Luego de haber viajado para participar en un torneo de ajedrez, estoy a solas analizando una variante de apertura en el tablero apoyado sobre la cama de la habitación de este hotel. De pronto, me distrae la imagen de la hermosa dama blanca, que como si fueras tú, resplandece en la noche con la luna que se asoma por la ventana. Entonces, aunque trate de olvidarte en esta soledad que me rodea, renacen en mí aquellos recuerdos lejanos de amor que llevo en mi alma.
Los sumerjo en un mundo mágico de cuentos y poesías de este juego maravilloso e inmortal.
30/7/21
10/7/21
Mi hermano gemelo
Aquellas vacaciones de mi infancia con mi hermano gemelo fueron sin duda las que más recuerdo. Teníamos las mismas características físicas y nuestra madre nos llevaba a la misma peluquería y compraba nuestra indumentaria por duplicado. Sin embargo, había mucha diferencia entre los dos. Su cerebro se lesionó en el parto y comenzó a ir un poco más despacio que el de los demás niños de su edad. Y, aunque yo solo tenía trece años, a menudo debía cuidar de él.
—¿Dónde está tu hermano? —, me preguntaba mi madre en muchas ocasiones.
— Jugando al ajedrez —, solía contestar yo automáticamente. Pero nunca fallaba, porque mi hermano, al que siempre le gustaba mostrarme algunas jugadas que eran para mí inentendibles, se divertía pasándose horas solitario jugando con las piezas de ajedrez que tanto le fascinaban.
Aquel año nos hospedamos para veranear en la casa de mi tía que vivía con un hijo un poco mayor que yo, y estaba emplazada en un hermoso pueblito serrano. Para mi primo, los niños de la ciudad éramos su enemigo natural y se hacía casi inevitable que acabásemos enfrentados en cualquier competencia.
Él defendía sus costumbres provincianas y yo trataba de imponer mi orgullo de habitante de la ciudad. Ambos lo hacíamos con todo el entusiasmo del que éramos capaces en las actividades físicas como partidos de fútbol, carreras, etc. que realizábamos con los otros chicos del pueblo,
Sin embargo, en esos días que habíamos pasado yo no había conseguido ganarle a nada. Recuerdo que solo quedaban un par de días para que se terminaran las vacaciones. Estábamos jugando a la escondida con mi primo y algunos niños del pueblo, cuando de pronto, agazapado bajo el tronco de un árbol, tuve la certeza de algo con lo que podía vencerlo .
— Te desafío a una partida de ajedrez —le dije, cuando se aproximó y me descubrió en mi escondite.
— Dale —me respondió pensando que me vencería fácilmente en el reto.
— En el tablero que hay en la plaza del pueblo —añadí.
Mi primo clavó su mirada en mí, al escuchar esa proposición. Entonces, echó un vistazo alrededor y, finalmente, ante los rostros expectantes del resto de nuestros compañeros de juegos, hizo un leve asentimiento con la cabeza.
— Está bien, está bien. ¿Jugamos ahora?
— Mejor mañana por la mañana —, le dije.
— ¿Y no van a apostar nada? —, preguntó uno de los niños del grupo.
— Mi pelota de fútbol contra tu juego de ajedrez —, propuse.
A mí su juego, si bien era hermoso, me daba igual, pero sabía que a él le encantaba mi balón y quería ofrecerle un motivo para que no se echara atrás. Mientras nos dimos la mano, sentía los latidos de mi corazón dado que me exponía a una derrota humillante o a la más absoluta de las victorias.
Al otro día, después de desayunar en la casa, mi primo salió un rato antes a la plaza para encontrarse con sus amigos Luego de un rato respiré hondo y al llegar la hora me encaminé hacia la calle. Ya estaba por salir, cuando escuché la voz de mi madre.
— Llévate a tu hermano.
Miré a mi hermano que estaba sentado en el suelo del salón con el tablero de ajedrez y la cara triste, porque mi primo se había llevado la caja con las piezas.
