14/1/22

Alma en pena

Esa tarde me sentía muy agobiado y con mi mente en blanco, al sentarme en la barra del bar del club de ajedrez. Fue al ver su foto en la tapa de un diario que estaba sobre el mostrador, cuando palidecí y un frío sudor cubrió mi frente. El título decía que mi amigo había dejado de existir anoche en un accidente automovilístico, después de haber ganado el torneo que lo había consagrado campeón de ajedrez de la Región.

Volví a ver la foto con mis manos temblando. No cabía duda que era la imagen de mi amigo, con el que justamente ayer por la noche lo había acompañado en su coche, luego de haber  perdido la partida definitoria en ese torneo. Pero lo que era realmente extraño es que él se encontraba ahora sentado en una mesa del fondo como de costumbre.

Cuando levanté la vista, y vi que se acercaba hacia mi, me asusté.

No puede ser —, le grité al barman, mostrándole el periódico y señalándolo. Sin embargo éste ni se inmutó , e hizo como si no me hubiera escuchado.

Es que él ni nadie puede vernos, ni escucharnos. Por favor, lee completa la noticia en el diario —, me dijo mi amigo al llegar junto a mí

Entonces, constaté con asombro que mi nombre estaba entre los fallecidos




13/1/22

Ronda nocturna

Cuando el encargado de la seguridad en el circo estaba efectuando la ronda de control a altas horas de la noche, le llamó la atención que en una de las casillas que servían de dormitorios a los artistas, las luces estaban completamente encendidas. Al mirar por la ventana, vio que las piezas de ajedrez se movían solas sobre el tablero apoyado sobre la mesa. Entonces esbozó una amplia sonrisa, pensando que seguramente el hombre y la mujer invisible que allí dormían, estarían enfrascados jugando una apasionante partida de ajedrez. 

 


 

12/1/22

Rebelión en el tablero

La rebelión del los peones fue el preludio, la que contó con la adhesión de los caballos, los alfiles y las torres, quienes luego se plegaron a la lucha. ¡Viva la República! gritaban las piezas enfervorizadas, ante la mirada atónita de la realeza sobre el majestuoso tablero de ajedrez.

 


 

4/1/22

Seguimos jugando

Mi amigo murió hace unos meses, pero sigue jugando en nuestro departamento contra mi programa de ajedrez. Su muerte me ha arrebatado una parte de la convivencia, pero la soledad no me pesa, porque de alguna manera nos seguimos encontrando. No nos vemos durante el día, pero en la medianoche siento que me enciende, y al percibir que se mueven las piezas en mi monitor de tablet, yo sé que está a mi lado. Lo único que me inquieta es que a veces no me gusta la partida, y entonces me cuelgo y lo obligo a reiniciar.




















Finalista XI Concurso de Microrrelatos. Melgar.
Incluido en el libro: Regresión.
Letras como Espada. España. Octubre 2025.

27/12/21

La vida por delante

Se despertó cuando el sol asomaba sobre los edificios de la ciudad. La mañana había avanzado y no había escuchado la campanilla del despertador. El suyo fue un sueño sobresaltado, poblado de imágenes y sonidos familiares, cargado de anhelos insatisfechos que lo perseguían sin cesar. 

Hacía varios días, luego de sentir un profundo dolor en el pecho, se desmayó durante la partida que estaba disputando en un importante torneo de ajedrez. Los médicos le diagnosticaron que tenía una afección muy grave en el corazón, por la que debía dejar para siempre las competencias ajedrecísticas, justo cuando estaba ya por alcanzar la consagración.

El futuro se le presentaba ahora como una larga travesía a través de un camino poblado de peligros, indefenso, y privado de su mejor arma, sin saber qué rumbo tomar y sin un horizonte por alcanzar. Al levantarse, la cara en el espejo del baño le devolvía una triste imagen, acorde con la noche que había pasado.

“Voy a llegar tarde al turno con el médico”, reflexionó. Realmente no le importaba. Para él esa enfermedad representaba una jaula en la que se encontraba prisionero, impedido de levantar vuelo. Se vistió con desgano. Echó un último vistazo a la imagen que se reflejaba en el espejo. Un hombre joven, de cabello negro, rostro reflexivo y mirada melancólica.

Se dirigió al balcón y por un momento se quedó parado observando. Allá abajo, en la calle, cientos de personas circulaban apuradas tratando de llegar a sus destinos. No podía dejar de pensar que tras cada uno de ellos se escondería alguna historia irrealizable.

