conmigo y aún no está todo perdido—, le repicó el rey.
— Sos un rey obcecado que no te das cuenta que las fuerzas enemigas ya nos están cercando. Ahora no me queda más remedio que buscar a alguien para que me proteja de las amenazas, porque si me atrapan cae el reino —, le dijo la dama, y al terminar la frase, cuando el rey giró la cabeza, grande fue su sorpresa al ver que ella ya no estaba a su lado.
La muy infiel se había ido corriendo presurosa para guarecerse del peligro que la asechaba, tras ese joven y esbelto peón que la había subyugado.



Ajedrez simétrico

Un joven aficionado que estaba dando los primeros pasos en el aprendizaje del juego de ajedrez, pensó que con las piezas negras y reiterando las jugadas de su rival podría tranquilamente aspirar a tablas.
De esa manera, luego de los primeros movimentos estaba muy satisfecho porque sus piezas habían quedado ubicadas en el tablero en foma simétrica a la de su rival, en una posición de completa igualdad. Hasta que el jugador de las blancas destruyó todos sus planes con el primer jaque al rey.


14/6/19

Remordimiento

Cállate remordimiento y dime qué tengo que hacer para que me dejes. Es cierto que me equivoqué y perdí la gran oportunidad ajedrecística de mi vida, porque con solo empatar ganaba el torneo. ¿No te parece que ya he tenido suficiente sufrimiento con haber perdido tan tontamente esa partida?

Por favor, márchate de mi conciencia, vuelve de donde viniste y déjame dormir tranquilo. Ya no soporto más que me reproches el hecho de no haber aceptado las tablas. Es que yo no quería especular dado que tenía una posición superior, y nunca pensé que luego iba a perder por no ver una sencilla jugada ganadora de mi rival.

 


12/6/19

Rey acosado

La reina blanca pensaba en destruir a la reina contraria que estaba acosando a su rey con una serie de jaques amenazadores. Pero en realidad, al rey blanco disfrutaba cada vez que era jaqueado por aquella bella reina negra enemiga. 

 

8/6/19

El nieto ajedrecista

El acelerado desarrollo tecnológico en el mundo, lo había superado por completo al abuelo. Los cambios habían sido tan veloces en los últimos tiempos que manipular la computadora o el celular era una especie de proeza inalcanzable para él. Pero igual seguía adelante, cumpliendo un rol importante acompañando a su pequeño nieto, que vivía entusiasmado con el juego de ajedrez.
— ¡Abuelo! ¡Vení que ya encendí la compu!
Una imperativa voz infantil lo llamaba desde el living.
— ¡Vamos abuelo!, ¿qué es lo que esperás?
Sus huesos cansados crujieron cuando se levantó del cómodo sillón donde estaba reposando y fue a ver a su nieto, que ansioso le estaba esperando sentado jugando una partida amistosa frente a la computadora.
— ¡Vení! ¡Mirá que bueno está esto!
Cuando el abuelo se sentó en la silla junto a la computadora para seguir las vicisitudes del juego, las piezas en el tablero de ajedrez aparecían en la pantalla bastante pequeñas y difusas ante sus ojos. En su juventud había sido un buen jugador de ajedrez y ganado varios torneos, pero ahora en la vejez las neuronas de su cerebro ya estaban oxidadas.
— ¿Ves? tengo mejor posición y ahora lo estoy atacando con todo.
— Sí, ya veo —, le dijo, tratando dificultosamente de analizar la posición a que había llegado su pequeño nieto en la partida.
El abuelo era el compañero ideal para ese niño ajedrecista, porque satisfacía incondicionalmente todos sus requerimientos y siempre festejaba efusivamente sus logros. Si bien sus padres lo mimaban, él era para su nieto un derroche de complacencia.
— Vamos abuelo, ¿te parece buena esta jugada?
— Me parece buena , pero tené cuidado por si dejaste colgada alguna pieza —, le contestó, como siempre lo hacía como forma de salir del paso rápidamente.
— Bueno, yo juego pero vos quedate a ver esta partida conmigo.
Ambos como en un acuerdo tácito se hacían mutua compañía. Después que falleció su esposa, la familia de su hijo habían venido a vivir con él y la presencia de su nieto eran ahora una inagotable fuente de alegrías y satisfacciones.
De pronto, su hijo apareció en la escena.
— Hola ¿A que están jugando? —, les preguntó.
— ¡Estamos jugando al ajedrez una partida amistosa en la computadora, papá. Quedate con nosotros para ver la partida.
Después de unos momentos los tres estaban con los ojos fijos en la pantalla, unidos por un indestructible lazo de afecto. Eran tres generaciones con sus corazones palpitando juntos.
— Sigan ustedes, que yo me voy a tirar un rato en la cama –, les dijo el abuelo, como forma de descansar, aprovechando que la llegada de su hijo lo relevaba momentáneamente de la demandante presencia de su nieto para acompañarlo frente al tablero.
— ¡Chau abuelo! —, le contestó su nieto agitando su mano como despedida , con esa inagotable energía que lo caracterizaba. Mientras él iba caminando lentamente hacia su cuarto, sentía como resonaban en su oído las risas del niño, apabullando al rival de la computadora con sus jugadas. 
Al llegar allí, el viejo se acostó rápidamente en la cama para dormitar un poco, dado que necesitaba un urgente descanso para reponerse. Con el paso de los años, lamentablemente su mente ya no estaba preparada para seguir el vertiginoso ritmo de ese ajedrez de la vida moderna, pero el cariño que tenía por su nieto nunca lo haría abandonar la partida.