— Pero..., pero...
— No hay pero que valga. Todavía tengo que preparar las valijas y no lo quiero por aquí molestando. Te llevas a tu hermano contigo y punto.
Mi hermano se levantó con lentitud, estiró su brazo hacia mí y me dio su mano con una sonrisa. Cuando llegamos a la plaza, lo acompañé hasta un banco de madera cercano al lugar de juego y le di una revista de historietas que había comprado al llegar, pidiéndole que me espere sentado allí. No me atreví a que se quede tanto tiempo parado viendo a partida, porque sus débiles piernas no resistirían.
— Al fin llegaste y parece que tienes miedo —, me dijo mi primo con sorna cuando me vio aparecer.
Entonces, rodeado de los chicos del pueblo comenzó el desafío.
En la apertura estaba algo nervioso porque la posición de mis piezas en el tablero no eran del todo satisfactoria, pero con mi mente emprendedora me dispuse a luchar contra aquellas amenazas que se cernían sobre mi. Entonces elegí dentro de las variantes posibles, una que me conducía a un medio juego que podría derivar en un final ventajoso.
Pero durante el desarrollo de la partida mi situación fue desmejorando paulatinamente, dado que mis piezas fueron perdiendo terreno, creando debilidades notorias en mi posición. Finalmente perdí un peón y en el final mi situación se tornó desesperante.
Fue en ese momento que me indispuse y me agarró una necesidad urgente de ir al baño.
— Te pido por favor que suspendamos un poco la partida, porque tengo que ir al baño —, le dije a mi primo.
— Está bien, pero... ¿No quieres abandonar la partida antes? —, me preguntó burlonamente.
Salí corriendo sin contestarle, para dirigirme a los baños públicos que estaban a unos veinte metros de allí. En el trayecto vi a mi hermano que estaba aburrido en el banco, luego de haber leído la revista. Entonces pensé que alguna hoja de la revista me vendría bien para cubrir mis necesidades en el baño, y que como la partida terminaría rápidamente, sería mejor que se acercara hacia el lugar de la partida.
— Dame la revista y andá a ver, que la partida está por terminar y yo voy al baño y vengo —, le dije.
Luego, al regresar del baño, grande fue mi sorpresa cuando noté que mi hermano gemelo estaba sentado en el banco continuando la partida y de pronto, vi como comenzó a brincar celebrando la victoria.
Entonces me acerqué lentamente hacia él con la revista en la mano, simulando que yo era el hermano y en medio del revuelo que producían los chicos del pueblo, mi hermano tomó la revista y se hizo a un lado. De ese modo, sin que nadie se percatara, yo asumí el rol del ganador de la partida. El único que hasta hoy quedó con la duda fue mi primo, a quien antes de regresar a la ciudad le regalé la pelota de fútbol.
Nunca supe como mi hermano gemelo se las ingenió para ganar la partida, pero lo cierto es que desde hace unos años, practicando con el hermoso juego de ajedrez de mi primo, no ha dejado triunfar. Y hoy bajo mi aplauso lleno de orgullo, ha ganado nada menos que una medalla de oro en un torneo interzonal importante de la ciudad.
9/7/21
Inesperado final
La tibia tarde de primavera invitaba a disfrutar de los rayos del sol y una suave brisa jugaba con las hojas verdes de los árboles. Verificó la hora. Tenía el tiempo justo para llegar al lugar de encuentro pactado en el parque con su rival a pocas cuadras de allí y comenzó a caminar con determinación, llevando la caja con las piezas de ajedrez.
Consideró que la temperatura era ideal para sentarse allí, y disfrutar de una partida en una de las mesas especialmente preparadas para jugar. Al acercarse al lugar fijado del encuentro, divisó a su rival que se encontraba esperándolo junto a la mesa de juego. Al llegar, levantó la mirada al cielo para agradecer a la providencia por semejante fortuna, cuando se le borró la sonrisa de su rostro. Un enorme nubarrón que irrumpía el firmamento y ocultaba temporariamente la luz del sol, era portador de un nefasto mensaje.