Un largo suspiro puso fin a sus cavilaciones. “Después de todo aún soy joven y tengo la vida por delante”, se dijo, aferrándose a esa frase que había escuchado tantas veces. Sus ojos vagaron por última vez sobre el paisaje de la ciudad antes de dirigirse hacia la puerta. Algo se había quebrado en su interior. Se había apagado el fuego sagrado, la llama votiva. El motor que lo motivaba había dejado de funcionar. Ya no era más que una máscara que escondía el vacío que había dentro de él. Era cierto que le quedaban muchos años por vivir, pero lo envolvía la incertidumbre.

Y pensando que tal vez en el futuro la herida de su corazón terminaría por sanar, salió a la calle para enfrentar al médico, con la resignada determinación de seguir adelante y la esperanza de reencontrar sus ganas de vivir en algún paraje seguro del camino.

 


 

26/12/21

Dulce sonrisa

Estaba esperando que me sirvieran el café en el bar que concurría asiduamente. Hacía tiempo para que llegara la hora de comenzar el nuevo torneo internacional que había organizado el club de ajedrez que se encontraba a unas cuadras de allí. Mientras tanto me entretenía analizando la apertura que emplearía en la partida con mi pequeña tablet.

Al traerme el café el mozo, levanté la cabeza y la vi. Acababa de llegar y estaba buscando una mesa para sentarse. Era una rubia muy guapa, alta, delgada y de ojos claros, que vestía con estilo. Fue al cruzar nuestra miradas cuando descubrí una cierta empatía hacia mí, porque al mirarme, ella esbozó una dulce sonrisa y se sentó en una mesa muy cercana a la mía. Si bien siempre fui bien parecido, estuve pensando emocionado que habría visto en mi, para propinarme tan encantadora sonrisa.

Al aparecer el mozo ella tomó la carta y le señaló el pedido. Era evidente que se trataba de una turista extranjera que no dominaba el idioma español y mientras esperaba el pedido, comenzó a leer con interés una revista de modas que traía consigo. Cuando el mozo llegó con el té, ella le dio las gracias con un asentamiento de su cabeza, tomó un sorbo y continuó con la lectura.

Estaba tan abstraído mirándola, que me sobresalté cuando sentí que alguien me tocaba el hombro. Era nada menos que un amigo ajedrecista que también iba a participar del torneo.

Hola, no sabía que venías a este bar antes de ir a jugar al ajedrez.

Generalmente salgo temprano de la oficina y paso siempre por aquí para hacer tiempo, distender los nervios tomando un café y aprovechar para analizar tranquilo alguna variante. Sentate conmigo, ¿querés tomar algo?

Pedime un café. ¡Mirá quien está ahí!, me indicó con un movimiento de barbilla. La rubia esa es una jugadora alemana que fue invitada a participar en el torneo de ajedrez. Dicen que juega muy bien.

Entonces, tomé un sorbo del pocillo de café y la volví a mirar desilusionado. Evidentemente no me había sonreído por mi estampa varonil, sino porque le había llamado la atención verme analizando la apertura de ajedrez con la tablet.







9/12/21

Adiós a las piezas de ajedrez

Hoy que celebramos el inicio del año 2100, les deseamos muchas felicidades a todos los amigos ajedrecistas del mundo y aprovechamos para darles el adiós a nuestras queridas piezas de ajedrez. En efecto, el uso del tablero con las piezas, poco a poco fueron desapareciendo como herramienta física para la disputa de las partidas de ajedrez. Lo cierto es que en la actualidad prácticamente ya no se juegan las partidas como se hacía antiguamente. Muchos tableros y piezas de ajedrez, por sus artísticos diseños, o por haber sido empleadas en partidas trascendentales del pasado, han comenzado a ser expuestas en museos y clubes, donde permanecerán para siempre como recuerdo en nuestros corazones. El caso es que con el avance de los programas informáticos para jugar on-line, y su adaptación a los hábitos y costumbres de las sociedades, casi nadie notó la progresiva disminución de aquella tradicional manera de jugar. Por suerte, hoy más que nunca, en el comienzo de este siglo 22, el juego de ajedrez sigue disputándose exitosamente en este mundo globalizado, enmarcado en los monitores de computadoras, tablets y celulares.

 




4/12/21

Pesadilla

De pronto comencé a sentir una pesadez en todo mi cuerpo y me atacó una especie de sopor. Me encontraba inmovilizado en el blanco y negro de un inmenso tablero de ajedrez, donde no se alcanzaba a ver el final. Mientras un caballo al galope se apartaba de mi alzando sus crines al viento, los peones se alejaban para tratar de sobrepasar el alcance de mi mirada. Los reyes y las damas aparecían difusos en mi campo visual, envuelto en ese escenario gigantesco. De repente, escuché a lo lejos el grito de ¡Jaque mate!. Entonces, al despabilarme de mi temporaria somnolencia, toda aquella pesadilla se esfumó a un ritmo vertiginoso. Frente a mí estaba sentado mi nieto, quien me miraba sonriendo y abría los brazos, celebrando su resonante triunfo.