I Certamen de Narrativas. Mi abuelo y yo.

Centro de Jubilados y Pensionados Centenario.

Pergamino. Buenos Aires. Argentina. Septiembre 2023.


6/6/19

Extraño rival

Les puedo describir con absoluta certeza como han ocurrido los hechos, pero ahora no puedo evitar la impresión de ser perseguido por una infinidad de fantasmas invisibles que acechan y perturban mi mente sin darme tregua.
Que quieren que les diga, mis amigos dicen que soy un loco por el ajedrez y algo de razón tienen, pero en realidad soy solo un viejo jugador apasionado por ese juego. Les cuento que todos los días que tengo que viajar en el tren para ir a la oficina en el centro de Buenos Aires, llevo alguna revista de ajedrez para resolver algún problema o leer mentalmente alguna partida, como forma de disfrutar de ese tiempo, sumergiéndome en el mundo de los trebejos.
Un día, me puse a leer con sumo placer una de las partidas que habían jugado Bobby Fischer con Tigran Petrosian en el teatro Municipal San Martín en Buenos Aires durante 1971 en un mach por la candidatura, que justamente yo había presenciado en mi juventud.
Estaba concentrado con mi mente en la partida cuando percibí que un hombre sentado frente a mi, me miraba con detenimiento. Fue al levantar la vista cuando lo ví. Era la inconfundible imagen flaca y alta del gran Bobby Fischer de aquella época, quien vestido con traje y corbata me miraba con curiosidad, interesado en lo que yo estaba leyendo.
Quedé totalmente sorprendido y luego de constatar que estaba bien despierto y no soñaba, le dije que se parecía mucho a Bobby cuando era joven y le pregunté tímidamente si tenía algún parentesco con él.
ꟷ Es que yo soy Bobby Fischerꟷ, me dijo con convicción.
No puede menos que sonreír. Evidentemente era un impostor, ya que Bobby había muerto hacía ya algunos años y por otro lado hablaba en un perfecto castellano.
ꟷ Me estás engañando, si bien te pareces mucho, vos no sos Bobby ꟷ, le dije.
ꟷ Soy el mismo que jugó el mach con Petrosían en Buenos Aires ꟷ me contestó.
Entonces, pensando que era una broma, porque seguramente él había visto la revista que yo estaba leyendo, se me ocurrió una idea brillante para desenmascararlo.
ꟷ Si sos realmente Bobby Fischer te invito a jugar una partida ꟷ, le propuse con una amplia sonrisa.
Yo estaba seguro que no habría de aceptar, porque no cualquiera que sepa bastante de ajedrez juega una partida a ciegas sin tablero de por medio.
Sin embargo, de inmediato él aceptó de muy buena gana el convite, comentándome que hacía hacía mucho tiempo que no jugaba al ajedrez y que cuando perdía se ponía muy triste.
ꟷ ¿Quieres que te dé alguna pieza de ventaja ꟷ, le pregunté con ironía.
ꟷ No necesito ninguna ventaja para ganar, y te dejo salir con blancas si quieres ꟷ, me contestó con una seguridad aplastante, ante mi completa sorpresa.
Comencé la partida diciéndole e4 y me contestó al toque con e5, transformándose rápidamente la partida en una variante de la Ruy Lopez. Ya al salir de la apertura, ante las jugadas seguras y precisas de mi contrincante, yo estaba en graves problemas y finalmente luego de perder material y encontrándome en una situación desesperada, tuve que inclinar mi rey virtual, sin poder creer aún lo que había ocurrido.
Evidentemente se trataba de un jugador de mucho nivel y todo indicaba que efectivamente había jugado con el mismísimo Bobby Fischer. Era como si su alma se hubiese corporizado con su joven figura.
Estaba muy anonadado y sorprendido, porque seguía pensando que todo aquello no podía ser y era imposible, pero cuando le iba a preguntar más detalles para aclarar bien las cosas, mi extraño rival se levantó presuroso y aprovechando que el tren ya partía de una estación, desapareció para siempre de mi vista con una sonrisa en los labios.
Que quieren que les diga, mis amigos algo de razón tienen cuando dicen que soy un loco por el ajedrez y ahora pienso que también tienen algo de razón cuando dicen que todo fue un desvarío producto de mi imaginación. Pero lo cierto es que en aquel momento fue para mí un hecho absolutamente tangible y perceptible, que me llenó de emoción.