A pesar de la inquietud que lo embargaba no le dijo nada al saludar con una sonrisa a su contrincante. Luego que comenzaron la partida, a ambos los absorbió el juego de tal forma, que no se percataron que la tarde se había oscurecido antes de lo esperado, con amenazantes nubarrones. Entonces sucedió lo inevitable, se levantó una brisa fresca y se produjo el impacto de una gota de agua sobre el tablero. Se trataba de una gota enorme, que dejó varias piezas tendidas.
Obviamente se trataba de una gota precursora detrás de la cual vendrían otras, por lo que interrumpieron rápidamente la partida. Fue allí cuando su rival salió disparado intempestivamente, sin despedirse siquiera, buscando desesperadamente un posible lugar de protección en el parque. Recuperado de la sorpresa, en el breve tiempo que dispuso para recoger las piezas en la caja, una segunda gota aterrizó sobre la mesa de juego y súbitamente esas gotas aisladas, trocaron en un tremendo chaparrón.
Cuando regresaba a su casa completamente empapado, se preguntaba indignado cómo era posible una actitud tan descortés de su rival, luego que ese clima soleado primaveral, confluyera tan abruptamente en ese inesperado final de la partida.
Sin embargo, al llegar a su puerta, encontró un sobre protegido por un plástico. Era una nota escrita con trazo tembloroso: «Perdón por la huida. Mi sistema inmunológico es de cristal y una simple gripe tras una mojadura sería, para mí, una sentencia definitiva. No podía arriesgarme ni un segundo».
Al leerlo, su indignación se transformó en compasión. Comprendió que aquel hombre no huía de la lluvia por mala educación. Entendió que su rival jugaba una partida mucho más vital que la de ajedrez. Miró hacia la calle, donde el aguacero ya amainaba, deseando que aquel extraño jaque mate del destino no fuera el último que jugaran juntos.
7/7/21
La guerra
Todo empezó con una partida de ajedrez, que constituyó de pronto el escenario de una guerra de pareja entre los dos. A ambos lados del tablero desplegaron rápidamente sus ejércitos. Ella atacó con sus piezas en silencio. Él respondió defendiéndose con indiferencia. Hasta que de pronto los nervios se caldearon, y lanzaron todos sus reproches acompañados con algunos insultos . Él gritó. Ella lloró. En ese instante apareció el árbitro del torneo para suspender la partida, lo que hizo pensar que habría una tregua. Fue entonces cuando él arrojó la bomba definitiva.
— Abandono y te dejo para siempre —, le dijo, mientras inclinaba su rey y se retiraba del recinto.
La guerra había terminado.
21/6/21
Lágrimas y piezas de ajedrez
Cuando él era niño su padre trabajaba de taxista y como no tenía horario fijo, se permitía alguna que otra travesura con sus amigos. Recuerda en su infancia las escenas de llanto que le hacía su madre encerrada en su dormitorio, cuando él llegaba a casa a altas horas de la noche. Él dormía en el sofá del living y entonces su padre protestando, extendía un colchón sobre el piso, y para conciliar el sueño ponían el tablero y las piezas para jugar. Y así, rodeado de quejas y lágrimas de cocodrilo, el ahora gran maestro de ajedrez fue aprendiendo el arte de ese juego maravilloso.
Finalista VI Concurso de microrrelatos.
Tema: Sueños de infancia.
Incluido en el libro Deseo.
Creatividad Literaria. España. Junio 2021.
22/5/21
Tormenta de granizo
Cuando yo era niño en una noche tormentosa de abril jugabamos una partida de ajedrez con mi padre en el living de casa, quien me estaba enseñado los rudimentos del juego, mientras mi madre miraba su desarrollo sentada junto a nosotros.