 



20/11/21

Resarcir la herida

Rebosando de aromas la mañana,

desperté recordando la partida,

lleno de tristeza por la caída,

mientras el sol veía en la ventana.


Y a fin de calmar mi angustia temprana

decidí hoy jugar en forma aguerrida,

para tratar de resarcir la herida

en la noche de lucha cotidiana.


Allí buscaré evitar mis descuidos,

y aunque el tiempo se deslice volando

aplicaré planes bien concebidos.


Cuando mi juego vaya mejorando,

calmaré estos dolores producidos

y al ajedrez me repondré ganando.












Finalista X Concurso de Sonetos. La lupa.

Incluido en el libro: Alquimia.

Mundo Escritura . España. Noviembre 2025.

 

19/11/21

La celada

Era una partida rápida a tres minutos con dos segundos de recupero por jugada. Había quedado bastante bien en la apertura, pero poco a poco, mi adversario fue adquiriendo una posición dominante en el medio juego. A todo esto, al avanzar la partida, el reloj me estaba dejando casi sin margen de reflexión. Me quedaban ya pocos segundos para perder por tiempo y empecé a sentirme agobiado e inquieto. Por suerte pude realizar al toque varias jugadas obvias y de ese modo recuperé algo de tiempo, pero mi posición seguía siendo muy delicada.

Fu allí que de pronto como un relámpago apareció iluminada ante mi vista la posibilidad de realizar una celada entregando mi dama. Entonces, para desconcertar a mi rival busqué que esa jugada le pareciera como un descuido mío fatal, producto de mis nervios y de mi falta de tiempo. Pero si me comía la dama, dando jaque con el alfil le daría luego mate apoyado por mi torre.

¿Caería en la celada? De todas formas no me quedaba otra alternativa y el tiempo se me agotaba. De modo que jugué el caballo dejando la dama colgada, poniendo cara de inocencia. Luego de realizar la jugada, fingí al instante un gesto de contrariedad y cuando mi rival me miró a los ojos, sorprendido e incrédulo, yo puse mi mejor cara de circunstancias.

Pero mi rival dudó, sujetándose la cabeza con ambas manos y mientras avanzaban los segundos de su reloj, el silencio era sobrecogedor y el corazón me latía con fuerza. Hasta que cuando ya no le quedaba nada de tiempo se decidió y no tomó mi dama de regalo, comiéndose la torre y evitando así mi solapada amenaza. Finalmente luego de realizar ambos varias jugadas al toque, no me quedó otra que abandonar. Al despedirnos dándonos la mano mi adversario me dijo con una sonrisa:

—Casi caigo en tu celada y tuve suerte, porque a pesar del poco tiempo que me quedaba, por tus actuaciones actorales pude darme cuenta que la dama estaba envenenada. 

 


17/11/21

Momentos de felicidad

Cuando el anciano abrió los ojos lentamente en esa tibia mañana miró el reloj de reojo. Eran casi las siete. Ya era de día, pero tenía sueño y era muy temprano para levantarse en ese domingo. Se dio vuelta arrellanándose entre las sábanas, ubicando la cabeza lo más cómodamente posible sobre la almohada. Nada lo complacía tanto como permanecer en un placentero estado de somnolencia.

Era un ser que vivía solitario en este mundo y no era como otras personas que debían saltar de la cama apenas se despertaban, incapaces de abstraerse de las demandas de la realidad. Cuando volvió a mirar el reloj, ya eran pasadas las diez de la mañana y no sabía bien si en ese lapso se había dormido o había permanecido despierto.

Se sentó en la cama, refregándose los ojos. Se levantó y como todas las mañanas tomó su ducha caliente. Una vez finalizado se secó y se vistió, y luego de prepararse el desayuno salió a la calle. A pocos pasos de su departamento, el parque estaba poblado como todos los domingos por la mañana. Allí estaban los niños corriendo de aquí para allá, y bajo la sombra de los árboles distinguió a sus viejos amigos jugando en las mesas de ajedrez. Ellos constituían los únicos vínculos afectivos que aún le quedaban, en la soledad de su vida.

Contempló el panorama con deleite. En ese día primaveral el parque estaba esplendoroso. Envuelto en la fragancia de las flores el anciano cerró los ojos e inspiró profundamente. Era una época de renacimiento, donde la naturaleza se regeneraba y los sueños reverdecían con nuevas oportunidades. Para él era una tregua que lo alejaba de los sombríos pensamientos que le traían esa permanente soledad de su vejez .