 


3/5/19

Partida Celestial

¿Quién eres? , le preguntó Caissa, la diosa del ajedrez, cuando lo vio a entrar en sus aposentos celestiales.
Soy el alma de Capablanca y he venido desde la tierra, para invitarte a jugar una partida.
Nunca nadie me ha invitado a jugar al ajedrez, porque tengo poderes que me hacen invencible , le dijo la diosa bastante sorprendida, pero valorando dicha proposición.
Acepta, que será muy placentero para los dos y te doy la ventaja de salida con las blancas , le contestó Capablanca con una sonrisa.
Vaya que son gratas las cosas que a veces me suceden en el universo , dijo la diosa, y con mucho gusto dispuso las piezas sobre el tablero, aceptando la invitación para jugar la partida. Dicen que la partida fue ardorosamente disputada y finalmente terminó en tablas.
 

 

26/4/19

Autodidacta

En las actividades prácticas de la escuela tuvimos la primera clase de aprendizaje del ajedrez, donde nos enseñaron en el tablero los conocimientos elementales del juego y los movimientos básicos de cada una de las piezas.
El juego me gustó sobremanera y al llegar a casa quise tratar de investigar por mi cuenta algo más sobre el mismo, jugando contra un programa de la computadora. Y ese día, sin que nadie me lo enseñara, aprendí como era sufrir en carne propia ese doloroso asunto de sentir que te den jaque mate. 

 

25/4/19

La creación del ajedrez

He creado un juego maravilloso para que cualquiera pueda disfrutar de sus combinaciones y quiero que lo difundan.
¿Donde?―, indagaron aquellos que conocían la sabiduría de ese Dios todopoderoso.
En el planeta tierra―, dictaminó.
Todos estuvieron de acuerdo y así concluyó la reunión de los ángeles.


La agonía del rey

El rey estaba siendo atacado por las piezas enemigas y pensó que su derrota en esa partida de ajedrez era inminente, mientras trataba de protegerse escondiéndose detrás de algunos de los pocos peones que le quedaban.
No podía entender como había llegado a esa posición, porque si bien en la partida su ejército había cometido numerosos errores, su rival no se había quedado atrás. En un momento dado sus huestes habían obtenido ventaja material, pero luego del cambio de damas, sus piezas fueron cayendo inexorablemente una por una, hasta quedar expuesto en la grave situación actual.
Finalmente sucumbieron sus peones y el rey quedó solo frente a las numerosas amenazas de jaques en el tablero y debía moverse constantemente ante cada jugada. Las amenazas del caballo y de la torre enemiga eran muy peligrosas y en esa terrible agonía en que estaba inmerso, no cabía duda de que se acercaba el momento de su muerte con el jaque mate definitivo.
Para tratar de salvarse, el rey intentó una fuga desesperada al encontrar una diagonal libre en el tablero y en medio de los jaques de las piezas atacantes se lanzó por esa senda a paso decidido, hasta que por último lo frenó una torre, quien cerró una de las escasas vías de escape que le habían quedado.
Pero cuando llegó el momento en que era inevitable el jaque mate final, las piezas rivales le dieron un pequeño respiro y entonces, aunque parezca mentira, ocurrió el milagro de su salvación. Todas las casillas donde podía ir el Rey estaban amenazadas y al quedar ahogado en su posición, el resultado de la partida fue tablas. 
¡Que posibilidades mágicas y a la vez maravillosas tiene el ajedrez! , pensaba el rey, mientras era encerrado junto con las demás piezas en la caja de madera, donde envuelto en la oscuridad y el silencio, por unos días descansaría en paz de la agonía sufrida en esa dura batalla.