Mi padre realizaba jugadas disparatadas para incentivar mi interés en el aprendizaje del juego y ponía al rey en inútiles peligros. Es un momento dado, mi padre provocó a propósito un error fatal. Fue allí cuando mi madre, que se divertía enormemente, quiso constatar si yo estaba tan ensimismado en esa jugada definitoria, como para no haber advertido el ruido ensordecedor del granizo que caía en medio de la tormenta.
― Nene, andá a ver por la ventana como está cayendo el granizo ―, me dijo de pronto.
― Claro que voy a ver, pero antes quiero darle ¡Jaque mate! a papá ―, le dije sonriendo a mi madre, moviendo implacablemente la dama, mientras la expresión actoral del rostro de mi padre, iba pasando lentamente de la sorpresa a la tristeza.
― No te aflijas, querido ―, le ganarás al chico en la próxima partida―, le dijo mi madre a modo de consuelo.
Entonces yo alcé vista con mi corazón lleno de alegría, y mientras soñaba con ser campeón mundial de ajedrez, fui a ver por la ventana como caía el granizo del cielo en medio de la oscuridad de la noche, sin sospechar absolutamente nada.
Hoy, después de tanto tiempo, esos recuerdos me llenan el alma de nostalgias, porque mis padres y aquella ingenuidad de mi niñez, ya se han ido, como se van las noches con sus sueños.
Finalista VI Concurso Relatos breves. Lluvia de abril.
Incluido en el libro Noche de tormenta.
Creatividad Literaria. España. Mayo 2021.
24/4/21
Rey desagradecido
— Su Majestad. Como un buen soldado que soy, me has dado la orden de avanzar entre las huestes enemigas hasta ocupar la última linea defensiva enemiga. Pero ahora, después haber arriesgado mi vida para cumplir ese objetivo, tengo claro que eres un desagradecido, porque no tendrás piedad y todo se acabará para mí —, le dijo el peón.
— Puedes estar seguro de ello, porque así son las reglas —, le contestó el rey, mientras surgía allí, bella y resplandeciente, su nueva dama de compañía.
22/4/21
Curiosidad ajedrecística
Pocas horas antes de fallecer, el campeón de ajedrez les pidió a sus hijos que sus estudios y experiencias personales que lo llevaron a sus triunfos, que estaban guardados en su computadora particular, no los develaran a nadie. Y allí quedaron los datos, porque sus hijos están decididos a cumplir con los deseos de su padre de no violar su intimidad. Pero ahora deben luchar contra muchos ansiosos ajedrecistas, que llenos de curiosidad, los acosan con propuestas económicas para conocer los secretos que contiene esa computadora.
21/4/21
Peón delator
Me retiré bastante tranquilo, porque nadie me vio en la casa de mi alumno, después de haber concurrido a darle una clase de ajedrez. Ese día mi alumno me desafió intempestivamente a jugar una partida, la que duró casi una hora en la que finalmente me ganó. Fue en ese momento que no pude soportar su sonrisa petulante y sobradora, mientras derribaba con violencia mi rey, exhibiéndome con soberbia el peón blanco con que me había dado mate.
En realidad, podría haberle pedido la revancha, pero el cuchillo sobre la mesa estaba más a mano. Nunca he sido una persona violenta, pero ese día no pude consentir que un novato como él me gane al ajedrez, mofándose de esa forma de un maestro como yo.
Me esforcé por no dejar ningún rastro o huella digital que delatara que había estado allí. Limpié todo, y antes de irme, recogí en la caja las piezas del juego, algunas de las cuales estaban dispersas por el suelo, y la guardé en el armario junto con el tablero.
Ante mi sorpresa, la policía no tardó mucho tiempo en venir a mi casa. Resulta que cuando recogí las piezas de ajedrez, no me percaté que justamente aquel peón blanco, había quedado oculto, firmemente aferrado a la mano de mi alumno.