Y en esa soleada mañana de domingo de primavera, decidido a disfrutar de esos momentos de felicidad, el anciano se dirigió prestamente hacia donde estaban sus amigos para jugar sus habituales partidas de ajedrez. 

 



11/11/21

Comentarios en una partida rápida de ajedrez

En una mesa de ajedrez en el parque en la que se jugaba una partida rápida con un viejo reloj analógico, la verborragia del abuelo chocaba contra la mudez estratégica del nieto:

Hola nene, empezaste con Peón 4 Rey, ¿es lo tuyo, no? —le dijo el abuelo intentando romper el hielo.

Perdóname por lo de ayer, ya sabes que cuando pierdo digo pavadas. ¡Pero ojo que si ahora te gano, no quiero excusas!

El nieto movió su pieza sin decir palabra.

Bueno, vamos por esa variante de los cuatro caballos entonces —comentó el abuelo al llegar a la tercera jugada, buscando la complicidad del niño. Éste solo asintió con la vista fija en las piezas.

A la jugada siete, el abuelo intentó presionar:

Veo que tratas de fortalecer el centro... ¡Voy a intentar romperlo avanzando este peón!

Para la jugada once, la tensión subía en la partida. Su nieto propuso un intercambio que el abuelo rechazó con una carcajada:

¿Quieres cambiar para simplificar la posición? No te voy a dar el gusto: ¡Jaque al rey!

El niño movió su monarca con calma

. ¡Qué cobardón es tu rey, se esconde tras el peón! Pero ahora me acerco con mi caballo y ya vas a ver!.

Sin embargo, para la jugada trece, el abuelo empezó a sentir que el terreno cedía bajo sus pies.

¡Estoy más lento que nunca! —se quejó, mirando el reloj y rascándose la nuca—. Me quedé pensando, porque estaba convencido de que ibas a cambiar el caballo. Voy a jugar de una vez, porque si sigo así pierdo por tiempo. Estoy seguro de que no viste este movimiento de mi alfil.

Pero el niño sí lo había visto. A la jugada diecinueve, el abuelo se tomó la cara con las manos.

¿Esa jugada hiciste? ¿Cómo puede ser que no haya visto este jaque descubierto? ¡Maldición, no lo puedo creer! Muevo el rey, no me queda otra.

¿Te gustó más mi dama, no? continuó el abuelo en la jugada veinte, intentando mantener la dignidad— Pero con torre y alfil te la sigo todavía.

El final fue fulminante. En la jugada veinticuatro, un sacrificio de torre del nieto dejó al abuelo sin aire.

Este sacrificio no lo vi y el mate es inevitable. Bueno, nene, parece que no tengo nada que hacer: ¡Abandono!

El abuelo volcó su rey y extendió su mano para felicitarlo, pero antes de cerrar el tablero, le lanzó un último reproche cariñoso al niño que seguía allí, mudo y victorioso:

Pero te digo una cosa: ¡deberías ser más considerado y no quedarte siempre callado cuando juegas al ajedrez con tu abuelo!






16/10/21

Recuerdo de mi madre

En esa tarde de verano disfrutaba del hermoso paisaje caminando por la costanera que bordeaba el mar de una importante ciudad turística. Me dirigía a disputar una partida de ajedrez en un torneo que allí se había organizado, en el que yo había sido invitado. De pronto, pasó junto a mí una combi de turismo que se desplazaba muy despacio, la que me llamó poderosamente la atención porque me pareció distinguir el rostro de mi madre en una de sus ventanillas. Ello hizo que resurgiera nuevamente en mi mente aquella tragedia acaecida en mi niñez.

— Por favor mamá, bajá de esa combi que quiero que me acompañes a jugar al ajedrez —, le grité con todas mis fuerzas al ver que me miraba, tratando de salvarla antes de que el vehículo se perdiera de mi vista.

 


 


 

3/10/21

Aptitudes naturales

Cuando llegaban a su casa trayendo a su hijo que había ido a buscar a la escuela, la madre se encontró con una amiga que era una pintora renombrada y daba clases particulares, quien luego de saludarla amablemente, le preguntó sonriendo:

—¿Como anda tu hijo en el colegio?

— La verdad es que anda muy bien. La semana pasada ganó el torneo de ajedrez de la escuela y tiene muy buenas clasificaciones en todas las materias. La única excepción es en dibujo, porque no le gusta y como no le dedica mucha atención, voy a tratar de hacer algo especial para incentivarlo —, le contestó.