 

19/4/19

Diosa protectora

Era un jugador de ajedrez con un fanatismo enfermizo, pero esa noche después de una sucesión de derrotas, creía que las llamas de su pasión se le habían apagado para siempre. Se había destacado en el ámbito ajedrecístico ganando algunos torneos, pero lo cierto es que los últimos meses habían sido terribles para él.
Casi sin darse cuenta, se encontró en esa noche ante la puerta del subterráneo y sumido en un ataque de desesperación decidió entrar. Luego, parado en el borde del andén junto a numerosas personas, un fugaz escalofrío le recorrió el cuerpo, mientras pensaba que le restaban escasos minutos de vida, porque cuando el tren entrara en la estación se arrojaría a las vías. 
Echó una rápida mirada a las personas que estaban junto a él en el andén, esperando indiferentes y ansiosos la llegada del tren. Entonces, mientras ya sentía el rumor del primer vagón del subte, que ya se aproximaba para entrar al andén, dirigió la vista hacia las vías, dispuesto a tirarse. Repentinamente, una completa oscuridad invadió la estación al cortarse la energía eléctrica, ante la sorpresa generalizada de la gente. 
Fue en ese preciso instante cuando escuchó una dulce voz que le decía:
ꟷ Tranquilízate insensato que tu última hora no ha llegado aún ꟷ, y al levantar la vista quedó obnubilado, porque tenía frente a él nada menos que a Caissa la diosa del ajedrez que estaba suspendida en el aire, flotando sobre las vías, irradiando su armoniosa majestuosidad.
Pocos instantes después se encendieron las luces de emergencia, mientras una voz metálica que provenía de un empleado provisto con un megáfono, anunciaba que el tren se había detenido y el servicio estaba interrumpido. Entonces él se dirigió hacia la salida junto al grupo de gente que pugnaba por abandonar la estación.
ꟷ Creo que tu intención de suicidarte por perder al ajedrez es alocada, y por ello te he salvado la vida. Te aconsejo que busques estudiar con calma cuales fueron los errores cometidos en las partidas que ocasionaron tus derrotas, y verás como adquieres la experiencia necesaria para no volver a repetirlos ꟷ, le dijo la diosa que lo acompañaba flotando, mientras él subía las escaleras que lo conducían a la calle.
Fue al salir de la estación en esa noche, cuando volvió a resurgir en su mente su fanatismo ajedrecístico y pensando en no desaprovechar esa oportunidad que se le presentaba en la vida, decidió solicitarle algo a la diosa. Y una vez que estuvo en la vereda, le pidió que a cambio de estudiar los errores cometidos en las partidas, lo dotara de la capacidad intelectual necesaria como para llegar a ser campeón mundial de ajedrez.
Ante este insólito pedido, la diosa quedó completamente sorprendida, mientras él seguía caminando mirándola como sobrevolaba nerviosa a su lado. En ese momento cruzó la calle sin ver que estaba a punto de cambiar la luz del semáforo. Cuando intentó apurar el paso al percatarse de ello, tropezó doblándose un pie y cayó pesadamente sobre el asfalto, justo cuando los automóviles arrancaron presurosamente con la luz verde, en medio de la oscuridad de la noche.
Conmocionado por la caída y al ver como los autos se acercaban velozmente hacia él, pensó por un instante que sus anteriores deseos finalmente se cumplirían, pero ahora ya no quería morir. Fue allí cuando vio nuevamente a la diosa y escuchó las estrepitosas frenadas de los coches, que se detuvieron solo a unos pocos centímetros de su cuerpo. Al tratar de reincorporarse sintiendo un dolor intenso en el tobillo, vio a Caissa que lo saludaba sonriendo y luego como se perdía a lo lejos su radiante silueta en la noche.
Poco después, él reposaba en una sala del hospital con uno de sus pies recientemente enyesado, mientras analizaba los errores que había cometido en una de sus últimas partidas de ajedrez en un pequeño tablero portátil de cuero, que siempre llevaba consigo.
— A tenido mucha suerte en salvar la vida cuando trató de cruzar la calle sin mirar, y encima tropezar y caerse en medio de los coches— le dijo el médico cuando se le acercó a revisarlo.
— Es que tengo una diosa que me protege y ahora estoy esperando que me conceda un pedido —, le contestó con una sonrisa, mientras apoyaba el tablero de ajedrez sobre la almohada.

 
 

13/4/19

La muerte del rey

El tiempo perceptible de la vida del rey se está quebrando en pedazos dentro del tablero, como si fueran astillas invisibles que lastiman y desgarran su investidura. Su situación es desesperante y la espera de la muerte se torna insoportable para él, sufriendo una agonía que lo va conduciendo por los senderos intrincados de los jaques, hasta que finalmente recibe la estocada mortal del jaque mate.
Pero en el ajedrez, al igual que en las sociedades majestuosas, la muerte del rey nunca es para siempre. ¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey! Ya comienza otra partida.