Triste desenlace
Con fervor en la partida me centro
y en la apertura hago bien la faena,
pero al no tomar una senda buena
en una mala posición me encuentro.
En la búsqueda de un plan me concentro
y el no encontrarlo me da tanta pena,
que ahora mi ajedrez desencadena
el gran desencanto que llevo dentro.
Una esperanza surge en un instante,
mas se esfuma carente de emoción
porque no tiene ningún fundamento.
Por eso, ante el jaqueado incesante,
no tengo en esta partida otra opción
que inclinar mi rey en este momento.
19/4/21
Piezas observadas
Durante el primer día del torneo de ajedrez las miradas de cientos de ojos brotaron, y pestañas con múltiples parpadeos, llenaron el aire iluminado de nuestras noches, envueltas en la ansiedad de las partidas. Al principio, nos incomodaba sentirnos observadas todo el tiempo, pero muy pronto nos acostumbramos. Sabemos que finalmente el torneo terminará y cuando ya nadie nos preste atención, volveremos a estar como antes, permanentemente encerradas en la triste oscuridad de una caja.
Viejos recuerdos
Lleno de nostálgicos pensamientos
ansioso al desván subí cierto día,
porque quería revivir momentos
que a mi vida le dieron alegría.
Pero en aquel lugar desordenado
los muebles recordaban mi vejez,
y fue un viejo ajedrez deteriorado
quien a mi infancia me llevó otra vez.
Incluido en el libro Lejos y cerca.
Creatividad Literaria. España. Agosto 2022.
18/4/21
Oportunidades perdidas
Después de haber perdido mi partida, estoy parado con el corazón apenado mirando en el club de ajedrez las partidas de mis otros otros contrincantes del torneo. Fue una noche de ajedrez apasionado, en la que estuve indeciso y temeroso. Pensé que mis combinaciones serían refutadas y dejé pasar varias veces el tren de las oportunidades perdidas, con sus vagones cargados de jugadas ganadoras. Aquellos momentos son ya irrecuperables y ahora solo me queda esperar una nueva partida, para poder reponerme con creces de ese triste recuerdo.
¿Ajedrez y poesía?
Después que mi amada termine de jugar esta partida de ajedrez en el torneo del club, le voy a regalar un poema de amor acompañado de una bella rosa encarnada. Tengo la esperanza que esas letras envueltas en la fragancia de la flor, logren el milagro de brindarle calidez a su frío corazón ajedrecístico herido, cuando le dije que no me gustaba que jugara en ese torneo. Al comprender ahora su pasión por el ajedrez, quiero iniciar así el camino de una reconciliación, que me aleje de esta tristeza en la que se encuentra sumida mi alma romántica de poeta.
Niño inocente
Viaja en calesita y saca la sortija.
Hace morisquetas y se regocija.
Remonta un barrilete que el viento acuna.
Tira piedras y hace olas en la laguna.
Mira a los magos envuelto en el suspenso.
Piensa en los fantasmas y se pone tenso.
Pero ya ven ... es jugando al ajedrez,
cuando su inocencia adquiere madurez.
17/4/21
Tiempo moderno
Mientras conducía su auto hacia al palacio real, el viejo maestro de ajedrez seguía pensando en la invitación que le había hecho la reina, a fin de darle lecciones de ajedrez al joven príncipe heredero de la corona. La había conocido en una solemne ceremonia, en la que recibió una medalla de reconocimiento a su trayectoria ajedrecística. Luego había tenido con ella una conversación muy amistosa, donde le manifestó que su hijo era un fanático enamorado del ajedrez.
Al llegar al palacio, la reina lo hizo conducir al aposento del príncipe, y grande fue su sorpresa al entrar. El joven, mostrándole el tablero en el monitor de su computadora, le indicó envuelto en una música ensordecedora, que quería que le enseñe a jugar ajedrez en la modalidad Blits, a tres minutos, con dos segundos de recupero por jugada.

