—¿Qué harás? — le preguntó la amiga.

— Lo pondré de inmediato a estudiar dibujo contigo ¿Que te parece?

La pintora amiga la miró sorprendida. Pero se repuso rápidamente y le contestó dándole un consejo:

— No me parece bien, creo que deberías ponerlo a tomar clases particulares con un profesor de ajedrez. Pienso que es mejor aprovechar el tiempo en desarrollar las aptitudes naturales del chico y no castigarlo a esforzarse inútilmente en hacer algo que no le gusta.

 


 

1/10/21

Viejo grupo pimponero

El antiguo bar de mi barrio es uno de los pocos que todavía resisten el inexorable embate del tiempo y del progreso. Al atravesar sus puertas se emprende un viaje a un pasado no muy lejano, que aunque definitivamente perdido en el tiempo, sigue aún vivo en mi memoria .

El salón cargado de reminiscencias de otra época brinda un ambiente acogedor. Las mesas, las sillas, el mostrador y la máquina de café, son las mismas de antaño. Sin embargo, pueden verse nuevas luminarias, un equipo de aire acondicionado y la computadora, que evidencian algunos signos de adelantos tecnológicos. De todas maneras, lo nuevo y lo viejo conviven en paz, cumpliendo sus funciones y complementándose mutuamente.

Recuerdo como si fuera hoy cuando en mi juventud entré allí por primera vez acompañando a mi padrino, que se reunía con un grupo de amigos todas las tardes para jugar partidas de ajedrez ping-pong. Se llamaban así a las partidas rápidas a cinco minutos por jugador, usando relojes de ajedrez analógicos que contenían unas agujas que caían cuando se cumplía el tiempo. Mi padrino era muy querido y ese afecto se extendió hacia mi persona. Como yo era un apasionado por el ajedrez, me dejaron prender al grupo de inmediato.

Como los ganadores siempre permanecían en los tableros, y los perdedores iban rotando, cuando yo no jugaba, miraba con ojos asombrados todo aquel espectáculo ajedrecístico. A decir verdad, disfrutaba mucho de las discusiones y peleas por algunas jugadas incorrectas o prohibidas, o si se había caído o no la aguja del reloj, pero la sangre nunca llegaba al río. Al día siguiente todos conversaban animadamente como si nada hubiese sucedido.

Los amigos de mi padrino constituian un grupo social de lo más heterogéneo, tanto en sus formas de ser, como en sus simpatías por algún equipo de fútbol o partido político. Parecía como que todos juntos conformaban un cuadro pintado por la paleta de algún genio travieso. Pero con el correr del tiempo el grupo se fue achicando. Mi padrino falleció y algunos de sus amigos le siguieron más tarde. Yo me prometí que seguiría asistiendo y de aquel célebre grupo, ahora solo quedamos unos pocos.

A veces, cuando llego temprano como hoy, pido un café y espero en soledad a algún integrantes de aquella cofradía que aún queda en pie. Y si eventuamente alguno hace su aparición, pedimos rápidamente un juego y nos ponemos a pimponear con uno de aquellos viejos relojes de ajedrez.

 


29/9/21

El tiempo juega en el ajedrez

En esa partida rápida de ajedrez blitz a tres minutos con dos segundos de recupero, el jugador empezó a consumir más tiempo que su rival buscando los mejores planes, ideas y jugadas posibles. Pero a medida que avanzó el juego, su tiempo comenzó a escasear, aunque su posición era claramente ventajosa. Finalmente, solo le quedó un segundo disponible en el reloj para jugar.

Para no perder, le dio rápidamente jaque al rey enemigo pensando que con los dos segundos de recupero y el tiempo que tardaría su rival en realizar su jugada, podría esbozar algún plan para ganar la partida. Pero éste, advertido de su falta de tiempo, movió el rey al toque. Desesperado volvió a darle jaque sin poder pensar nada, y al instante el rey enemigo retornó a su posición anterior.

Entonces, le dio nuevamente jaque con la remota esperanza de que su rival al verse en posición inferior, volviera nuevamente al mismo lugar, y lograr luego con un nuevo jaque unas tablas angustiosas por repetición de jugadas. Pero esta vez el rey enemigo movió al toque hacia otra casilla, donde ya no podía darle jaque, y la pequeña duda mental que le produjo esa jugada, fue suficiente como para perder la partida por tiempo.

Y como es frecuente en los jugadores de ajedrez, justificó interiormente su derrota pensando que había jugado mejor que su rival y que de no haber sido por dicho apuro, hubiera ganado la partida. Como si el tiempo en el ajedrez, y fundamentalmente en el blitz, no fuera un factor importante del juego.